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El consejero delegado de Repsol, Josu Jon ImazREPSOL - Archivo
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Repsol siempre ha dado gran importancia a mantener su calificación crediticia en grado de inversión, incluso en los peores momentos. Pero ahora vuelve a jugar con fuego con el rating debido a la fuerte reducción de su patrimonio neto (un 18,5% en base consolidada) provocada por las enormes pérdidas de 2019, de 3.816 millones. La petrolera española no se plantea ampliar capital ni tocar el dividendo para mantener contentos a los accionistas, y además, su transformación en eléctrica exige grandes inversiones. Los expertos ven como única solución una venta de activos.

Actualmente, Repsol tiene un rating de BBB para Standard & Poor's y Fitch, dos escalones por encima del bono basura, y de Baa1 para Moody's, tres escalones por encima de esa línea maldita. Pero los de S&P y Moody's son de diciembre de 2018, así que es previsible que procedan a una revisión a la luz de los resultados de 2019.

Según la información remitida por la compañía a la CNMV, su patrimonio neto en base consolidada se redujo de 30.914 millones al cierre de 2018 hasta 25.209, para absorber las citadas pérdidas provocadas por la drástica reducción de valor de muchos activos para volverse 'verde' y por el arbitraje perdido en la canadiense Talisman. en base individual, la caída de los fondos propios es mayor, del 31,8%.

Se trata de una fuerte reducción de la solvencia de Repsol, que puede afectar a la capacidad para hacer frente a sus compromisos estimada por las agencias de rating. Sin embargo, en la presentación de resultados del jueves los gestores de la petrolera no mostraron ninguna inquietud ni anunciaron ninguna medida para restablecer los niveles de capital anteriores.

CONTENTAR AL ACCIONISTA A CAMBIO DE ARRIESGAR EL RATING

Antes bien al contrario, insistieron mucho en que elevarán la remuneración al accionista en forma de 'scrip dividend' (dividendo en acciones) a un euro por acción. Y añadieron que esta retribución se incrementará con una amortización de acciones por un 5% del capital; es decir, una reducción de capital, todo lo contrario de la ampliación que sería necesaria para compensar la caída del patrimonio neto de estos resultados.

Por tanto, parece haber un 'trade-off' entre mantener contentos a sus accionistas (Repsol no tiene núcleo duro -Sacyr solo tiene el 8,2%- y puede ser atacado por los fondos activistas) y jugarse una rebaja de rating. Y que Antoni Brufau y Josu Jon Imaz han preferido la primera opción y arriesgarse con las agencias de calificación.

LA ÚNICA OPCIÓN: VENTA DE ACTIVOS

Sin embargo, ahí no acaban las tribulaciones de Repsol, puesto que su transformación en una empresa de energía renovable requerirá fuertes inversiones que también consumirán ese escaso capital. ¿Entonces? Varios expertos consultados coinciden en que no será suficiente con la generación de beneficios de los próximos años, así que la única opción restante es la venta de activos.

En ese sentido, puede cobrar sentido el fuerte 'impairment' adoptado en los resultados de 2019, que rebaja notablemente el valor de los activos de Repsol y le permite ponerlos en mercado a un precio mucho más asequible para los potenciales compradores. Cualquier valor por encima del de libros supondrá un beneficio tras las pérdidas de este año (algo similar a lo que hizo BBVA cuando salió de China). La solución, en los próximos meses.

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