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La gran crisis de WeWork ha hecho saltar las alarmas entre los inversores. Una de las startups más prometedoras de los últimos años, que llegó a alcanzar una valoración privada cercana a 50.000 millones de dólares, ha cancelado su salida a bolsa y está negociando a la desesperada una inyección de capital para evitar su quiebra.

The We Company, matriz de la multinacional de alquiler de oficinas y espacios de 'coworking' WeWork, canceló hace dos semanas de forma indefinida su salto a los mercados. El movimiento se produjo menos de una semana después de que su fundador y consejero delegado, Adam Neumann, fuera obligado dejar el cargo por el "escrutinio" de los medios y los inversores sobre su manera de gestionar la compañía.

El grupo japonés SoftBank, uno de sus máximos accionistas, anunció una inyección de capital de 1.000 millones de dólares. Sin embargo, este respaldo no ha sido suficiente, ya que los bonos de WeWork están hundiénsose y su rentabilidad se ha disparado hasta el 13%.

En estos momentos, está negociando con el banco estadounidense JPMorgan Chase un rescate de 5.000 millones de dólares, ya que su otra opción sería otorgar el control del accionariado a SoftBank, que ha inyectado hasta el momento unos 10.000 millones de dólares junto al fondo de inversión Vision Fund.

La caída del valor de WeWork ha sido dramática. En enero, fue tasada por SoftBank en 47.000 millones de dólares. Sin embargo, al anunciar su intención de cotizar en los mercados, los inversores pusieron en entredicho su modelo de negocio. En el primer semestre, el 'unicornio' estadounidense generó unos ingresos de 1.540 millones de dólares y unas pérdidas de netas de 690 millones. Esto redujo su valoración hasta 20.000 millones de dólares, pero tampoco ha soportado el escrutinio del mercado.

La pérdida de confianza del CEO de Softbank, Masayoshi Son, en la gestión de Adam Neumann, ha provocado un cambio de CEO y la cancelación de la OPV. La última entidad afectada por esta crisis ha sido Goldman Sachs. El banco estadounidense ha tenido que reducir la valoración de su participación en WeWork en 80 millones de dólares durante el tercer trimestre. Del mismo modo, otro banco americano, Jefferies, ha tenido que realizar una provisión de 146 millones.

La inyección de capital que negocia WeWork, similar a la cantidad que pretendía recaudar con su salida a bolsa, también está siendo muy polémica. Según Bloomberg, incluye 2.000 millones de dólares en bonos no garantizados con un cupón del 15%. Esta rentabilidad tan elevada indica la poca confianza actual del mercado en la compañía.

"Puede haber poco apetito por un negocio que quema efectivo y que enfrenta otros factores en contra, incluso con un rendimiento de bonos superior al 10%", han señalado los expertos de Bloomberg Intelligence. Uno de los grandes problemas de la empresa es su necesidad de liquidez, que esperaba paliar con los 6.000 millones que aspiraba a recaudar de los inversores.

Los 2.000 millones de deuda no garantizada pueden incluir warrants para que los inversores puedan aumentar su rentabilidad un 30% si finalmente WeWork alcanza una valoración de 20.000 millones de dólares. La empresa pagaría solo un tercio del cupón en efectivo, mientras que el resto del interés se acumularía y vencería al vencimiento, según ha explicado la cadena de noticias.

La operación ha sido diseñada por JPMorgan, que ya lideró la primera emisión de deuda por valor de 669 millones de dólares, con un interés del 7,875% y vencimiento en 2025. El banco dirigido por Jaime Dimon se juega mucho en este tema, porque ha sido uno de los principales financiadores de WeWork en los últimos años.

Por otra parte, Masayoshi Son ha encargado recortar los elevados costes de la empresa, que cuenta con nada menos que 47.000 millones de dólares en obligaciones de arrendamiento durante los próximos años, según la información proporcionada antes de su fallida salida a bolsa. En la actualidad, cuenta con 528 localizaciones en 111 ciudades de 29 países.

La última y dolorosa medida que puede verse obligada a tomar WeWork es el despido de 2.000 empleados, el 13% de su plantilla de 15.000 trabajadores. El periódico británico The Guardian señala que estos recortes pueden ser aún mayores debido a su delicada situación económica. En apenas unas semanas, la compañía ha pasado del cielo al infierno y la pregunta ahora es si sobrevivirá a su primera gran crisis.

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