la bce devrait sortir des taux negatifs d ici fin septembre selon christine lagarde

El desplome del euro a mínimos de 20 años el 5 de julio y la cada vez más real amenaza de la paridad con el dólar ha encendido todas las alarmas en la eurozona. Los expertos internacionales califican la situación para la moneda comunitaria de desesperada y exigen al Banco Central Europeo (BCE), que "se ponga las pilas", en palabras de Neil Wilson, analista de Markets.com. La impaciencia de los mercados es palpable y toda la atención está puesta en la publicación de las actas de la reunión de junio del supervisor monetario para adivinar qué margen de maniobra considera que tiene el Consejo de Gobierno para endurecer la política monetaria a un ritmo mayor del declarado por la presidenta del BCE, Christine Lagarde.

La inflación de la eurozona, en máximos históricos, pone en apuros al banco central y dadas las cifras preliminares de junio, del 8,6% para el IPC comunitario, los economistas hacen cábalas con una mayor dureza del instituto emisor que estreche las divergencias con la política de la Reserva Federal de EEUU (Fed). Sin embargo, reconocen que está entre la espada y la pared, "ya que necesita subir los tipos de interés para atajar la inflación e impulsar su moneda y, al mismo tiempo, apoyar a unas economías en dificultades que apenas se están recuperando tras dos años de problemas relacionados con la pandemia", comenta Walid Koudmani, analista jefe de XTB.

"Con el anunciado giro restrictivo de su política monetaria, la fragmentación financiera ha vuelto al centro del debate", explica Franck Dixmier, director de inversiones global de Renta Fija de Allianz Global Investors. Sin embargo, recuerda que desde 2012 sabemos con certeza que la política monetaria del BCE tiene dos objetivos: mientras que la estabilidad de los precios es oficialmente el único mandato del banco central, la estabilidad financiera se ha convertido en un objetivo explícito desde el momento del "cueste lo que cueste" de la crisis de la eurozona.

Con el fin de las compras de valores previsto para finales de junio y las subidas de tipos que seguirán en la reunión de julio, la tarea del BCE se complica a ojos de este experto porque "sus dos objetivos son difíciles de conciliar". "Subir los tipos para contrarrestar la subida de los precios endurecerá inevitablemente las condiciones financieras de los países con las finanzas públicas más frágiles, en primer lugar: Italia", explica. Y añade que "la consecuencia es un riesgo de fragmentación financiera, es decir, la ampliación de los diferenciales entre los distintos países de la zona euro, lo que limita de facto al banco central en la correcta transmisión de su política monetaria".

Este riesgo ha empezado a materializarse en los últimos meses y se ha hecho aún más evidente en las últimas semanas: el tipo de la deuda pública italiana a 10 años (BTP) superó el 4% el 13 de junio, un máximo de 8 años, mientras que en el verano de 2021 estaba en el 0,50%. El diferencial Bund/BTP a 10 años, con un mínimo de 90 puntos básicos en 2021, alcanzó un pico reciente de 240 puntos básicos el 14 de junio.

"El problema es aún más urgente ya que el BCE lleva retraso en la normalización de su política monetaria", exclama Dixmier. Frente a las sorpresas de la inflación y los riesgos de desanclaje de las expectativas de inflación, cree el experto que el BCE "necesita tener una total libertad de acción en la dirección de los tipos a corto plazo. En este contexto, la aplicación de un instrumento dedicado a contrarrestar la fragmentación financiera se convierte en una condición necesaria para el respeto de su mandato de la estabilidad de los precios".

Queda por ver cuál podría ser el mecanismo. A mediados de junio, el banco central anunció que aplicará flexibilidad en la reinversión de los reembolsos que venzan en la cartera del PEPP, con el fin de preservar el funcionamiento del mecanismo de transmisión de la política monetaria, condición previa para que el BCE pueda cumplir su mandato de estabilidad de precios. Además, decidió dar un mandato a los comités pertinentes del Eurosistema, junto con los servicios del BCE, para que aceleren la finalización del diseño de un nuevo instrumento antifragmentación que se someterá a la consideración del Consejo de Gobierno.

Diximier recuerda al respecto que "la Operación Monetaria de Compraventa (OMT) de 2012 nunca se utilizó". Es específica para cada país y, en principio, ilimitada, y por lo tanto creíble para los mercados, pero requiere que el país en cuestión recurra al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) y es condicional. "La reutilización de los actuales programas de compra de activos es muy difícil de prever: el Programa de Compra de Valores Públicos (PSPP) se supone que no es específico de un país y debe respetar las claves de distribución; en cuanto al Programa de Compra de Emergencia Pandémica (PEPP), su uso encontraría obstáculos legales", abunda el experto.

"Si bien la reunión de urgencia del BCE a mediados de junio puede haber parecido incómoda en términos de calendario, tuvo el mérito de confirmar su compromiso de tratar el tema de forma proactiva... y eso es una muy bienvenida novedad", valora el director de inversiones de Allianz Global Investors. "El BCE está acostumbrado a reaccionar, aunque de forma creativa, en tiempos de crisis, pero tomar la iniciativa es innegablemente más creíble y eficaz". "A la espera de más detalles, el anuncio de la posible reutilización de las caídas del PEPP para luchar contra las presiones de los diferenciales tuvo un efecto positivo... ¿pero por cuánto tiempo? En un tema muy político, los debates volverán a ser intensos en el seno del Consejo de Gobierno y el reto está en la ejecución", apostilla.

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