¿Podría estar cerca la próxima recesión?
Según el analista Carlo Putti, de BondVigilantes, las recesiones suelen parecer obvias una vez han pasado. Con la distancia del tiempo, resulta fácil identificar los episodios críticos de 2008 o la burbuja tecnológica de 2000. Sin embargo, detectar cuándo una economía está al borde de una contracción —o incluso ya dentro de ella— es una tarea mucho más compleja.
Putti recuerda que durante la crisis financiera global (GFC) muchos situaron el inicio de la recesión en el colapso de Lehman Brothers en septiembre de 2008, cuando el desempleo se disparó. Pero en realidad, el deterioro había comenzado casi un año antes, en el cuarto trimestre de 2007. Para entonces, el daño económico ya era considerable.
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El experto de BondVigilantes subraya que uno de los grandes problemas para identificar a tiempo una recesión es que los datos macroeconómicos tienden a ser indicadores rezagados y están sujetos a revisiones drásticas. Durante los primeros meses de 2008, las cifras del mercado laboral aún mostraban creación de empleo, transmitiendo una falsa sensación de solidez. Solo después, tras las revisiones, se reveló que el crecimiento había sido negativo, reflejando la verdadera magnitud de la contracción.
Un presente que parece sólido… pero podría no serlo
Hoy, el panorama macro de Estados Unidos sigue mostrando fortaleza: el mercado laboral resiste, el crecimiento real es razonable y los índices bursátiles continúan cerca de máximos históricos. Las primas de riesgo del crédito permanecen bajas, lo que sugiere confianza de los inversores en la resiliencia de la economía.
Sin embargo, Carlo Putti plantea una pregunta incómoda: ¿y si esa percepción es errónea? ¿Y si EE. UU. ya está entrando en recesión sin que aún lo hayamos percibido?
A su juicio, las recesiones no comienzan con el aumento del desempleo —ese es un síntoma posterior—, sino cuando el flujo monetario se frena. Durante los años posteriores a la pandemia, la abundancia de liquidez impulsó el crecimiento. Pero cuando el dinero deja de circular y se contrae, la actividad se ralentiza, los beneficios empresariales se reducen y finalmente llegan los despidos.
Políticas más restrictivas y flujos en retroceso
Putti sostiene que actualmente tanto la política monetaria como la fiscal actúan de forma restrictiva. La Reserva Federal continúa reduciendo su balance y mantiene los tipos de interés en niveles elevados, mientras que los bancos comerciales apenas prestan. En paralelo, la política fiscal se ha endurecido, limitando el impulso que antes sostenía la actividad.
Este entorno contrasta con la etapa inmediatamente posterior al COVID-19, cuando los estímulos masivos crearon un auge económico. Hoy, los flujos monetarios están estancados o incluso retrocediendo, algo que empieza a reflejarse en indicadores adelantados que históricamente han anticipado recesiones.
Entre ellos, Putti destaca los datos del Conference Board, la curva de tipos invertida (el diferencial entre los bonos a dos y diez años) y la caída del indicador líder (LEI). También cita al analista Richard Woolnough, quien ha vuelto a referirse al “Doctor Cobre” —el metal que muchos consideran un termómetro del crecimiento global— como un reflejo de un horizonte económico cada vez más débil.
Un exceso de optimismo en los mercados
En conclusión, Carlo Putti considera que la dificultad no está en reconocer una recesión pasada, sino en admitir que puede estar ocurriendo en el presente. A su juicio, el mercado muestra un exceso de optimismo al descontar una probabilidad mínima de recesión, pese a que los fundamentos monetarios apuntan en sentido contrario.
Desde su punto de vista, el endurecimiento simultáneo de la política fiscal y monetaria reduce drásticamente la liquidez del sistema, lo que históricamente ha sido el preludio de contracciones económicas. “Sería prudente —advierte Putti— comenzar a hablar de probabilidades reales de recesión antes de que los datos lo confirmen plenamente”.