ep el logo de caixabank tras la sustitucion por el de bankia en las inmediaciones de las torres kio
Jesús Hellín - Europa Press
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Con el ansiado fin de las restricciones por la pandemia del Covid-19 cada vez más cerca, las entidades buscan cómo participar en la subida del consumo que protagonizarán los hogares tras los meses de ahorro. CaixaBank ha estrenado su primer producto global tras la fusión con Bankia que incluye una tarjeta que el cliente puede configurar según sus necesidades. Pero habrá que tener cuidado, pues fraccionar los pagos supone un interés del 23%.

'MyCard' es el producto más destacado de 'MyDreams', la campaña de CaixaBank con la que busca impulsar la financiación al consumo mediante crédito preconcedido destinado a unos seis millones de clientes de la entidad. Se trata de un tipo de tarjeta configurable que combina los servicios de fraccionamiento de pago y financiación de compras con la experiencia de usuario de la tarjeta de débito.

Ofrece la posibilidad de pagar a plazos las compras superiores a 40 euros y elegir el periodo de pago: en tres, seis o doce meses. Además, es "la primera" tarjeta de la entidad que incluye la posibilidad de agrupar el pago de las compras fraccionadas. Eso sí, el cliente que opte por fraccionar o aplazar el pago tendrán que enfrentarse a un tipo de interés del 20,88% anual (TAE 23%), según se detalla en las condiciones.

"Este producto híbrido fácilmente se convierte en una tarjeta revolving", destacan los abogados de 'Reclama por mí'. "Sencillamente no nos lo podemos creer", dicen, puesto que este tipo de interés está considerado como usura "por innumerables audiencias en toda España". También por el Tribunal Supremo, que hace más de un año consideró "usura" los contratos de tarjetas revolving con intereses superiores al 20%.

Destacan que "se comercializa como ya se hizo en el pasado bajo el nombre de una tarjeta que permite otras modalidades de pago del crédito como el aplazamiento y el fraccionamiento". Así, se vende como "una opción que a simple vista parece sencilla y atractiva, pero de la que en muchas ocasiones el consumidor desconoce sus verdaderas consecuencias" y esa "falta de información es la que lleva muchas veces a que el usuario termine pagando el doble o más de lo que solicitó en un primer momento", asegura el COO de la plataforma legal, Javier Moyano.

Añade que "las entidades suelen omitir información importante sobre los créditos revolving, tanto al comercializarlos como a lo largo de la vida del contrato, para que los clientes accedan a su contratación. De haber sido conscientes de lo que han implicado estas tarjetas, especialmente los intereses abusivos que aplican, probablemente muchos se lo pensarían dos veces".

Pero CaixaBank no es el único. Otros bancos españoles continúan comercializando este tipo de tarjetas y sus intereses siguen por encima del 22%. Aunque es cierto que tras esto las entidades financieras han ido ajustando sus tipos de interés, el precio medio del mercado está instalado en el 22,84% debido a los elevados costes adicionales, según constatan desde Asufin.

¿Cómo diferenciar una tarjeta de crédito común de una revolving? En los dos casos, todas las compras o disposiciones de efectivo que se realizan con ellas quedan aplazadas automáticamente, pero la principal diferencia es su funcionamiento. Las tarjetas de crédito permiten agrupar todas las compras del periodo de facturación que el usuario tenga establecido y pagarlas íntegramente en la fecha de cargo elegida, es decir, el día fijado en el contrato firmado con la entidad financiera, normalmente a final de mes. Sin embargo, con la tarjeta revolving el pago se realiza a plazos en cuotas fijas mensuales que se estipulan en el contrato.

A los elevados intereses hay que sumar que los créditos de las tarjetas revolving se renuevan cuando llega el siguiente plazo de pago, pues al ser una cuota fija mensual, si el gasto con la tarjeta revolving supera esa cuota, esa cantidad se acumula. De esta manera, pese a que el consumidor paga todos los meses la misma cuota, la deuda aumenta mes a mes, por lo que a más tiempo de posesión de dicha tarjeta, mayor deuda se genera. En las tarjetas de crédito que se tienen en mente, las que siempre se han usado, el consumidor abona el día estipulado el gasto que ha realizado, así como los intereses que se le pudiera aplicar, pero no se acumula a otro mes, señalan los expertos de Reclamador.

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