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Los empleados de banca están obligados a realizar decenas de horas de formación obligatoria por ley que no se contabilizan como tiempo de trabajo. Se trata, entre otras, de las contempladas en la normativa Mifid II o las necesarias para conceder hipotecas. Sus representantes se encuentran en estos momentos negociando con las patronales los cuatro convenios del sector que vencen este año y en las conversaciones han incluido la petición de estas horas de formación sean tenidas en cuenta como trabajo, según informan fuentes de la negociación.

La nueva ley hipotecaria, que entró en vigor el pasado mes de junio, introdujo la obligación de que las entidades deben tener a su personal correctamente formado para poder comercializar hipotecas. Así, todo trabajador implicado de cualquier manera en el proceso de concesión de una hipoteca está obligado a hacer un curso con unos contenidos mínimos de 50 horas, que deben complementarse con una formación continuada anual de 10 horas, como mínimo.

Esta solicitud se enmarca en la iniciativa de los trabajadores de la banca de ajustar su jornada máxima a su horario real. Actualmente, está fijada en 1.700 horas al año, que son más de las que trabajan con el horario que tienen establecido, pero que en la práctica supone que las horas extra solamente cuentan como tal a partir de esas 1.700 horas. Por ello, en la negociación que mantienen con la patronal han pedido rebajar ese máximo hasta 1.600 horas.

El conflicto se produce cuando entran en juego las horas extra. Si se suman los horarios habituales de los trabajadores de los bancos (por lo general, menores a 1.700 horas) y las extra, teniendo en cuenta que las de formación no contabilizan como trabajo, y el resultado da menos de 1.700 horas, esas horas trabajadas fuera de jornada no cuentan como extraordinarias.

Por ello, los trabajadores quieren reducir esas 1.700 horas de jornada máxima en cien horas, es decir, dejarlas en 1.600. Según explican fuentes de la negociación, es la única forma de que se paguen adecuadamente las horas extraordinarias que, junto con las ordinarias, exceden de esa jornada máxima.

Además, los trabajadores de las entidades financieras consideran que tienen otro problema con su horario: las horas de formación no cuentan como trabajo y, por tanto, si se suman a las horas trabajadas es posible que se exceda esa jornada máxima que, al estar regulada por convenio, no se puede sobrepasar. Ni siquiera cuentan como trabajo las obligatorias por ley.

La patronal ha planteado a los sindicatos introducir cierta flexibilidad tanto en los horarios de entrada como en los de salida, al tiempo que ha propuesto que la jornada de verano, actualmente fijada del 23 de mayo al 30 de septiembre, se quede solamente en los meses de julio y agosto.

LENTAS NEGOCIACIONES

Las negociaciones de los cuatro convenios de los trabajadores de las entidades financieras que vencen este año siguen adelante, aunque a paso bastante lento. En todo caso, se negocian por separado el de banca, el de ahorro (las antiguas cajas), el de establecimientos financieros de crédito y el de cooperativas. Y, dentro de cada convenio, cada “capítulo” se negocia por separado.

Prueba de ello es que en el de ahorro los sindicatos han logrado ya llegar a un acuerdo sobre el registro de jornada, mientras que en el de banca ese hito aún queda lejos. Tanto que incluso BBVA ha llegado a un acuerdo con la plantilla por su cuenta. Por el momento, es la única entidad que lo ha hecho.

No obstante, es habitual que las negociaciones de convenios sectoriales se alarguen considerablemente más que los de las entidades. Pasó así con el convenio anterior, el que se firmó para los años 2015-2018, para el que se alcanzó un acuerdo en abril de 2016.

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