Las semillas de la dramática liquidación de las empresas perdedoras de IA se plantaron ya en 2022, dice Deutsche Bank

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Capitalbolsa | 20 feb, 2026 16:30
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Puntos clave
  • Deutsche Bank cree que el castigo a los “perdedores de la IA” no es nuevo: la semilla se plantó en 2022 con ChatGPT.
  • Software, gestión patrimonial, inmobiliario comercial y logística están en el punto de mira.
  • El mercado empieza a diferenciar ganadores y perdedores… y ya no compra el relato de que “la IA lo impulsa todo”.

La violenta rotación que hemos visto en las últimas semanas —con ventas muy duras en software y otros sectores sensibles a la disrupción tecnológica— no es un fenómeno improvisado. Según los analistas de Deutsche Bank, Adrian Cox y Galina Pozdnyakova, el cambio de ánimo tiene raíces que se remontan a 2022, cuando la irrupción de ChatGPT alteró la forma en que los inversores valoraban el ecosistema tecnológico.

Desde finales de enero, el Nasdaq Composite acumula descensos, y las llamadas “Siete Magníficas” —Apple, Amazon, Alphabet, Microsoft, Meta, Nvidia y Tesla— han retrocedido de forma conjunta. Pero más allá de los grandes nombres, el golpe más severo se ha concentrado en software, gestores de patrimonio, real estate comercial y logística.

La narrativa ha cambiado: el mercado ya no compra que la IA sea un viento de cola universal. Ahora intenta distinguir quién gana y quién pierde… y vende al menor atisbo de duda.

Primera razón: la diferenciación empezó en 2022


Para Deutsche Bank, el proceso arrancó con el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022. Desde entonces, los inversores comenzaron a favorecer a los “proveedores de picos y palas” —infraestructura física y hardware— frente a compañías de servicios y software. Lo que vemos ahora es una aceleración de esa tendencia.

Además, los lanzamientos prácticos de herramientas de IA han aumentado la presión. Funciones legales impulsadas por modelos como los de Anthropic han puesto nervioso al software jurídico; soluciones fiscales con IA han impactado en gestores de patrimonio; y nuevas herramientas logísticas han hecho saltar las alarmas en ese sector. Cada anuncio actúa como recordatorio de que la disrupción puede ser más rápida de lo previsto.

Aun así, los analistas señalan que parte del miedo podría estar sobredimensionado. Muchas empresas SaaS cuentan con “fosos” profundos en forma de flujos de trabajo integrados y datos sensibles que no se sustituyen de la noche a la mañana. Pero advierten: para sobrevivir, deberán adaptarse a una IA cada vez más fluida y accesible.

Segunda razón: valorar la IA es cada vez más complejo


Otra pieza del rompecabezas es la dificultad creciente de valorar la IA en los mercados públicos. Que siete compañías concentren cerca del 30% del S&P 500 genera debate, pero también lo hace la sensación de que los modelos evolucionan tan rápido que cambian las reglas de juego antes de que el mercado pueda asimilarlas.

Hay quien cree que la IA está sobrevalorada; otros temen que su avance esté eliminando empleos de entrada más deprisa de lo que se pensaba. En ese entorno, los múltiplos se vuelven frágiles.

Tercera razón: el impacto parece más inmediato


La última razón es psicológica: la percepción de que el impacto ya no es teórico, sino inminente. Ensayos virales y advertencias de ejecutivos tecnológicos han reforzado la idea de que la transformación será más profunda de lo que muchos imaginaban.

Al mismo tiempo, el dominio inicial de OpenAI empieza a ser cuestionado ante la competencia de Anthropic y la mejora de modelos chinos más baratos. Si los modelos de IA se convierten en un producto casi “comoditizado”, el verdadero valor podría estar en aplicaciones aún por inventar. Y esa incertidumbre, concluyen los analistas, invita a los inversores a frenar el entusiasmo y replantear riesgos.

En definitiva, más que un colapso repentino, lo que estamos viendo es la culminación de un proceso de ajuste que lleva gestándose años. El mercado ha pasado del entusiasmo indiscriminado a una selección mucho más exigente. Y ese cambio rara vez es suave.

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