Deutsche Bank enfría el temor a una gran corrección: faltan los tres ingredientes clave
Puntos clave
- Deutsche Bank cree que aún faltan las condiciones clásicas para una gran corrección bursátil.
- El petróleo está tensionado, pero el shock no se considera todavía suficientemente persistente.
- El empleo, los PMI y los bancos centrales no están enviando señales propias de crisis severa.
Los mercados están conviviendo con una combinación incómoda: guerra en Irán, petróleo en niveles elevados, dudas sobre el Estrecho de Ormuz y repunte de los rendimientos de los bonos. Sin embargo, la reacción de las bolsas está siendo mucho más contenida de lo que cabría esperar en un contexto de tensión energética. Según Deutsche Bank, esta resistencia no es casual: para que se produzca una corrección bursátil de mayor calado suelen hacer falta condiciones macroeconómicas que, por ahora, no se han materializado.
Tres ingredientes que aún no aparecen
El estratega Henry Allen, de Deutsche Bank, sostiene que la historia muestra un patrón bastante claro. Los grandes episodios de ventas en activos de riesgo suelen necesitar al menos uno de estos tres elementos: un shock petrolero sostenido, unos datos económicos claramente contractivos o un endurecimiento agresivo por parte de los bancos centrales.
La tesis del banco alemán es que ninguno de esos tres factores está presente de forma suficientemente intensa. El petróleo ha subido con fuerza y el mercado descuenta que el conflicto en Oriente Medio puede prolongarse, pero todavía no se observa un episodio comparable al embargo árabe de 1973 o al shock inicial provocado por la invasión rusa de Ucrania en 2022.
La clave está en la duración. Una subida del petróleo puede incomodar al mercado; un shock energético persistente y trasladado a inflación, consumo y beneficios empresariales es lo que realmente suele romper el apetito por el riesgo.
El petróleo preocupa, pero no ha roto el mercado
El Brent se mantiene en torno a los 110 dólares por barril y el West Texas supera con claridad los 100 dólares. Además, los mercados de predicción otorgan una probabilidad relevante a que el Estrecho de Ormuz siga cerrado durante varias semanas. Aun así, Deutsche Bank apunta que la curva del petróleo refleja una diferencia persistente entre los precios inmediatos y los futuros a seis meses, lo que sugiere que los inversores no están descontando todavía una disrupción estructural prolongada.
Este matiz es importante. El mercado puede tolerar una fase de tensión si entiende que el impacto será temporal. Lo que provocaría una reacción más agresiva sería la percepción de que los precios energéticos elevados se van a mantener durante muchos trimestres y van a erosionar de forma significativa los márgenes empresariales y el consumo.
Los datos económicos siguen resistiendo
El segundo ingrediente que Deutsche Bank no ve todavía es el deterioro claro de los datos macroeconómicos. En crisis energéticas anteriores, el mercado laboral y los indicadores de actividad comenzaron a mostrar señales de debilidad de forma rápida. Esta vez, sin embargo, el empleo estadounidense sigue aguantando y las nóminas no agrícolas aumentaron en más de 100.000 puestos tanto en marzo como en abril.
Además, el índice global de gestores de compra de abril también mejoró, lo que refuerza la idea de que la economía mundial no ha entrado aún en una fase contractiva. Esa resistencia limita, por ahora, el riesgo de una venta indiscriminada de acciones.
Los bancos centrales aún no han cambiado el guion
El tercer punto es la política monetaria. En otros episodios de shock energético, los bancos centrales acabaron respondiendo con subidas agresivas de tipos para contener la inflación. Esta vez, según Deutsche Bank, ni la Reserva Federal, ni el Banco Central Europeo, ni el Banco de Japón han elevado tipos desde que comenzó el conflicto.
Esto no significa que el riesgo haya desaparecido. El repunte de los rendimientos de los bonos está empezando a aumentar la presión sobre la Fed, que tendrá que afinar su mensaje si el petróleo sigue tensionando las expectativas de inflación. Pero, por ahora, el mercado no se enfrenta a una combinación de petróleo alto y endurecimiento monetario inmediato.
El verdadero punto de ruptura llegaría si el encarecimiento de la energía obliga a los bancos centrales a adoptar un tono más duro justo cuando la actividad empieza a enfriarse. Esa mezcla sí sería peligrosa para las bolsas.
Por qué las bolsas aguantan
La aparente calma de los mercados se explica, por tanto, por la ausencia de un deterioro simultáneo en petróleo, crecimiento y política monetaria. El S&P 500 se mantiene muy cerca de sus máximos históricos y los diferenciales de crédito en Estados Unidos y Europa están más estrechos que al inicio de la guerra, una señal de que los inversores no están descontando todavía un escenario de estrés financiero severo.
La conclusión de Deutsche Bank es que la resiliencia de los activos de riesgo tiene más sentido de lo que parece. Hay preocupación, sí, pero no pánico. El mercado sigue vigilando el petróleo y los bonos, pero mientras los datos de actividad resistan y los bancos centrales no endurezcan su mensaje, las bolsas pueden seguir absorbiendo el shock mejor de lo que muchos anticipaban.