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Las actas del último Comité de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) de la Reserva Federal (Fed) sugieren que los participantes ya cuentan con que el organismo está muy por detrás de la curva y están desesperados por ponerse al día, según el último informe de RaboBank. Estos expertos prevén, por ello, un mayor endurecimiento que puede tensionar aún más la economía estadounidense.

De hecho, han elevado sus previsiones de subidas de tipos par mayo y junio a 50 puntos básicos por reunión desde los 25 anteriores, mientras que para julio no cambian sus estimaciones de un alza de 25 puntos, “pero no esperamos que el FOMC se tome una pausa en septiembre para evaluar el impacto tanto del choque negativo de la oferta de Ucrania como del endurecimiento de la política monetaria”.

Pese a todo, la Fed seguirá subiendo los tipos, según RaboBank, pero a un ritmo más lento, de 25 puntos básicos por reunión en la segunda mitad del año y así se acercará a nivel “neutral” para el final de 2022.

“Esperamos que la Reserva Federal siga subiendo el tipo de interés más allá del nivel neutral a principios del próximo año. Sin embargo, dado que las perspectivas económicas se están deteriorando, el ciclo de subidas de la Reserva Federal podría llegar ya demasiado tarde”, advierten en su estudio. De hecho, creen que las recientes inversiones de la curva de rendimientos sugieren que este ciclo de subidas podría terminar prematuramente y dar pie a una recesión.

Entre las amenazas para la economía, destacan dos: una exógena derivada de las perturbaciones negativas de la oferta y otra endógena, por el ciclo de subidas de la Fed.

AMENAZA EXÓGENA

El primer punto débil señalado se producirá en el segundo semestre, cuando se espera que el conjunto de la economía mundial reciba el duro golpe de la guerra en Ucrania, “aunque el impacto directo del choque negativo sobre la oferta derivado de la invasión rusa de Ucrania y las posteriores sanciones será menos grave para EEUU que para Europa, al menos ralentizará la economía estadounidense”.

Puede consultar aquí el directo especial de 'Bolsamanía' sobre la guerra.

De hecho, el encarecimiento de la energía beneficiará solo a los productores, pero no a los usuarios finales, los consumidores, por lo que los ricos tienen más probabilidades de beneficiarse que los hogares de bajos ingresos. “De hecho, estos últimos se verán muy castigados por la subida de los precios. Y estas son también las personas que probablemente se queden sin ahorros -impulsados por los cheques de alivio Covid de las administraciones Trump y Biden- antes que los hogares de altos ingresos”, sentencian.

Defienden que Estados Unidos está mejor capacitado para hacer frente a una crisis de estas características que en 1970, pero solo en conjunto. “En lugar de una transferencia de ingresos internacional de EEUU a Oriente Medio, ahora se trata de una transferencia de ingresos interna de los consumidores a los productores, y de los pobres a los ricos”, argumentan.

De hecho, según los analistas de RaboBank, si el impacto es mayor de lo previsto, las agresivas políticas de la Fed podrían llegar en el momento equivocado, afectando a los hogares con menos ingresos tanto la inflación como la subida de tipos, además de erosionar sus presupuestos y agotar sus ahorros, sin poder pedir préstamos para hacer frente a los costes.

AMENAZA ENDÓGENA

En el caso de que la recuperación de Estados Unidos sobreviva a esta primera fase, es probable que la Fed empuje a la economía a la recesión, algo que, tal y como comentan, incluye la espiral de precios salariales que se ha impuesto. “A estas alturas, ralentizar fuertemente la economía o llevarla a la recesión es probablemente la única manera de poner fin a este proceso. En otras palabras, si no es por accidente, tendrá que ser por diseño que el endurecimiento de la política monetaria de la Fed provoque una recesión”, sostienen.

Tal y como explican, aunque al principio los salarios seguían cayendo pese al repunte de la inflación, en junio se empezaron a revalorizar los sueldos. En julio, por ejemplo, los precios subieron un 4% mientras que los salarios de los que permanecen en el empleo crecieron a un ritmo más lento hasta diciembre.

“Esta divergencia entre los que cambian de trabajo y los que se quedan apoyaba la hipótesis de que la falta de poder de negociación debido al descenso secular de las tasas de sindicalización en EEUU impediría una espiral de precios salariales”, señalan, aunque en los últimos meses la evolución de los sueldos de los que permanecen se ha acelerado hasta el 5,3% de marzo, una cifra inferior al 7,1% de los que cambian de puesto de trabajo.

Esto, según RaboBank, sugiere que las bajas tasas de sindicalización en EEUU pueden no impedir esa espiral alcista. De hecho, los denominados como ‘salarios de eficiencia’ dan a las empresas una razón para acelerar esos incrementos para evitar que los que siguen en sus puestos de trabajo se vayan.

“El hecho de que el crecimiento salarial se haya extendido a los que permanecen en el empleo nos sugiere que la inflación se ha vuelto aún más persistente. Por consiguiente, será necesaria una política monetaria restrictiva para volver a controlar la inflación”, concluyen.

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