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En el juicio por la salida a bolsa de Bankia -suspendido durante dos semanas-, Rodrigo Rato está señalando a todo el mundo para exculparse él. Pero hay algo en lo que tiene razón: la fusión de cajas que dio origen a Bankia y su posterior salida a bolsa fueron diseñadas e impuestas por el Banco de España, que convenció al Gobierno de Zapatero para convertirlo en una cuestión de Estado y para obligar al resto de grandes bancos y a varias empresas para 'arrimar el hombro' y comprar acciones. Pese a ello, Andreu desimputó a la cúpula del supervisor, que no se sienta en el banquillo.

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"Rato dice la verdad: el Banco de España le obligó a fusionar Caja Madrid con Bancaja y otras cinco cajas y, posteriormente, a sacar Bankia a bolsa. El proceso fue instigado, diseñado e impuesto por el Banco de España", explica una fuente que pertenecía al supervisor en aquel momento (2011). "Otra cosa es que Rato no tenía por qué aceptarlo, pero lo aceptó como la mejor solución para intentar evitar la quiebra de la entidad", añade.

Esta fuente confirma los testimonios de otras muchas internas o cercanas al Banco de España, así como pruebas documentales como los famosos correos del inspector José Antonio Casaus, que demuestran que la cúpula del supervisor era consciente de la situación de Bankia y de que la OPS (Oferta Pública de Suscripción de acciones) no iba a solucionarla.

Según varias de estas fuentes, el Banco de España lideró todo el proceso a raíz del estallido de la burbuja inmobiliaria y de la quiebra de Lehman Brothers. Así, la idea de que España tenía el sistema más sólido del mundo, que propagó Zapatero, fue del supervisor, como también lo fue la creación del FROB tras la caótica subasta de CCM -la primera caja de ahorros que cayó- en 2009. Ante el derrumbe de las cajas, también fue el Banco de España el que 'prohibió' dar pérdidas a las entidades por el pánico que podían provocar en el mercado y el que propuso la solución de las fusiones, primero frías (los SIP) y luego calientes.

Según su teoría, los procesos de integración permitirían sinergias de costes e ingresos (al reducir redes y servicios centrales, y al ofrecer más servicios a los clientes), así como una mayor capitalización al facilitar el acceso a los mercados. Dado que este acceso no fue tan fácil en la realidad, el FROB amplió sus facultades para inyectar capital en las entidades que se fusionaran (lo que se llamó el FROB 2). En todo este proceso, también convenció al Gobierno socialista para que le apoyara en estas medidas.

SALVAR AL SOLDADO BANKIA

Cuando las fusiones y el FROB 2 se demostraron también insuficientes ante la magnitud del agujero, la prioridad fue tratar de salvar lo que fuera posible mediante salidas a bolsa en las que se captara capital privado, en un intento deseperado por evitar nacionalizaciones a mansalva que demostraran la falsedad del discurso del supervisor y del Ejecutivo. Así se le impuso a Banca Cívica (donde tampoco bastó y acabó siendo absorbida por CaixaBank) y, por encima de todas, BFA-Bankia: el elefante en la habitación.

El propio Rato ha revelado en el juicio que previamente intentó vender la entidad a fondos norteamericanos, pero desistió por el bajo precio ofrecido. El resto de inversores internacionales, que tampoco eran tontos, también se negaron a acudir a la ampliación de la salida a bolsa al precio demandado, a pesar de las cuentas aparentemente solventes (lo que ahora se juzga).

Esto provocó las llamadas al resto de bancos y empresas para que participaran en la operación y el escandaloso trasvase de acciones del tramo internacional al minorista, con la aquiescencia de la CNMV. Estas acciones se vendieron a los clientes de las sucursales y provocaron pérdidas masivas que Bankia tuvo que restituir en febrero de 2016 al ser condenada por el Supremo en la vía civil.

EL BANCO DE ESPAÑA SE LIBRA DEL BANQUILLO

Por tanto, existe una enorme responsabilidad del Banco de España -y, en menor medida, de la CNMV- en los hechos que ahora se juzgan. Sin embargo, en el banquillo no se sienta ningún responsable de los supervisores. La cúpula del primero fue interrogada al principio de la instrucción, pero Andreu decidió no imputarla. La Sala le corrigió y le obligó a hacerlo, con lo que el exgobernador Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO), su segundo Javier Aríztegui, el entonces presidente de la CNMV, Julio Segura o el que posteriormente sería subgobernador, Fernando Restoy, tuvieron que desfilar por la Audiencia Nacional.

A pesar de sus contradicciones y de la declaración de Casaus, Andreu volvió a desimputarlos y no los incluyó entre los acusados, en este caso con la conformidad de la Fiscalía. Algunas fuentes sostienen que se trata de evitar la posible responsabilidad patrimonial del Estado, dentro de la tesis que la vista terminará con la absolución porque una condena no beneficia a nadie (los minoristas ya han recuperado el dinero y Rato ya está entre rejas) y sí puede causar grandes perjuicios al Banco de España, a los Gobiernos, a las auditoras y al sistema financiero en su conjunto.

Eso explica por qué el FROB, el Banco de España, la abogacía del Estado e incluso la Fiscalía -de forma más tibia- se han alineado con las tesis de las defensas en vez de con las acusaciones. Y por qué la propia Bankia ha remitido un informe en el que dice que Rato no cometió ninguna irregularidad, lo cual cuestiona el rescate y la propia presidencia de Goirigolzarri.

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