"Tres vías conceptuales ayudan a comprender la dirección del comercio mundial en el futuro"
Julian Schaerer, Economista, Julius Baer
El shock arancelario del 2 de abril desencadenó un cambio crucial en la política comercial estadounidense; sin embargo, la mayoría de las principales economías se han abstenido de tomar represalias y han optado por negociaciones bilaterales.
Para comprender el futuro, nuestro marco conceptual señala tres posibles caminos: la fragmentación sistémica, la reanudación del compromiso con EE. UU. en el marco de la OMC, o el aislacionismo sostenido de EE.UU., acompañado de una liberalización en cascada en otros países. Este último está ganando terreno, como se observa en medidas como la eliminación por parte de Australia de 500 aranceles molestos, lo que sugiere que la cooperación es posible incluso sin la participación de EE. UU. Si todos los demás actores principales se comprometen con una vía basada en normas, el sistema comercial mundial puede seguir siendo predecible, abierto y mutuamente beneficioso.
El shock arancelario del 2 de abril cambió radicalmente la política comercial; sin embargo, la mayoría de los socios principales se han abstenido de tomar represalias y han promovido un enfoque cooperativo para alcanzar un acuerdo arancelario con EE. UU. Las repercusiones a corto plazo ya son evidentes: prevemos que el crecimiento del PIB mundial se modere del 3,3 % en 2024 al 3,1 % en 2025, antes de caer al 2,9 % en 2026, impulsado en gran medida por un menor impulso de EE. UU., mientras que otras regiones se mantienen más resilientes.
De cara al futuro, tres vías conceptuales ayudan a comprender la dirección del comercio mundial en el futuro.
Una es un escenario de fragmentación en el que bloques rivales implementen aranceles competitivos, un resultado temido que parece cada vez más improbable dado que se ha mantenido la moderación.
Una segunda opción es la reanudación de la participación de EE. UU. en el sistema de la OMC, lo cual es atractivo en teoría, pero parece políticamente improbable.
El tercer escenario, y el más creíble, es el aislacionismo de EE. UU., con el resto del mundo impulsando acuerdos regionales y plurilaterales. Esta dirección cobra cada vez más fuerza. Australia ha anunciado la abolición de otros 500 «aranceles molestos»: pequeños aranceles de baja recaudación sobre artículos como neumáticos, televisores y copas de vino, que cuestan a las empresas casi tanto como sus ingresos. El gobierno australiano estima que estos recortes, junto con los implementados previamente en 2024, optimizarán el volumen comercial en aproximadamente 23 000 millones de dólares y ahorrarán 157 millones de dólares en costos de cumplimiento. Esta medida subraya un compromiso más amplio con la liberalización: mientras algunos países endurecen las normas de importación, Australia está eliminando activamente las barreras, lo que envía una clara señal de que el proteccionismo no es inevitable. A medida que cada país elimina aranceles innecesarios, otros podrían seguir su ejemplo para mantener la competitividad, creando un efecto dominó de liberalización en cascada. En lugar de replegarse en bloques cerrados, el comercio mundial podría evolucionar con un nuevo liderazgo emergente fuera de Washington.