La inflación está empeorando. ¿Hasta qué punto va a empeorar?

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Capitalbolsa | 12 may, 2026 18:00
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Puntos clave
  • La guerra con Irán está presionando al alza los precios de la energía y reactivando la inflación en EE.UU.
  • El IPC podría acercarse al 3,8% en abril y superar el 4% en mayo si la gasolina sigue cara.
  • La Fed queda con menos margen para bajar tipos mientras persista la presión inflacionista.

La inflación vuelve a convertirse en una amenaza central para la economía estadounidense. Según Jeffry Bartash, el encarecimiento de la gasolina provocado por la guerra con Irán está empujando los precios al consumidor y al por mayor al ritmo más intenso de los últimos tres años. El problema no es solo el impacto directo en los hogares, sino también el efecto que puede tener sobre la política monetaria de la Reserva Federal.

La gasolina vuelve a tensionar el IPC

El mercado espera que el índice de precios al consumidor de abril muestre una subida mensual del 0,6%, después del fuerte avance del 0,9% registrado en marzo. Con ello, la tasa interanual de inflación podría escalar hasta el 3,8%, frente al 3,3% anterior, lo que supondría el nivel más alto desde la primavera de 2023.

El riesgo es que la presión no se detenga ahí. Si los precios de la gasolina se mantienen elevados, algunos analistas contemplan que la inflación pueda superar el 4% en mayo. La evolución dependerá en gran medida de tres factores: la duración del conflicto con Irán, la reapertura plena del estrecho de Ormuz y la capacidad del petróleo para volver a niveles más bajos.

La inflación energética puede parecer un shock puntual, pero si se prolonga acaba filtrándose al transporte, a los costes empresariales y, finalmente, a los precios finales que pagan los consumidores.

La inflación subyacente aún da algo de alivio

La parte menos negativa es que, por ahora, el repunte de la energía no se ha extendido con fuerza al resto de la economía. El IPC subyacente, que excluye alimentos y energía, podría subir un 0,3% en abril, mientras que la tasa interanual se situaría en torno al 2,7%, apenas por encima del 2,6% anterior.

Esto sigue relativamente cerca del objetivo del 2% de la Reserva Federal. Por eso, la Fed suele mirar con más atención la inflación subyacente que la inflación general, ya que refleja mejor las tendencias de fondo y evita el ruido de movimientos bruscos en gasolina o alimentos.

Sin embargo, el alivio tiene límites. Si el petróleo y la gasolina permanecen caros durante más tiempo, la inflación general puede terminar contaminando la subyacente, sobre todo a través de costes de transporte, producción y distribución.

Los precios mayoristas alertan de más presión

El índice de precios al productor también apunta a un aumento relevante. Se espera una subida mensual del 0,6%, que llevaría la inflación mayorista anual hasta el 4,8%, frente al 4% previo. Esta sería la tasa más elevada desde febrero de 2023.

Los precios mayoristas no se trasladan automáticamente al consumidor, pero sí son una señal de presión futura. Las empresas pueden absorber parte del incremento en sus márgenes, aunque no siempre tienen capacidad para hacerlo durante mucho tiempo. Si los costes se mantienen altos, terminarán intentando trasladarlos al precio final.

El consumidor estadounidense llega a este nuevo repunte de precios con menos tolerancia que en ciclos anteriores. Tras años de inflación elevada, muchas familias ya responden comprando menos o buscando alternativas más baratas.

La Fed queda atrapada

El principal efecto financiero es claro: una inflación más alta reduce el margen de la Reserva Federal para recortar tipos de interés de forma agresiva. Esto mantiene elevado el coste de financiación para hogares, empresas y compradores de vivienda, justo cuando la economía empieza a notar más presión por el encarecimiento de la energía.

Incluso si el conflicto con Irán se resolviera pronto, el impacto inflacionista no desaparecería de inmediato. Los repuntes de precios tardan meses en diluirse por completo dentro de la economía, especialmente si las empresas ya han ajustado tarifas o si los costes energéticos han afectado a cadenas de suministro.

En resumen, la inflación estadounidense puede empeorar antes de mejorar. La clave estará en el petróleo. Si el conflicto se prolonga y la gasolina sigue cara, el IPC podría superar el 4% y forzar a la Fed a mantener una postura más restrictiva durante más tiempo. Si el petróleo corrige, el repunte podría quedar como un shock temporal, aunque no desaparecería de un día para otro.

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