Las diferencias sobre el programa nuclear siguen sin resolverse, afirma un alto funcionario iraní.
- Irán mantiene que las diferencias sobre el programa nuclear siguen sin resolverse.
- Teherán enfría las expectativas de nuevas conversaciones inmediatas con Estados Unidos.
- El control del Estrecho de Ormuz sigue siendo una de las principales palancas de presión en la negociación.
Las opciones de avance diplomático entre Estados Unidos e Irán vuelven a enfriarse. Según una fuente iraní de alto nivel citada por Reuters, las discrepancias sobre el programa nuclear siguen abiertas y, lejos de reducirse, los márgenes entre ambas partes continúan siendo amplios.
El mensaje encaja con la línea dura que Teherán ha venido manteniendo desde el inicio del conflicto. Irán no parece dispuesto a ceder en los elementos que considera estratégicos, y eso complica cualquier intento de transformar el actual diálogo en un acuerdo real. Porque una cosa es sentarse a hablar y otra muy distinta aceptar condiciones concretas.
El programa nuclear, primer gran escollo
El primer gran punto de fricción sigue siendo el nuclear. Washington quiere que Irán renuncie de forma efectiva a sus aspiraciones atómicas, pero ese escenario no parece hoy probable. Además, persisten dudas sobre el verdadero equilibrio de poder dentro del régimen iraní y sobre quién tiene capacidad real para cerrar una concesión de esa magnitud.
Ese desorden interno, o al menos esa percepción de falta de una voz única, añade más incertidumbre a unas negociaciones que ya nacen condicionadas. Mientras no exista una posición clara y ejecutable en Teherán, este asunto seguirá bloqueando cualquier avance de fondo.
La clave es simple: el mercado puede comprar titulares sobre diálogo, pero no consolidará un escenario de paz mientras los dos asuntos esenciales —nuclear y Ormuz— sigan prácticamente intactos.
Ormuz sigue siendo la gran carta iraní
El segundo gran obstáculo es el Estrecho de Ormuz. Para Irán, su control no es un detalle táctico, sino su principal herramienta de presión tanto en la negociación como en el pulso geopolítico y energético. Pensar en una reapertura plena y sin condiciones resulta, a día de hoy, poco realista.
Como mucho, podría producirse una apertura parcial o limitada. Pero cada jornada en la que el tránsito siga restringido aumenta la tensión sobre la oferta global de petróleo y gas. Y eso, inevitablemente, mantiene la presión sobre los mercados, la inflación y las expectativas de política monetaria.
Se enfrían las expectativas de negociación
En paralelo, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní ha asegurado que por ahora no existe ningún plan para una segunda ronda de negociaciones con Estados Unidos. Es una señal clara de que el tono sigue siendo de máxima cautela, cuando no directamente de bloqueo político.
Esto no significa que el diálogo haya muerto definitivamente. Ya ocurrió antes: primero hubo mensajes duros y después algún canal de contacto terminó abriéndose. Pero conviene no confundir posibilidad de contacto con proximidad de acuerdo. Ahora mismo, ambas cosas están muy lejos de ser equivalentes.