La clave no es el precio… es la duración del conflicto en Ormuz
- La guerra con Irán mantiene la tensión en la energía, con el petróleo por encima de 100 dólares y el gas europeo en torno a 50 euros.
- Según Julius Baer, el escenario central sigue siendo un shock intenso pero transitorio, sin daños relevantes en grandes infraestructuras energéticas.
- La oferta sobrante acumulada y el apoyo de rutas alternativas, renovables y cambio de combustibles están amortiguando el golpe.
La guerra con Irán sigue elevando la tensión en los mercados energéticos, pero el mensaje de fondo que lanza Norbert Rücker, de Julius Baer, es que el sistema global todavía dispone de colchones suficientes para evitar, por ahora, un escenario de disrupción prolongada. El petróleo vuelve a situarse por encima de los 100 dólares y el gas natural europeo se mantiene alrededor de los 50 euros, niveles elevados, sí, pero aún lejos de los peores episodios históricos recientes.
La clave está en que, pese a la intensidad del conflicto, no se han producido daños significativos en grandes infraestructuras energéticas. Eso cambia mucho la lectura del mercado. La tensión continúa, el estrecho de Ormuz sigue siendo el gran punto crítico, pero el escenario base de Julius Baer sigue siendo el de un pico de precios fuerte, aunque relativamente breve.
Un shock serio, pero aún contenido
Rücker estima que los cierres de producción de crudo están ya cerca de máximos, en torno a 10 millones de barriles diarios, aproximadamente el 10% de la oferta mundial. Aun así, parte del petróleo sigue saliendo gracias al uso de rutas alternativas y a que algunos barcos logran atravesar la zona. También gana relevancia la posibilidad de tránsito relativamente más seguro para buques considerados cercanos a Irán, una variable que el mercado sigue con atención.
Mientras no aparezcan daños estructurales mayores en la infraestructura energética, y con una cierta activación política para proteger el comercio en Ormuz, Julius Baer mantiene una probabilidad superior al 60% para su escenario principal: un repunte violento de los precios, pero no una crisis energética duradera.
La idea central del análisis es potente: el mercado está consumiendo la “grasa del invierno”, es decir, el exceso de oferta acumulado antes de la crisis, y ese colchón está amortiguando por ahora el impacto del shock geopolítico.
El colchón de oferta sigue funcionando
Hasta que estalló esta escalada, el gran relato del mercado energético era el de una oferta excedentaria. Ese excedente no ha desaparecido de golpe. Según Julius Baer, el bloqueo comercial en Ormuz tendría que prolongarse bastante más allá de marzo para eliminar completamente ese colchón en petróleo, incluso sin contar posibles liberaciones adicionales de reservas estratégicas.
Eso explica por qué, pese al nerviosismo, ni el petróleo ni el gas natural han alcanzado todavía niveles verdaderamente excepcionales y destructivos para el crecimiento global. La situación es incómoda, pero no extrema.
Emergentes más expuestos, Europa aún bajo control
No todos los mercados están igual de protegidos. Algunos países emergentes ya están sufriendo escasez de combustible por falta de capacidad de almacenamiento o por una menor diversificación de suministros. Ahí sí puede haber un daño más directo y más rápido.
Europa, por su parte, sigue pendiente del gas, pero la situación está lejos de la vivida en 2022. Incluso con tensión elevada, los precios del gas y de la electricidad siguen por debajo del pico de comienzos de 2025. Además, varios factores están ayudando a contener el riesgo: mayor oferta exterior, sustitución de gas por carbón en Asia, menores costes de carbono y una generación renovable sólida.
Reflexión Capital Bolsa
Nosotros creemos que el mercado energético sigue en una zona delicada, pero todavía no en un escenario de pánico estructural. La ausencia de daños graves en infraestructuras cambia bastante la lectura, porque permite pensar en una crisis de precios intensa pero no necesariamente persistente. Esa diferencia es clave para valorar el impacto sobre bolsas, inflación y bancos centrales.
De cara al mercado, conviene vigilar dos cosas: duración del atasco en Ormuz y posible daño físico a infraestructuras. Si ninguna de las dos empeora de forma seria, el petróleo podría seguir caro, pero sin desencadenar una espiral mucho más destructiva. Si cambian esas variables, entonces sí habría que revisar el escenario con rapidez.