La deuda emergente resiste el shock energético, pero aumenta la brecha entre países

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Capitalbolsa | 10 jun, 2026 10:14
bonoscbyieo12
Puntos clave
  • La deuda soberana emergente en moneda fuerte está resistiendo mejor que en crisis anteriores.
  • El shock energético está abriendo una brecha clara entre países exportadores e importadores de petróleo.
  • La selección por países vuelve a ser decisiva ante el riesgo de inflación, presión externa y deterioro crediticio.

La deuda soberana emergente denominada en moneda fuerte ha mostrado una resistencia notable ante el shock energético provocado por la guerra con Irán. Según Zouhoure Bousbih, estratega de mercados emergentes de Ostrum AM, affiliate de Natixis IM, la reacción de mercado ha sido mucho más contenida que en episodios anteriores de tensión geopolítica.

Esta mayor estabilidad no es casual. La mejora de los fundamentales económicos, junto con la aplicación de reformas más sólidas en muchos países emergentes, ha permitido a esta clase de activo absorber mejor el aumento de la volatilidad. A diferencia de otras crisis, el deterioro del entorno externo no se ha traducido, al menos por ahora, en una venta indiscriminada de deuda emergente.

La deuda emergente resiste, pero no de forma homogénea. El mercado está empezando a diferenciar con mucha más claridad entre países beneficiados por el petróleo caro y economías penalizadas por el encarecimiento energético.

Una resiliencia que oculta más dispersión

La lectura positiva tiene un matiz importante. Bousbih advierte de que esta resiliencia general está ocultando una creciente dispersión dentro del universo emergente. El factor determinante es la diferencia entre países exportadores e importadores de petróleo.

En este contexto, África y Latinoamérica han salido relativamente favorecidas por el shock energético, gracias al peso de economías productoras de materias primas y petróleo. En cambio, Asia y Oriente Medio se ven más afectados por el aumento de los costes de importación energética y por la persistencia de primas de riesgo geopolítico.

Esta divergencia obliga a abandonar una lectura demasiado generalista del activo. Ya no basta con hablar de deuda emergente como bloque homogéneo. El comportamiento dependerá cada vez más de la posición externa de cada país, su exposición al petróleo, su inflación interna y su capacidad para mantener la confianza de los inversores.

Inflación, cuentas externas y calificaciones

El principal riesgo para los próximos meses es que el shock energético termine presionando de forma más intensa la inflación y las cuentas externas de los países importadores. Una factura energética más elevada deteriora las balanzas por cuenta corriente, aumenta la necesidad de financiación externa y puede forzar políticas monetarias más restrictivas.

A ello se suma el riesgo de deterioro gradual en las calificaciones soberanas. Si las agencias de rating empiezan a revisar a la baja la calidad crediticia de algunos emisores, los diferenciales podrían volver a ampliarse, especialmente en los países con menor margen fiscal o mayor dependencia de financiación externa.

El riesgo no es una crisis inmediata de toda la deuda emergente, sino una fase de mayor discriminación. Los países con mejores balances externos y exposición positiva a materias primas deberían resistir mejor.

La selección vuelve a ser crítica

Para los inversores, la conclusión es clara: la selección de países vuelve a ser el factor central en deuda soberana emergente. Los emisores con reformas creíbles, reservas suficientes, menor vulnerabilidad externa y capacidad para beneficiarse del petróleo caro parten con ventaja.

Por el contrario, los países importadores netos de energía, con inflación elevada, déficits externos persistentes o exposición directa a tensiones geopolíticas, podrían sufrir una ampliación de diferenciales si el conflicto se prolonga o si el crudo vuelve a repuntar con fuerza.

  • Mejor posicionados: exportadores de petróleo y materias primas con balances externos sólidos.
  • Más vulnerables: importadores energéticos con inflación elevada y dependencia de financiación externa.
  • Factor clave: calidad de las reformas y credibilidad fiscal.
  • Riesgo principal: ampliación de diferenciales si el shock energético se convierte en presión inflacionista persistente.

En definitiva, la deuda emergente en moneda fuerte ha demostrado más solidez de la esperada, pero el entorno sigue siendo exigente. La clase de activo no está rota, aunque sí más fragmentada. En esta fase, el valor estará menos en comprar deuda emergente de forma indiscriminada y más en elegir correctamente los países capaces de absorber el shock energético sin deteriorar sus fundamentales.

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