ep el papa francisco en la plaza de san pedro del vaticano
El Papa Francisco en la Plaza de San Pedro del VaticanoAlessia Giuliani

ROMA, 17 (EUROPA PRESS)

El Papa ha condenado que la "avaricia de unas pocas" personas adineradas esté agravando el sufrimiento de los pobres, al tiempo que ha lamentado que cuando se acerca un indigente se sienta "fastidio" y no se vea "su grito de auxilio como una llamada a salir de nuestro propio yo".

"No basta la etiqueta 'cristiano' o 'católico' para ser de Jesús. Hay que hablar su misma lengua, la del amor. La lengua del 'tú'. ¿Ayudo a alguien de quien no podré recibir? Estando con los pobres, aprendemos los gustos del Señor. Ellos nos facilitan el acceso al Cielo", ha dicho el Pontífice. "La Palabra de Dios impulsa a dar al que no tiene para devolvernos y a servir sin buscar recompensas y contracambios", ha añadido.

Francisco ha hecho estas reflexiones durante la Santa Misa que ha presidido con ocasión de la III Jornada Mundial de los Pobres, instaurada por él mismo en 2016 tras concluir el Jubileo de la Misericordia. La basílica de San Pedro ha reservado los primeros bancos a personas sin hogar, familias con pocos recursos e inmigrantes.

El pasado jueves, el Pontífice inauguró en el Vaticano un centro, instalado bajo la columnata de Bernini, que acogerá día y noche a las personas que duermen normalmente en los soportales de la Vía de la Conciliación, adyacente a la plaza de San Pedro. Hasta ahora, Francisco ha hecho instalar unas duchas, una barbería, una lavandería, así como centros sanitarios de primera asistencia, y puntos de reparto de mantas y comida.

Francisco ha instado a los fieles a preguntarse:"¿Tengo yo, como cristiano, al menos una persona pobre como amiga?". "Los pobres nos facilitan el acceso al cielo, desde ahora son nuestro tesoro, el tesoro de la Iglesia, porque nos revelan la riqueza que nunca envejece, la que une tierra y cielo, y por la cual verdaderamente vale la pena vivir: el amor", ha agregado.

Asimismo, ha pedido que no se preste atención a quien difunde "alarmismos y alimenta el miedo al otro y al futuro, porque el miedo paraliza el corazón y la mente". Y ha subrayado a este respecto: "Nos dejamos seducir por la prisa de querer saberlo todo y ahora mismo, por el cosquilleo de la curiosidad, por la última noticia llamativa o escandalosa, por las historias turbias, por los chillidos del que grita más fuerte y más enfadado".

Finalmente, ha señalado que "con el afán de ir rápido, quien queda atrás, molesta y se considera descarte".

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