Existen muchas razones por las que el dólar debería estar repuntando en este momento, pero no lo está. Eso no es una buena señal.
- El índice dólar cae a niveles previos al conflicto con Irán pese a factores que deberían apoyarlo.
- La fortaleza económica de EE.UU. y el giro más restrictivo de la Fed no están impulsando al billete verde.
- Algunos estrategas ven la reacción del precio como una señal bajista para el dólar a corto plazo.
El dólar estadounidense atraviesa una fase de debilidad llamativa. Según MarketWatch, el índice ICE del dólar, que mide su evolución frente a una cesta de grandes divisas, cayó hasta los 97,63 puntos, su nivel más bajo desde el inicio del conflicto con Irán.
Lo relevante no es solo la caída, sino el contexto en el que se produce. Hay varios factores que, en teoría, deberían estar fortaleciendo al dólar: una economía estadounidense aún sólida, una Reserva Federal menos inclinada a recortar tipos, la ventaja energética de EE.UU. frente a Europa y Asia y el papel del dólar como moneda clave en el comercio mundial de crudo.
El dólar pierde el impulso refugio
Al comienzo de la guerra con Irán, el dólar sí actuó como activo refugio. El índice DXY pasó de 97,61 puntos a finales de febrero a 100,51 puntos a finales de marzo, con una subida cercana al 3%. La búsqueda de seguridad, la incertidumbre geopolítica y el encarecimiento de la energía favorecieron inicialmente al billete verde.
Sin embargo, tras las señales de alto el fuego y la posibilidad de una solución diplomática entre Washington y Teherán, el dólar volvió a perder fuerza. El índice ha regresado prácticamente a niveles previos a la guerra, pese a que el entorno macro ha cambiado de forma significativa.
La señal preocupante para el dólar no es solo que caiga. Es que lo haga cuando varios argumentos macroeconómicos deberían estar empujándolo al alza.
EE.UU. parte con ventaja en la crisis energética
Jon Turek, fundador de JST Advisors, señala que Estados Unidos está mejor situado que otras economías para afrontar la crisis energética derivada de la guerra con Irán. Europa y Asia dependen mucho más de las importaciones de crudo procedente de Oriente Medio, buena parte del cual debe pasar por el Estrecho de Ormuz.
Estados Unidos, en cambio, es un gran productor y refinador de petróleo. Además, su economía está más orientada a los servicios y es menos intensiva en energía que otras economías industriales. A esto se suma que el petróleo se negocia habitualmente en dólares, por lo que un aumento del precio de la energía debería elevar también la demanda de la divisa estadounidense.
Pero, por ahora, ese razonamiento no se está reflejando en el mercado de divisas.
Crecimiento sólido y una Fed menos dovish
Otro factor que debería apoyar al dólar es la evolución de la economía estadounidense. El PIB creció a una tasa anualizada del 2% en el primer trimestre de 2026, apoyado en parte por la inversión de capital relacionada con la inteligencia artificial.
Además, el mercado ha cambiado sus expectativas sobre la Reserva Federal. A comienzos de año, los inversores esperaban recortes de tipos, pero la crisis energética y la persistencia de la inflación han reducido esa probabilidad. De hecho, los futuros empiezan a contemplar como más probable una subida de tipos que una bajada.
En condiciones normales, una economía resistente y una Fed más restrictiva deberían ser una combinación favorable para el dólar. Sin embargo, la divisa no está respondiendo de esa forma.
Cuando una divisa no sube ante noticias que deberían favorecerla, el mensaje del mercado suele ser claro: hay una presión vendedora de fondo más profunda.
El mercado ignora los argumentos alcistas
Turek interpreta esta falta de reacción como una señal negativa para el dólar a corto plazo. En su opinión, la lista de factores que deberían haber funcionado a favor de la divisa es amplia, pero el precio no los está validando.
El estratega recuerda además que algo similar ocurrió con los aranceles de Donald Trump. En teoría, esas medidas debían fortalecer al dólar al perjudicar más a las economías exportadoras dependientes del mercado estadounidense. Sin embargo, el resultado fue el contrario: el dólar terminó debilitándose y registró en 2025 su mayor caída anual desde la década de 1970.
La interpretación del mercado fue diferente a la esperada. Los inversores concluyeron que los aranceles podían empujar a otras economías a reducir su dependencia de Estados Unidos, debilitando el atractivo estructural del dólar.
Sesgo bajista, aunque no definitivo
El mensaje de fondo es prudente, pero claramente inclinado a la baja. Turek no se declara bajista estructural del dólar, pero reconoce que la reacción del precio ante noticias, narrativas y catalizadores resulta reveladora.
En otras palabras, si el dólar no consigue repuntar con crecimiento sólido, tipos más altos, ventaja energética y demanda potencial por el comercio de petróleo, el mercado parece estar diciendo que el camino de menor resistencia sigue siendo bajista.
En resumen, el dólar estadounidense está enviando una señal técnica y macroeconómica incómoda. Los fundamentos aparentes deberían favorecerlo, pero la divisa vuelve a mínimos previos al conflicto con Irán. Mientras esa divergencia persista, el sesgo de corto plazo seguirá siendo vulnerable a nuevas caídas.