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Los más veteranos de la antigua Caja Madrid que quedan en Bankia -y, sobre todo, la legión que se ha prejubilado- recuerdan que en la sede central de la entidad en la madrileña Plaza de Castilla había un ascensor exclusivo para subir desde el garaje a la planta noble, y que cualquier directivo que se montaba en él -por mucho rango que tuviera- se llevaba una buena reprimenda de la secretaria y directora de comunicación de Rodrigo Rato, Teresa Arellano. Porque solo podían usarlo dos personas: el propio Rato... y José Manuel Fernández Norniella.

Esta anécdota demuestra que Norniella era el hombre de confianza del presidente de Bankia en el momento de la salida a bolsa, su número dos, el único que podía subir en su ascensor. No era un mero consejero más que no estaba en el día a día de la entidad y que se enteró del precio de la OPV por la CNMV, como declaró ayer en el juicio del 'caso Bankia' en la Audiencia Nacional.

Como saben todos esos veteranos, Norniella llevaba todo el negocio bancario de la entidad, mientras que el no bancario (comunicación, fundación, obra social...) estaba a las órdenes de Arellano. Pero ninguno de los dos tenía un cargo oficial. El primero era mero consejero y la segunda, secretaria, aunque fuera plenipotenciaria.

Norniella, viejo zorro, no quiso tener cargo ni aparecer en ninguna de las fotos del debut bursátil, en las que Rato aparece rodeado de los presidentes de las cajas que habían formado Bankia y de otros directivos. Prefería manejar los hilos en la sombra (Arellano cometió el error de ser testaferro de varias empresas del exvicepresidente del Gobierno, por lo que fue detenida en octubre de 2015). Otra muestra de su astucia fue que devolvió las cantidades gastadas con su tarjeta 'black,', lo que redujo su condena a un año menos un día -y le libró de pisar la prisión, al contrario que su jefe-.

Este hombre de la máxima confianza de Rato había sido secretario de Estado de Comercio cuando el político 'popular' fue ministro de Economía, y posteriormente fue presidente del Consejo de Cámaras de Comercio y de lo que entonces era Ebro Puleva. Entró en el consejo de Caja Madrid en 2006 de la mano de Blesa, pero su ascenso a los altares se produjo con la sustitución de este por Rato en enero de 2010.

Norniella, como Rato, posiblemente hizo todo lo posible por salvar una entidad que estaba quebrada (Caja Madrid) y que no hizo sino empeorar con la integración de otra que estaba todavía peor, la valenciana Bancaja. Pero no puede alegar ignorancia de lo que pasaba en ningún caso.

Otra cosa es que la salida a bolsa le fuera impuesta por el Gobierno y, sobre todo, el Banco de España. Y, como ha informado Bolsamanía, existen muchas posibilidades de que el juicio absuelva a los acusados porque Rato ya está en la cárcel, porque demostrar falsedad contable no es tan fácil y porque una condena salpicaría al supervisor y a todo el 'establishment' financiero.

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