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La presidenta del Banco Central Europeo, Christine LagardeFrank Rumpenhorst/dpa

El 80% de los bancos centrales lleva algún tiempo trabajando en el desarrollo de su propia criptomoneda. El anuncio del proyecto Libra de Facebook en junio del año pasado espoleó a las entidades supervisoras a avanzar en el estudio de emisiones de dinero criptográfico, ante la inminente llegada de un mercado para este tipo de activos. La red social de Mark Zuckerberg ha reorientado su ‘cripto’ hasta convertirla en un sistema de pago parecido a PayPal, pero bancos centrales como el europeo han mantenido sus equipos de trabajo para estar listos “cuando llegue el momento”.

El Banco Central Europeo (BCE) se ubica en el grupo de entidades que está realizando investigaciones con un alto control de variables. Aproximadamente el 40% del total de reguladores monetarios que están llevando a cabo desarrollos de este tipo, según una encuesta realizada por Bank for International Settlements (BIS). Otro 10%, entre los que se encuentra el Banco Popular de China, ya ha desarrollado proyectos pilotos y maneja resultados parciales para futuras pruebas de CBDC, el acrónimo en inglés para monedas digitales emitidas por bancos centrales.

El estudio, publicado en marzo de 2020 indica un incremento del 10% en el interés de los bancos centrales respecto al año anterior y refleja una mayor necesidad en estas instituciones de estar listos para cuando haya “interés comercial”, tal como señaló el miembro del BCE, Yves Mersch, durante una conferencia online la semana pasada. El director del BIS Agustín Carstens, asegura que la razón de este apresuramiento está en el movimiento de Zuckerberg, aunque en 2018 ya se estaban investigando las CBDC.

En este sentido, “las economías emergentes reflejan motivaciones más fuertes que aquellas más consolidadas en cuanto a la intención de trabajar en el desarrollo de una CBDC”, explica Carstens. “La eficiencia de los pagos nacionales, la seguridad en los pagos internacionales y la inclusión financiera figuran como los motivos más importantes para estas entidades. Entre las economías más avanzadas tienen interés en estos activos más por un tema de eficiencia en las transacciones”.

Así, tal como aclaró el mismo Mersch, el trabajo del BCE sobre monedas digitales "no se produce porque queramos seguir las tendencias de moda, sino porque tenemos que estar preparados". Pero sin dar un paso más allá hasta que “realmente haya un interés comercial para darlo”. El europeo, al igual que otros bancos centrales, “es muy receptivo a las propuestas internas y de mercado en innovación digital, pero al mismo tiempo es cauto al analizar con detalle las ventajas y desventajas de cada propuesta”, señala Alejandro Neut, economista de BBVA Research, en una nota.

De hecho, hay dos productos bajo estudio en el BCE, según Mersch. Por un lado, una moneda criptográfica mayorista, restringida a un grupo limitado de contrapartes financieras, que funcionaría como cualquier otro producto en los mercados. Sin embargo, una “CBDC minorista, accesible para todos, provocaría un gran cambio en las reglas de juego”. El miembro del Comité Ejecutivo del BCE anunció que se están centrando en este último caso.

La creación de esta suerte de euro criptográfico necesita abordar el estado del curso legal de la moneda, establecer su relación con el euro fíat y el proceso por el cual se podrían intercambiar uno por otro. Y en este sentido, Mersch explicó los dos enfoques que manejan: “Un token digital descentralizado o que esté anclado a los depósitos de divisas del banco central”.

En cualquier caso, el banco central señala que ahora mismo no hay mercado para este tipo de activo, por lo que la investigación del BCE es puramente analítica. Sin embargo, subraya que la entidad está tomándose muy en serio el diseño óptimo de estos tokens para estar a punto “en caso que tomemos esta decisión -de lanzar emisiones de CBDC- en el marco de nuestras políticas monetarias”.

La cautela de los bancos centrales se explica porque su misión es la de velar por la estabilidad financiera y “llevan razón en preocuparse de que futuras soluciones digitales no interrumpan este buen funcionamiento”, comenta Neut. “Una disrupción podría incluso poner en juego la misma efectividad de la política monetaria”, añade. “Por ello, deben evitar la creación de un sistema bancario en la sombra, que es volátil por naturaleza, ya que no tiene las necesarias garantías ni regulación”, concluye el experto de BBVA.

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