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La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa RiberaJesús Hellín - Europa Press

El plan de la Unión Europea para reducir el consumo de gas en el Viejo Continente parece que saldrá adelante. Tras las discrepancias iniciales de diversos Estados miembros, la Comisión Europea moduló su propuesta para contentar a países como República Checa, Portugal o España, que mostró sus discrepancias desde el primer minuto. “A diferencia que otros países, los españoles no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades desde el punto de vista energético”, señalaba entonces la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, quien hoy parece haber dado el visto bueno al plan comunitario: “Es un paso adelante muy importante. Aunque echemos de menos algunas de las cosas que hemos propuesto, creo que estamos obligados a decir que sí”.

Las declaraciones se han producido a la llegada del encuentro de los ministros de Energía comunitarios, un cónclave en el que se espera que se apruebe el último texto propuesto por la Comisión. El mayor punto de desencuentro entre países era la obligatoriedad de reducir un 15% el consumo en caso de alarma energética, aunque dicho porcentaje se mantiene como objetivo voluntario.

Finalmente, la propuesta tendrá en cuenta la realidad energética de cada país y permitirá a cada capital recortar menos de lo exigido si demuestran que están haciendo todo lo posible para suministrar gas a otros socios comunitarios a través del mecanismo de solidaridad europea. En el caso de España, el ahorro obligatorio sería del 7%.

En este sentido, España se ha postulado como la gran puerta de entrada de gas natural licuado al Viejo Continente. Según indicaron fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica a Europa Press la pasada semana, España propone que se pongan en valor sus infraestructuras y se tengan en cuenta las exportaciones de gas al resto de la Unión Europea con relación a los últimos cinco años.

El segundo gran punto de discordancia era quién tenía la potestad de establecer el estado de emergencia gasística. Inicialmente, la Comisión tenía el control para declarar la alerta energética, que también se podría declarar si así lo solicitaban tres Estados miembros. La solución no gustaba a buena parte de los Veintisiete y finalmente ha sido modificada.

Así pues, la Comisión podrá proponer lanzar un plan de ahorro obligatorio, pero tendrá que ser refrendado por los diversos Estados miembros que conformen una mayoría cualificada (15 países que representen el 65% de la población comunitaria). Además, la alerta energética también podría ser propuesta si cinco países lo consideran oportuno, añadiendo así dos países más para que sea necesario proponer lanzar esta alerta.

Según apuntas distintas fuentes comunitarias, algunos países como Alemania, muy dependiente del gas ruso, temen que las múltiples excepciones que contempla el texto ponen en riesgo el objetivo final de ahorrar energía de cara a un invierno sin gas ruso. Recientemente, Gazprom ha recortado nuevamente el flujo de gas que llega a través del gasoducto Nord Stream 1 alegando problemas técnicos con una turbina, cuyo reemplazo se encuentra en Alemania.

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