La élite financiera no ve la burbuja y ese es precisamente el mayor riesgo
- La complacencia domina incluso entre los inversores más sofisticados.
- Las élites financieras subestiman el riesgo de una burbuja bursátil.
- El sesgo de “recencia” puede ser especialmente peligroso en esta fase del ciclo.
Según advierte Mark Hulbert, el éxito en la inversión a largo plazo exige desconfiar precisamente cuando la mayoría se muestra tranquila. Y, en su opinión, este es uno de esos momentos. La falta de preocupación no se limita a los pequeños inversores: también se extiende a grandes instituciones que, en teoría, deberían saber leer mejor los riesgos.
Este fenómeno resulta especialmente llamativo entre la élite económica y financiera que se reúne estos días en Davos con motivo del Foro Económico Mundial. Un encuentro concebido para anticipar riesgos globales, pero cuyos participantes parecen minimizar la posibilidad de que las bolsas —y en particular la estadounidense— estén inflando una burbuja peligrosa.
En el último informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial, el estallido de burbujas de activos ocupó un lugar secundario entre las amenazas más probables, muy lejos de los primeros puestos. Una posición que contrasta con el nivel actual de valoración de los mercados.
Podría pensarse que las élites están más centradas en riesgos existenciales como las guerras, el clima extremo o la fragmentación social. Sin embargo, Hulbert recuerda que en el pasado estos mismos actores reaccionaron con rapidez cuando su propio patrimonio estuvo en peligro.
Un buen ejemplo es la crisis financiera global. A comienzos de 2009, apenas dos meses antes de que los mercados tocaran suelo, el riesgo de un colapso de los precios de los activos ocupaba el primer lugar en las preocupaciones del Foro Económico Mundial. Paradójicamente, en aquel momento las valoraciones bursátiles eran mucho más razonables que las actuales.
El peligro del sesgo de recencia
Para Hulbert, esta contradicción se explica por el llamado sesgo de recencia: la tendencia a dar más peso a los acontecimientos recientes que a las lecciones históricas. Tras años de mercado alcista, el recuerdo del dolor asociado a las grandes caídas se diluye, incluso entre inversores experimentados.
Existe una gran diferencia entre saber que un mercado puede caer más de un 50% y haberlo vivido en primera persona, viendo cómo el patrimonio se reduce drásticamente mientras la economía se aproxima al abismo.
No existe un antídoto perfecto contra este sesgo. Estudiar la historia ayuda, pero no siempre es suficiente. Haber atravesado un mercado bajista severo o una burbuja que estalla deja una huella mucho más profunda que cualquier gráfico o manual.
Por eso, una posible defensa consiste en rodearse de asesores financieros con experiencia real en ciclos completos de mercado. Cuando este mercado alcista llegue finalmente a su fin —porque todos lo hacen—, contar con esa memoria histórica puede marcar una diferencia crucial.