¿Realmente Wall Street está tan caro como muestran sus indicadores más prestigiosos?
- Los indicadores clásicos de valoración como el CAPE de Shiller y el Buffett Indicator tienden hoy a ser estructuralmente pesimistas.
- No incorporan cambios clave: márgenes estructuralmente más altos, protagonismo de la tecnología, recompras y mayor peso de ingresos internacionales.
- Para el autor original, Eugenio Catone, es más útil seguir la evolución del beneficio por acción (EPS) adelantado 12 meses que estos ratios “del siglo XX”.
En su análisis, el autor Eugenio Catone sostiene que dos de los grandes clásicos de la valoración del mercado –el PER de Shiller y el llamado Buffett Indicator– se han quedado anclados en otra época. Ambos ratios, que fueron muy útiles para detectar la burbuja puntocom, hoy describen casi siempre un mercado peligrosamente caro, mientras la realidad de beneficios y cotizaciones ha sido mucho más constructiva en la última década.
Por qué el CAPE de Shiller se queda corto
El CAPE nació en un entorno donde los márgenes del S&P 500 oscilaban entre el 4% y el 7,5%, sin tendencia clara al alza. Desde los años 90, la revolución tecnológica y, más recientemente, la inteligencia artificial han elevado la rentabilidad de las compañías a niveles de doble dígito de manera estructural. Sin embargo, el CAPE sigue comparando la valoración actual con medias históricas que incluyen décadas de márgenes mucho más bajos.
Además, el CAPE utiliza una media de beneficios de 10 años ajustada por inflación. En un entorno donde empresas como Alphabet han multiplicado varias veces sus beneficios en una década, seguir dando el mismo peso a los resultados de hace diez años infraestima de forma sistemática la capacidad de generación de beneficios actual y futura.
Catone también subraya que el ratio se construye sobre beneficios netos y prácticamente ignora el impacto de las recompras de acciones, que han pasado a ser un mecanismo central de remuneración al accionista. A largo plazo, el precio de la acción sigue al EPS, no tanto al beneficio total, de modo que un indicador que no refleje bien esa dinámica tenderá a sobredimensionar el riesgo de caídas profundas.
Limitaciones del Buffett Indicator
El Buffett Indicator compara la capitalización bursátil del mercado estadounidense con el PIB de EE. UU.. Para Eugenio Catone, esta referencia también se ha quedado desfasada. Primero, porque muchas grandes compañías norteamericanas tienen hoy márgenes y retornos sobre capital claramente superiores a los de décadas anteriores, lo que justificaría múltiplos y capitalizaciones más altos.
Segundo, porque el indicador ignora que una parte muy relevante de los beneficios de las grandes empresas estadounidenses procede del resto del mundo. Se compara así una “bolsa global” con un PIB puramente doméstico, lo que tiende a sobredimensionar la sensación de sobrevaloración.
Por último, este ratio puede verse afectado por cuestiones técnicas, como grandes OPVs, que inflan el numerador sin que haya un cambio equivalente en la economía real. El resultado es un indicador que suele situar el mercado en zona “carísima” incluso en momentos que han sido, en retrospectiva, grandes oportunidades de compra.
Mirar al EPS adelantado, no al retrovisor
En lugar de apoyarse en estos dos grandes indicadores “del siglo XX”, el autor propone una aproximación más simple y ligada al presente: seguir la relación entre el precio del índice y el EPS adelantado a 12 meses. Históricamente, cuando el índice ha caído por debajo de la tendencia del beneficio esperado, se han abierto buenas ventanas de entrada a largo plazo.
Según las estimaciones que cita Eugenio Catone, una corrección aproximada del 14% en el S&P 500 bastaría para devolver la valoración a niveles razonables frente al EPS esperado, muy lejos de los ajustes del 50% que sugerirían el CAPE o el Buffett Indicator si se interpretan de forma literal.
Desde Capital Bolsa compartimos la idea de fondo: los grandes indicadores históricos de valoración siguen siendo útiles como referencia cultural, pero pueden inducir a un sesgo bajista permanente si no se contextualizan. Una economía más intensiva en tecnología, con márgenes más altos, recompras constantes y fuerte exposición global difícilmente puede valorarse con la misma “regla” que el mercado de 1970.
En nuestra opinión, resulta más sensato combinar el análisis de múltiplos con el seguimiento cercano del EPS adelantado, la calidad de los beneficios y la solidez de balance de las compañías. Eso no elimina el riesgo de correcciones, pero ayuda a evitar el error de vivir en un estado de alerta permanente ante un desplome “inminente” que, una y otra vez, tarda mucho más en llegar de lo que los indicadores clásicos sugieren.