El mercado se va de vacaciones, pero septiembre traerá de vuelta los grandes riesgos del año

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Capitalbolsa | 08 jul, 2026 09:47
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Puntos clave
  • Pedro del Pozo identifica tres grandes focos para septiembre: geopolítica, bancos centrales y tecnología.
  • Mutualidad cree que el impacto de los riesgos geopolíticos podría perder intensidad si se estabiliza Oriente Medio.
  • El sector tecnológico sigue siendo oportunidad, pero también riesgo por valoraciones, IA y elevada concentración bursátil.

Los mercados llegan al verano con varios frentes abiertos que difícilmente desaparecerán de la agenda inversora en septiembre. Según señala Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, hay tres temas que seguirán condicionando el comportamiento de los activos financieros tras el paréntesis estival: la geopolítica, los bancos centrales y el sector tecnológico.

La lectura de fondo es que el mercado puede tomarse un respiro durante el verano, pero no cerrar completamente el capítulo de incertidumbre. Algunos de los riesgos que han dominado la primera parte del año parecen haberse moderado, pero siguen presentes y pueden volver a ganar protagonismo si se producen nuevos episodios de tensión.

Geopolítica: el mercado empieza a descontar que lo peor ha pasado

El primer gran foco es la geopolítica. Del Pozo considera que el conflicto en Irán parece acercarse a una fase final más definitiva, al menos desde el punto de vista militar. El despliegue de fuerzas de Estados Unidos en la zona encajaría con una estrategia basada en ataques aéreos intensos durante un periodo limitado, sin señales claras de una escalada terrestre de gran envergadura.

El mercado parece asumir que, en Oriente Medio, el peor escenario empieza a perder probabilidad.

Sin embargo, el análisis de Mutualidad no elimina las dudas. Al contrario, Pedro del Pozo apunta que quedan preguntas relevantes sobre el sentido político y económico de la intervención estadounidense. Desde esa perspectiva, el episodio habría supuesto un desgaste para Washington, especialmente si no se traduce en una mejora clara de su posición estratégica.

La clave para los mercados está en la intensidad decreciente de los shocks geopolíticos. Del Pozo recuerda que este tipo de episodios suelen tener un impacto cada vez menor a medida que pasan las semanas, salvo que las noticias posteriores sean lo suficientemente graves como para modificar de nuevo las expectativas de los inversores.

En otras palabras, el mercado puede acostumbrarse al ruido geopolítico. La primera reacción suele ser brusca, especialmente en petróleo, bonos y activos refugio, pero después los inversores tienden a exigir señales más contundentes de deterioro para alterar de forma significativa su posicionamiento.

Ucrania, Irán y la incertidumbre estadounidense

El contexto sigue siendo complejo. A la inestabilidad en Irán se suma el recrudecimiento de la guerra en Ucrania, con frentes relativamente estancados, pero con un saldo que Del Pozo interpreta como desfavorable para Rusia por el alcance creciente de los ataques ucranianos contra infraestructuras enemigas.

También permanece la incertidumbre asociada a la Administración estadounidense, que sigue siendo un factor difícil de modelizar para los mercados. No obstante, la visión de Mutualidad es que la geopolítica podría jugar en los próximos meses un papel menos distorsionador que en la primera parte del ejercicio.

La geopolítica seguirá presente, pero podría pesar menos si el petróleo y Ormuz se normalizan.

Esta idea es importante porque buena parte de la tensión reciente en los mercados ha estado vinculada al petróleo. Si se normaliza el tráfico en Ormuz y el crudo pierde presión, el impacto sobre inflación, bonos y expectativas de tipos también debería moderarse.

El escenario no es de ausencia de riesgo, sino de menor capacidad disruptiva. Para los inversores, esto implica que los acontecimientos geopolíticos seguirán siendo relevantes, pero quizá no determinen por sí solos la dirección de mercado salvo que se produzca una escalada inesperada.

Bancos centrales: de la agresividad a una postura más moderada

El segundo gran tema señalado por Pedro del Pozo son los bancos centrales. En las últimas jornadas, tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo han pasado de un tono claramente más agresivo en materia de tipos a una posición algo más prudente, en parte por la mejora del escenario energético.

La conexión con Oriente Medio es directa. Una menor tensión en Ormuz y una bajada del precio del petróleo reducirían las presiones inflacionistas, lo que permitiría a los bancos centrales tomarse una pausa en la senda de endurecimiento monetario.

Si el petróleo deja de presionar, los bancos centrales ganan margen para suavizar el tono.

Además, Del Pozo recuerda que la actividad económica global continúa mostrando señales de desgaste, aunque con excepciones positivas, entre ellas España. En ese contexto, seguir subiendo tipos de forma agresiva podría aumentar el riesgo de dañar en exceso el crecimiento.

Una pausa monetaria sería especialmente favorable para la renta fija. Mutualidad apunta, en particular, a la deuda pública de plazos más cortos, que ha visto aumentar sus rentabilidades al calor de las mayores expectativas de tipos de interés.

Si esas expectativas se moderan, los tramos cortos podrían beneficiarse de una estabilización de la curva. También sería una noticia favorable para las bolsas, porque unas TIRes menos tensionadas reducen la presión sobre las valoraciones, especialmente en los sectores de crecimiento.

La tecnología, principal beneficiada de unos tipos menos agresivos

El vínculo entre bancos centrales y tecnología es especialmente relevante. Pedro del Pozo subraya que el sector tecnológico es muy sensible a los tipos de interés, ya que buena parte de su valoración depende del descuento de flujos futuros.

Cuando las rentabilidades de los bonos suben, esos flujos futuros valen menos en términos actuales. Por eso, las compañías de crecimiento suelen sufrir más en entornos de tipos al alza. Por el contrario, una relajación de las expectativas monetarias puede actuar como soporte para sus múltiplos.

Menos presión en tipos sería un alivio directo para las valoraciones tecnológicas.

Sin embargo, ese alivio potencial llega en un momento en el que el mercado empieza a discriminar más dentro del propio sector. La tecnología ya no se mueve como un bloque uniforme. Los inversores están diferenciando entre compañías con modelos de negocio sólidos, empresas con expectativas excesivamente ambiciosas y negocios cuya rentabilidad futura aún debe demostrarse.

El sector tecnológico sigue siendo una oportunidad, pero ya no admite una lectura indiscriminada. La selección de valores vuelve a ser clave.

IA: oportunidad estructural, pero también foco de dudas

El tercer gran tema para septiembre será la tecnología, y más concretamente todo lo relacionado con la inteligencia artificial. Del Pozo considera que, en los últimos días, las noticias vinculadas al sector tecnológico han tenido incluso más influencia sobre los inversores que la geopolítica o los bancos centrales.

El motivo es que la IA sigue en plena ebullición. La noticia de que Meta podría contar con exceso de capacidad de computación ha abierto dudas sobre la magnitud de las inversiones realizadas por algunas grandes tecnológicas. No se trataría necesariamente de una burbuja generalizada, pero sí de una posible sobrevaloración en determinados segmentos.

La IA sigue siendo el gran motor del mercado, pero empieza a exigir más pruebas de rentabilidad.

Este punto conecta con una de las grandes preguntas actuales del mercado: si el enorme gasto en infraestructura de inteligencia artificial generará retornos suficientes. Centros de datos, chips, redes, refrigeración y capacidad de cómputo han absorbido cantidades muy elevadas de capital, pero el inversor empieza a exigir visibilidad sobre la monetización real de esas inversiones.

Según el análisis de Mutualidad, la evolución dentro del sector tecnológico ha sido muy desigual. Los semiconductores y grandes fabricantes de chips, que habían liderado las subidas en los meses anteriores, se han visto más penalizados recientemente. En cambio, las compañías de software, donde la IA puede actuar más como producto final o fuente directa de eficiencia, han resistido mejor.

Esta divergencia es relevante: muestra que el mercado empieza a distinguir entre quienes venden las herramientas de la IA y quienes pueden capturar valor de forma más directa a través de aplicaciones, software o servicios.

Un sector demasiado importante para ignorarlo

Para Pedro del Pozo, la tecnología combina oportunidad y riesgo. Es oportunidad porque sigue siendo uno de los motores más claros de crecimiento, productividad e innovación. Pero también es riesgo por su enorme peso en los índices, por sus valoraciones elevadas y por la rapidez con la que cambian las expectativas en función de nuevos desarrollos.

La capitalización bursátil del sector hace que cualquier corrección relevante tenga impacto directo sobre los grandes índices globales. Además, la concentración del mercado en torno a un número reducido de compañías tecnológicas amplifica los movimientos, tanto al alza como a la baja.

La tecnología es demasiado relevante para quedarse fuera, pero demasiado concentrada para ignorar sus riesgos.

Por eso, el enfoque más razonable no pasa por abandonar el sector, sino por analizar con más cuidado las valoraciones, la calidad de los beneficios, la generación de caja y la capacidad real de capturar valor dentro del ciclo de IA.

El mercado no está cuestionando la importancia estructural de la inteligencia artificial. Lo que empieza a cuestionar es si todos los ganadores actuales podrán justificar las expectativas que ya descuentan sus cotizaciones.

Un verano de respiro, no de desconexión

El análisis de Mutualidad deja una conclusión clara: el verano puede actuar como un periodo de pausa para los mercados, pero no como una desconexión real de los grandes temas de fondo. La geopolítica, los bancos centrales y la tecnología seguirán ahí en septiembre.

La diferencia estará en cómo lleguen esos tres frentes tras el verano. Si Oriente Medio se estabiliza, el petróleo se modera y los bancos centrales suavizan su tono, el mercado podría encontrar apoyo. Pero si la tensión geopolítica vuelve a escalar o la inflación repunta de nuevo, los activos de riesgo podrían enfrentarse a otra fase de volatilidad.

En tecnología, la clave será comprobar si el mercado mantiene la confianza en el ciclo de inversión en IA o si aumenta la presión sobre las compañías con valoraciones más exigentes. Septiembre puede convertirse en un test relevante para medir si el rally tecnológico sigue apoyado en fundamentales o empieza a mostrar síntomas de agotamiento.

En definitiva, Pedro del Pozo dibuja un escenario en el que los inversores pueden dar la bienvenida al verano como un respiro, pero sin perder de vista los tres grandes ejes que seguirán marcando el pulso del mercado: geopolítica, política monetaria y tecnología.

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