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COVIRÁN

El consumo de los hogares se frenará este año y el que viene. Aunque seguirá creciendo, la hará por debajo del 2%, lo que supone seis décimas menos que el registrado en los dos años anteriores. Entre los motivos, se encuentra el aumento más modesto de la financiación para este fin que, aunque se prevé que siga creciendo, lo hará a tasas menores que las registradas en el pasado ejercicio.

La estadística publicada este jueves por el Banco de España señala que el crédito al consumo concedido por la banca se desaceleró en junio respecto al mes anterior hasta situar la tasa de crecimiento anual en el 4,1%, una cuota que no se registraba desde finales de 2016.

En la primera mitad de 2019, el crecimiento del volumen de nuevas operaciones de crédito al consumo se ralentizó hasta el 5,1%, doce puntos menos que en el promedio de 2018, según el informe Situación Consumo de BBVA Research. De hecho, es el único segmento que se comporta así, dado que las operaciones de financiación se ven impulsadas por el uso de la tarjeta y el crédito revolving.

En un contexto de estabilidad de los tipos de interés y de repunte de la morosidad, la Encuesta BBVA de Tendencias de Negocio prevé que la demanda de crédito al consumo continuará ralentizándose. Aunque, según la Encuesta de Préstamos Bancarios (EPB), coordinada por el Banco Central Europeo (BCE), recoge que los criterios de aprobación de préstamos al consumo, que se endurecieron en el primer trimestre de 2019, en contraste con lo sucedido en otras economías de la eurozona, se habrían mantenido estables en el segundo.

El departamento de análisis de BBVA asegura que el dinamismo del consumo será menor en la segunda mitad de 2019 y en 2020. En concreto, subirá un 1,8% este año y un 1,7% el próximo, seis décimas menos que el avance promedio registrado en el periodo 2017-2018. Y señala tres motivos.

Uno es el aumento más modesto de la financiación al consumo y el repunte de la tasa de ahorro, tanto por factores coyunturales, relacionados con la mayor incertidumbre, como estructurales, asociados al envejecimiento de la población. Otro es la desaparición de los elementos transitorios que incentivaron el gasto en años precedentes, como la demanda de bienes duraderos y el impacto de la política monetaria expansiva sobre la carga financiera de las familias. Por último, apunta al menor empuje de algunos de los determinantes del consumo, como la riqueza financiera neta, afectada por la volatilidad de las cotizaciones bursátiles y la reorientación del ahorro hacia activos más seguros, aunque menos rentables.

Frente a estos aspectos, el informe destaca otros factores que, por el contrario, jugarán a favor del gasto de los hogares. El crecimiento ininterrumpido de la riqueza inmobiliaria y la complementariedad que existe entre la demanda de vivienda y el consumo de algunos bienes y servicios incentivarán el consumo.

Además, el impulso fiscal incluido en los Presupuestos Generales del Estado de 2018 y las medidas adicionales aprobadas durante los últimos meses, entre las que destacan el aumento de las pensiones, de las remuneraciones de los empleados públicos y del salario mínimo, seguirán contribuyendo al avance de la renta de las familias, especialmente si las empresas continúan absorbiendo la revalorización de los salarios en lugar de trasladarla a precios, sin limitar la creación de empleo.

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