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La lira turca ha vuelto a sufrir notables caídas este jueves, cuando se ha dejado dejado un 3% y ha alcanzado el cambio inédito de 8,655 por euro, un nuevo mínimo histórico. Frente al dólar, ha rebasado su peor cotización de todos los tiempos, hasta 7,311 por cada billete verde, superando su peor cambio contra la moneda de EEUU del 7 de mayo, cuando se desplomó hasta 7,268 por dólar. El viernes, trata de recuperar algo de terreno, pero no puede con la enorme presión bajista.

Nunca se pagó tan poco por la divisa otomana. "El cruce marcó este jueves, intradía, un nuevo mínimo aunque cerró en los 7,2179. Es un subyacente en subida libre/caída libre según cómo se mire. En caída libre si lo miramos como devaluación de la divisa turca contra el billete verde y contra eso no hay nada que hacer", explica José María Rodríguez, analista técnico de Bolsamanía.

La noticia ha hecho sonar las alarmas en BBVA, una de las mayores entidades del país a través del Garanti, y se añade a todos los problemas por los que pasa el banco, que ha bajado un 2,33% este jueves en el Ibex y cuya acción cotiza a 2,60 euros, cerca de los mínimos de marzo.

La entidad presidida por Carlos Torres y que dirige el turco Onur Genç, sufrió en bolsa la semana pasada, tras la presentación de sus resultados, cuando reportó un beneficio atribuido en el segundo trimestre que se situó en 636 millones de euros, un 49,5% menos tras incorporar las dotaciones relacionadas con la pandemia.

La gravedad de la situación en Turquía, donde su banco central no ha logrado contener la sangría en la reserva de divisas pese a múltiples intervenciones, lastra aún más al banco vasco. La moneda ha sufrido una depreciación del 9% frente al euro y cerca del 6% frente al dólar tan sólo en el último mes.

Las entidades estatales han vendido reservas en moneda extranjera para ayudar a frenar la caída de la lira. Varios economistas han recomendado al gobierno otras medidas para frenar la depreciación de la moneda turca, como aumentar las tasas de interés o limitar los créditos. La despensa de divisas de la que dispone el banco central para apuntalar la moneda lleva en contracción casi cinco meses, a medida que el regulador monetario ha intentado apuntalar la moneda y protegerla de la ruina financiera.

Debido a la reducción de las reservas extranjeras, una inflación más alta, una deuda en aumento y una devaluación de la moneda, se avecina un colapso peor que el de primavera, que ya empieza a palparse. Lo único que podría evitar que la inflación explote es un incremento en las tasas de interés, pero el presidente Recep Tayyip Erdogan y el banco central han mantenido una visión no convencional y opuesta. Durante el año pasado, Erdogan eligió reducir los tipos de interés para impulsar el crecimiento y el gasto para estimular la economía, especialmente después de que el coronavirus paralizara Turquía.

El banco central de Turquía mantiene su tasa de interés de referencia sin cambios en el 8,25%, desde su última rebaja el pasado mes de mayo, tras nueve reducciones consecutivas desde un máximo del 24% durante el primer semestre de 2019.

Todo este panorama llevaba a Moody's a señalar en julio "nuevas preocupaciones del mercado" sobre la política económica de Turquía y pronosticó "una contracción económica del 5% en 2020, con la desaceleración concentrada en la primera mitad del año, seguida de una recuperación relativamente lenta de los estándares turcos de alrededor del 3,5% en 2021 como consecuencia de varias restricciones estructurales". El Fondo Monetario Internacional también ve que la economía de Turquía se contraiga un 5% este año, después de que se expandió solo un 0,9% el año pasado.

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