"La liquidez de las inversiones se está convirtiendo en la propuesta más arriesgada. Será una preocupación cuando comience la liquidación forzosa"

Moisés Romero

CapitalBolsa
Capitalbolsa | 13 abr, 2021 10:26 - Actualizado: 08:54
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Irónicamente, la liquidez de las inversiones se está convirtiendo en la propuesta más arriesgada. "La mayoría de los riesgos tienden a aprovechar la ola de correlación creciente entre los precios de los activos a nivel mundial, ya que la política monetaria de los bancos centrales impulsa (en gran medida) la fijación de precios de los activos en el mercado.la consecuencia natural de convertir la mayoría de los activos en este mundo líquido; pierden su capacidad de protegerse naturalmente contra ciertos riesgos del mercado y se vuelven propensos a la dolarización o europeización, convirtiéndose así en rehenes de las políticas del banco central."

Algún nivel de iliquidez ... Podría ser bueno para la estabilidad de los precios de los activos". Además, agregaría una nota personal de que un nivel modesto de iliquidez (30-50 %+) puede ser muy bueno para su cartera. Esto es algo en lo que nos hemos centrado desde 2018, debido a los riesgos tradicionales de valoración de activos, (vía Tiho [email protected])

Los niveles de efectivo se han mantenido constantemente bajos durante este mercado alcista. La mayoría está invertida y cualquier turbulencia hace que los bancos centrales intervengan, salvando el día. Sin embargo, la baja liquidez eventualmente será una preocupación cuando comience la liquidación forzosa, ya que no habrá compradores marginales.

El apalancamiento, la capacidad de pedir préstamos, es un arma de doble filo, según indica uno de los capítulos analíticos del Informe Global de Estabilidad Financiera (GFSR) del Fondo Monetario Internacional.

Por un lado, impulsa el crecimiento económico permitiendo a las empresas invertir en maquinaria para ampliar su escala de producción, o permitiendo a la gente comprar casas y coches o invertir en educación.

Los niveles elevados o el rápido aumento del apalancamiento puede representar una vulnerabilidad financiera, dejando a la economía más expuesta a una futura recesión grave de la actividad o a una fuerte corrección de los precios de los activos, según avisan los funcionarios del FMI. Según justifican, las crisis financieras han estado a menudo precedidas por rápidos aumentos del apalancamiento, una dinámica también conocida como "boom crediticio".

El apalancamiento puede medirse como la relación entre el stock de deuda y el PIB, que se aproxima a la capacidad de una economía para atender el servicio de su deuda. Incluso antes de la crisis de COVID-19, el apalancamiento en el sector privado no financiero -que incluye a los hogares y a las empresas no financieras- aumentó de forma constante en muchos países. Entre 2010 y 19, el apalancamiento global en esta área aumentó del 138% al 152% del PIB.

Las condiciones financieras favorables tras la crisis financiera mundial de 2008-09 han sido un motor clave del aumento del apalancamiento. Tanto en las economías de mercado avanzadas como en las emergentes, el endeudamiento ha aumentado aún más como resultado del apoyo político proporcionado en respuesta al impacto de la pandemia. Además, el descenso de la producción que han sufrido muchos países ha contribuido al aumento de la relación entre la deuda y el PIB mientras el apalancamiento de las empresas ha aumentado otros 11 puntos porcentuales del PIB hasta el tercer trimestre de 2020.

Según el Fondo, los responsables políticos se enfrentan ahora a un importante dilema. Las políticas acomodaticias (recorte de los tipos de interés junto con la flexibilización cuantitativa para reducir los costes de endeudamiento de las empresas y los hogares) así como las condiciones financieras favorables resultantes han favorecido el crecimiento, pero también han alimentado un aumento del apalancamiento.

El FMI estima que la relajación de las condiciones financieras proporciona un impulso a la actividad económica a corto plazo. Sin embargo, la relajación tiene un coste. Más adelante, a medio plazo, surge un mayor riesgo de desaceleración brusca, a partir de 7 u 8 trimestres. Esta contrapartida se acentúa durante los auges crediticios. Es decir, el impulso a corto plazo es mayor, mientras que los riesgos a la baja a medio plazo también son mayores.

Para los responsables políticos, la cuestión es cómo garantizar que la incipiente recuperación no se vea amenazada, evitando al mismo tiempo una acumulación excesiva de apalancamiento.

El análisis elaborado por el Fondo sugiere que hay medidas que los responsables políticos pueden adoptar para resolver, o al menos atenuar, este dilema. Las políticas macroprudenciales -como el establecimiento de límites a la elegibilidad de los prestatarios, el aumento del capital mínimo o los coeficientes de liquidez de los bancos- pueden controlar el aumento del apalancamiento del sector no financiero.

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