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El presidente de Banco Sabadell, Josep OliuBANCO SABADELL

Fue un fallo informático pequeño, menor que el que se produjo cuando Sabadell integró la CAM. Pero la caída del acceso de los clientes de TSB a la web ha sido nefasta para el banco español. Ya dijo Jaume Guardiola que iba a costar "un pastón": concretamente, 460 millones al cierre de 2018. Una cifra que ha destrozado las cuentas anuales de la entidad y ha llevado su cotización a mínimos históricos. La pregunta es si esto tiene arreglo.

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El quebranto causado por TSB se divide en 121 millones de costes extraordinarios relacionados con la migración tecnológica y otros 339 millones de impactos posteriores. ¿Qué impactos? Pues, para calmar la furia de sus clientes ingleses, lanzó una iniciativa llamada "Do things right": les perdonó las comisiones por descubiertos en las cuentas y les remuneró al 5% una cuenta corriente llamada 'Classic Plus'. Ni la 123 del Santander en sus primeros tiempos.

Este brutal impacto ha hecho que el resultado de 2018, en vez de caer un 16,3% -que tampoco es para tirar cohetes-, se desplomara el 54,2%.

El banco, como no puede ser de otra manera, defiende que esto ya es agua pasada y el problema está solucionado: "Pensábamos que sería un paseo militar y ha resultado una batalla que nos ha costado bastante, pero que al final hemos ganado", sentenció el viernes el presidente del Sabadell, Josep Oliu.

Según explica la entidad, el 90% de las 200.000 reclamaciones que tuvo por el desastre tecnológico se han resuelto y ya tiene menos quejas que la media de la banca británica. Así que ahora se va a aprovechar de que tiene una plataforma más "vanguardista, eficiente, menos compleja y sin herencias", a diferencia de sus competidores. Por ello, espera cumplir los objetivos fijados para 2020.

SUPERAR EL GOLPE DE REPUTACIÓN, COMPLICADO

Pero conseguirlo requiere superar el enorme problema reputacional que tiene el Sabadell en Reino Unido, donde incluso tuvo que comparecer en el Parlamento por los fallos tecnológicos. Un problema reputacional que entronca con los estereotipos que tienen los británicos sobre los españoles -vagos, chapuceros, informales, etc.- y que está alimentado por los tabloides, que tratan cada nuevo fallito del banco como si fuera la batalla de Trafalgar.

Y los golpes reputacionales son muy difíciles de revertir, como está comprobando el BBVA de forma muy dura. Convencer a los ingleses de que son un banco serio y fiable va a llevar mucho tiempo, y es posible que no lo consiga nunca.

Por ello, tiene sentido lo que dijo Oliu en Nueva York (posteriormente matizado por el banco): vender o fusionar TSB. Ir para atrás o para delante. O comprar otra entidad que le dé masa crítica y presencia en Londres -donde no está ahora- o esperar un par de años, ponerlo en valor y venderlo tratando de salvar el máximo posible de la inversión. El tiempo lo dirá.

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