Europa puede recuperar terreno en bolsa, pero depende de Oriente Medio y del BCE
- Europa ha perdido tracción frente a EE.UU. y Japón por su mayor sensibilidad a energía y ciclo.
- Tikehau Capital cree que esa infraponderación podría reducirse si Oriente Medio se estabiliza.
- El principal riesgo para Europa sería un BCE demasiado restrictivo en un entorno todavía incierto.
Europa ha vuelto a quedarse rezagada en bolsa frente a Estados Unidos y Japón, y la explicación tiene bastante que ver con el nuevo contexto geopolítico. Tras un periodo en el que los índices europeos habían mostrado un mejor comportamiento relativo, el conflicto con Irán alteró ese equilibrio y devolvió la ventaja a otros mercados. La razón es bastante clara: en un entorno de tensión energética, Europa parte con más vulnerabilidad.
Raphaël Thuin, de Tikehau Capital, sostiene que esta infraponderación responde sobre todo a dos factores. Por un lado, Europa sufre más cuando sube la energía por su perfil de región importadora. Por otro, también pesa la mayor exposición relativa a segmentos cíclicos, que suelen comportarse peor cuando el mercado vuelve a preocuparse por crecimiento, inflación o tipos.
Europa se ha quedado atrás, pero no necesariamente de forma estructural
La idea central de Tikehau es que este peor comportamiento no invalida por sí solo la tesis de rotación hacia Europa. Más bien la pausa. Si las condiciones en Oriente Medio se normalizan, esa infraponderación frente a Estados Unidos y Japón podría reducirse o incluso revertirse. El argumento de fondo es que los factores que apoyaban una mayor exposición a Europa y a sectores más cíclicos siguen en pie, aunque hayan quedado temporalmente tapados por el shock geopolítico.
Es decir, el castigo reciente no se debería tanto a un deterioro estructural del mercado europeo como a una combinación de sensibilidad energética y reacción táctica de los inversores. Si desaparece parte de esa prima de riesgo, Europa podría volver a recuperar atractivo relativo.
La tesis es clara: Europa no está descartada, pero necesita que el frente energético deje de actuar como lastre inmediato.
El papel del BCE puede complicarlo todo
Ahora bien, el escenario no depende solo de Oriente Medio. Tikehau introduce una segunda condición clave: que el Banco Central Europeo no adopte una postura excesivamente restrictiva. Si el BCE sobrerreacciona al repunte energético y endurece demasiado su política, la bolsa europea podría volver a sufrir, incluso aunque la tensión geopolítica se relaje.
El mercado está empezando a contemplar un escenario peculiar: que la Reserva Federal termine bajando tipos este año mientras el BCE sube su facilidad de depósito. Pero esa aparente divergencia hay que interpretarla con cuidado. Según Thuin, ambos bancos centrales parten de puntos muy distintos. En la eurozona, la política monetaria está mucho más cerca de la neutralidad, con una inflación que ya venía moderándose antes del conflicto con Irán, menor presión salarial y un componente desinflacionista importado desde China.
En Estados Unidos, en cambio, la situación sigue siendo más incómoda. Allí pesan todavía las presiones inflacionistas derivadas de los aranceles y de un mercado laboral que continúa mostrando bastante resistencia. Por eso, aunque la Fed pudiera recortar y el BCE endurecer, el movimiento no tendría necesariamente el mismo significado absoluto en ambos lados del Atlántico.
El riesgo está en que se abra demasiado la brecha
Lo que realmente preocupa es que esa diferencia de políticas se amplíe más de lo esperado. Si el diferencial de tipos creciera demasiado, eso podría actuar como un catalizador negativo para los activos europeos y, además, meter presión sobre el cruce euro-dólar. En el texto se apunta a una posible presión al alza sobre el euro frente al dólar, lo que añadiría otra variable incómoda para Europa en términos de competitividad y percepción de mercado.
En definitiva, la recuperación relativa de Europa no depende solo de que el petróleo se estabilice. También depende de que los bancos centrales entiendan bien la naturaleza del shock actual y no reaccionen como si se tratara de una inflación estructural de segunda ronda cuando quizá estemos ante un shock más temporal. Si eso se gestiona mal, la infraponderación de Europa puede durar más de lo que ahora parece razonable.
La conclusión es bastante directa: Europa puede volver a cerrar parte de su retraso bursátil, pero necesita dos cosas a la vez: menos tensión en Oriente Medio y un BCE que no cometa el error de endurecer demasiado pronto.