De Katrina a Irma

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Capitalbolsa | 12 sep, 2017 16:48
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El economista francés Frédéric Bastiat (1801-1850) fue quién popularizó con la falacia de la ventana rota la doctrina dominante en materia económica sobre el impacto de los desastres naturales. Esta parábola cuenta la historia de un gamberro que rompe la ventana de la tienda de su padre.

Uno de los testigos del incidente señala que esto tendrá un impacto positivo para la ciudad, puesto que el dueño de la tienda tendrá que contratar a un vidriero para reemplazar la ventana, el vidriero gastará el dinero en otros comercios del pueblo y que, a su vez, estos comerciantes emplearán estos fondos en otros comercios, beneficiándose, por tanto, el conjunto de la economía de la ciudad. La falacia de este razonamiento, según Bastiat, es que no se tiene en cuenta el cálculo del coste de oportunidad. Así, el comerciante al que han roto la ventana tiene que emplear su renta disponible en arreglarla, en vez de, por ejemplo, comprar más maquinaria para aumentar su negocio o comprar un par de zapatos nuevos. Por tanto, lo que aparentemente es un estímulo conlleva efectos negativos invisibles que desembocan en un impacto neutro, si bien sí que se produce una transferencia de renta.

Esta idea se ha retomado a lo largo de los últimos años por economistas como Krugman, que en 2011 sugerían que un gasto forzado derivado de una guerra o de un desastre natural podría ser positivo para la recuperación de la economía de EEUU. No obstante, las actuales condiciones de la economía estadounidense difieren mucho de las de 2011, en especial en materia de capacidad ociosa a nivel productivo y laboral. En este punto cabe preguntarse ¿cómo afectará la temporada de huracanes sobre la economía estadounidense? Según la Oficina de Análisis Económico (BEA), organismo que se encarga de elaborar las estadísticas estadounidenses, los desastres naturales, como el Katrina, tienen dos vías principales de impacto: (i) la destrucción de la propiedad y (ii) la disrupción del flujo de ingresos de los agentes económicos, reduciéndolo en un primer momento y aumentándolo más tarde. De manera adicional, hay que señalar que la destrucción de la propiedad, según la metodología empleada por la Oficina de Analisis Económico no afecta negativamente en el cálculo del PIB, dado que este es el agregado de la producción "actual". Así tras el momento inicial, la reconstrucción y el reaprovisionamiento acaban dando un impulso adicional al PIB.

Dos son las claves en este sentido más allá del impacto monetario: (i) la velocidad con la que se reconstruye y (ii) quién soporta el coste de la reconstrucción. Respecto a la primera, hay que señalar que las valoraciones del daño suelen ser rápidas en EEUU (en torno a un mes), lo que permitiría iniciar la reconstrucción rápidamente. Respecto a la segunda, esta dependería de las coberturas contratadas por los ciudadanos afectados, por tanto, sería una mezcla del sector asegurador y de los hogares estadounidenses (apoyados por créditos blandos estatales). Si bien desconocemos el impacto final de esta temporada de huracanes en EEUU, pensamos que la respuesta de la Reserva Federal será muy similar a lo ocurrido tras el huracán Katrina en 2005. Entonces, la Fed consideró que el impacto en términos de actividad sería temporal y que incluso podría provocar tensiones inflacionistas de corto plazo. En 2005, esto se tradujo en que la Fed prosiguió tensionando su política monetaria. Ahora, pensamos que la Fed anunciará el esperado inicio de adelgazamiento de balance en la próxima reunión de septiembre y, al contrario de lo que estaría descontando el mercado, que la subida de tipos de interés prevista para final de año seguiría encima de la mesa.

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