• Si dan el sí a Mas las consecuencias para la CUP serían devastadoras: se vería fuertemente dañada su credibilidad y sus votantes acabarían defraudados
  • Si Junts pel Sí se queda sólo con sus 62 escaños en el debate de investidura se abre un plazo de dos meses para encontrar alternativas
  • En el supuesto de que la CUP mantuviera el veto a Artur Mas no habría más remedio que volver a convocar los comicios autonómicos
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El nerviosismo recorre las filas de Junts pel Sí en las horas previas a la conferencia que dará la CUP. A las 19:00 horas de este jueves, 8 de octubre, se prevé que la formación que encabeza Antonio Baños rompa el silencio que se ha autoimpuesto en los últimos días y emita el veredicto final sobre si apoyan la investidura de Artur Mas.

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Desde Junts pel Sí han lanzado el ultimátum de que si no hay apoyo de los 10 diputados cupaires, habrá nuevas elecciones en febrero, informa El Confidencial. Una amenaza que parece más dirigida a cualquier otra fuerza del nuevo arco parlamentario catalán que a la CUP, ya que el PSC o Catalunya Sí que es Pot, tendrían mucho más que perder que la formación anticapitalista.

Siete de los 10 diputados electos de la CUP participarán en la conferencia que se celebrará desde el auditorio del Campus Ciutadella de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) para explicar "el posicionamiento de la organización ante los retos surgidos tras las elecciones plebiscitarias y constituyentes" del 27-S.

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La hoja de ruta de la CUP es inalterable: plan de choque social, ruptura con España y renovación de caras al frente de la política

Se espera que, entre otras cosas, expongan los acuerdos alcanzados tras el consejo político celebrado por la CUP el pasado sábado, en el que quedó patente que su hoja de ruta es inalterable: plan de choque social, ruptura con España y renovación de caras al frente de la política.

Este último asunto, que pone a Mas en la palestra, será el menos prioritario en las conversaciones con la candidatura que lidera Raül Romeva. Creen que el proyecto es lo primero, pero mantienen que no darán su voto a nadie que represente y encarne la Cataluña de los recortes.

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Así, aunque se puede obrar el milagro y el anuncio puede sorprender al mismísimo Mas, que puede recibir el respaldo de los cupaires, las apuestas están a favor de que las calabazas sean sonadas. Si Baños le da el sí al president de la Generalitat en funciones, éste ratificaría su figura como líder del proceso soberanista, pero las consecuencias para la CUP serían devastadoras ya que se vería fuertemente dañada su credibilidad y sus votantes acabarían defraudados.

Veamos cuatro escenarios que se dibujan si se cumplen los pronósticos y la CUP se mantiene firme en negar su apoyo a Mas:

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1. Que la CUP se salga con la suya. Sería el escenario más optimista, en el que Junts pel Sí decidiera dejar caer a Artur Mas y aceptara las propuestas que la formación independentista ya ha puesto sobre la mesa: una presidencia rotativa o más de un presidente. Hasta se puede dar el caso de que la candidatura de Romeva decida apartar completamente al president en funciones y el mismo Romeva, Carme Forcadell o el líder de ERC, Oriol Junqueras, den un paso al frente.

Artur Mas

Pero este escenario cuenta con la oposición de CDC. La vicepresidenta del Govern en funciones, Neus Munté, recientemente destacaba a Mas como un “activo imprescindible para el proceso”. Una opinión que parece extendida entre las filas convergentes.

Por otra parte, en el partido piensan que retirar a Mas es como hacer un favor al Gobierno central. De hecho, en esta línea se manifestaba la semana pasada el coordinador general de CDC, Josep Rull: "Lo que no ha conseguido el Estado lo logra el proceso".

En CDC piensan que retirar a Mas es como hacer un favor a Madrid

2. Que haya ‘tamayazo’. Cabe recordar que la investidura de Mas necesita mayoría absoluta en primera vuelta o simple en segunda. Así, si sólo dos diputados de los 10 de la CUP votaran "sí", ya se contaría con más votos a favor que en contra, siguiendo la lógica de la matemática parlamentaria. El anuncio podría ir en este sentido, dando, por ejemplo, libertad de voto entre las filas de la CUP.

Lo que se define como tamayazo es el cambio de voto de dos diputados del PSOE en la Asamblea de Madrid, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, tras las elecciones de junio de 2003, que acabó granjeando la mayoría necesaria a Esperanza Aguirre para gobernar en la Comunidad tras repetirse los comicios.

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3. Que otro partido acuda al rescate. Ya lo dijo la número dos de la CUP, hay vida más allá de los 10 diputados de la candidatura anticapitalista. Y desde otros grupos del Parlament, como Catalunya Sí que es Pot se podría encontrar un aliado. De hecho, el sector más catalanista de esta confluencia entre Podemos, ICV y Equo, dio señales de que ver con buenos ojos que Mas siguiera encabezando el proceso.

En cualquier caso, ante el evento de unas nuevas elecciones, el grupo de Luís Rabell no son los más perjudicados. El PSC sería quienes menos desean que los catalanes tengan que acudir de nuevo a las urnas, algo que el líder de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, ha dejado claro en recientes declaraciones.

5. El más catastrofista: elecciones en febrero. Si Junts pel Sí se queda sólo con sus 62 escaños en las dos vueltas del debate de investidura, que debe celebrarse como máximo el 9 de noviembre, se abre un plazo de dos meses para encontrar alternativas. En el supuesto de que la CUP mantuviera inalterable el veto a Artur Mas y Junts pel Sí no quisiera proponer un candidato alternativo, en enero el Parlament quedaría disuelto automáticamente y no habría más remedio que volver a convocar los comicios autonómicos, que se celebrarían entre 40 y 60 días después, con toda probabilidad en febrero. Cuatro elecciones en cinco años sería el legado político de Artur Mas, algo que se consideraría a todas luces un claro fracaso y que podría hacer descarrilar el proceso soberanista.

Desde las filas cupaires, el ya ex diputado Quim Arrufat, se desmarcó de la opinión oficial y admitió que si CDC llevara su “presión” al límite, la formación apoyaría a la investidura de Artur Mas como presidente de la Generalitat para evitar que el proceso “descarrile”.

Esta muestra de disensión entre las filas de la CUP, que también secundaba en Twitter el intelectual Julià de Jòdar, que reconocía a Mas como “uno de los nuestros”, algo que da esperanzas a CDC y hace pensar que todo puede ocurrir.

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