
La guerra en Irán acapara el foco de los mercados. La inestabilidad provocada por el conflicto en Oriente Medio ha puesto patas arriba las bolsas mundiales, cuya volatilidad se ha disparado debido a la escalada estelar del petróleo. Tal es la preocupación por las potenciales consecuencias derivadas de esta guerra que los temores a la inteligencia artificial (IA) parecen haber quedado atrás, y ni mucho menos es así.
La tecnología y otras acciones de crecimiento siguen sufriendo en bolsa, especialmente en estos momentos de incertidumbre en los mercados. En este contexto, las acciones de compañías dedicadas al software vuelven a encontrarse entre las más castigadas por los inversores, ya que, a la preocupación por las repercusiones de este conflicto, se suma el miedo a los efectos de la IA, que ya venía lastrando a estos valores.
Y es que el mercado sigue preguntándose si este ciclo de inversión en IA dará sus frutos. En primer lugar, porque el elevado apalancamiento de las compañías preocupa cada vez más a los inversores que no ven claro si este gasto acabará traduciéndose en beneficios. Y si no es así, porque entonces es difícil justificar las valoraciones actuales de algunas 'big tech'.
En este contexto, los grandes beneficiados están siendo sectores de la "economía tradicional", donde activos físicos como los centros de datos probablemente desempeñarán un papel clave de apoyo importante en la adopción de la inteligencia artificial.
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"Sectores que antes eran considerados 'falsas gangas' podrían presentar oportunidades atractivas a medida que los precios se ajustan a sus fundamentos subyacentes. Incluso cuando las acciones cotizan cerca de máximos históricos, los inversores están reevaluando qué empresas probablemente se beneficiarán de nuevas inversiones en inteligencia artificial", señalan los analistas de Goldman Sachs Research.
Pese a la incertidumbre actual, la firma estadounidense considera que los mercados volverán más pronto que tarde a ignorar las tensiones geopolíticas como han hecho en los últimos meses, ya que siguen beneficiándose de "un sólido entorno económico global, impulsado por un crecimiento robusto, apoyo de políticas económicas, tipos de interés más bajos en EEUU y un dólar más débil". "Nuestros investigadores esperan que estos apoyos clave continúen en el futuro previsible y sigan impulsando al alza la rentabilidad de las acciones", agrega la entidad.
Para Peter Oppenheimer, estratega global jefe de renta variable de Goldman Sachs, los "fuertes" retornos a nivel de índices y la mayor participación geográfica —de hecho, muchos mercados tuvieron mejor desempeño que EEUU en 2025— "ocultan importantes rotaciones" que se están produciendo dentro de los mercados de renta variable. Según este experto, los cambios "más dramáticos" reflejan "la evolución en la evaluación que hacen los inversores sobre los posibles ganadores y perdedores de la IA".
"El año pasado, las acciones de valor comenzaron a recuperarse, especialmente fuera de EEUU, destacando los renovados beneficios de la diversificación por geografía, sector y factor, una tendencia que ha continuado durante este año", añade Oppenheimer.
¿MERECE LA PENA LA IA?
Esa es la gran pregunta que se hace el mercado. Oppenheimer señala que las reacciones del mercado a los avances en IA imitan a las de las revoluciones tecnológicas pasadas. Según este experto, la rápida innovación atrae grandes cantidades de capital de los inversores, elevando las valoraciones de cualquier empresa considerada vinculada a la innovación. Tras este periodo inicial de entusiasmo, una combinación de nueva competencia y menores retornos (o ambos) tiende a reducir las valoraciones y aumentar la diferencia entre ganadores y perdedores.
Según el analista jefe de Goldman Sachs, está sucediendo algo similar a lo que ocurrió con la comercialización de Internet hace un cuarto de siglo. Y es que, como decimos, los inversores vuelven a centrarse en los vínculos entre el mundo virtual y el físico, ya que las perspectivas de crecimiento futuro de la IA dependen cada vez más de activos como centros de datos y suministros de energía.
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"A medida que el gasto de capital de los hiperescaladores —grandes proveedores de potencia de cálculo para la IA, como Amazon o Microsoft— se ha disparado, se ha extendido hacia un mayor gasto de capital en otras industrias que están construyendo la infraestructura fundamental de la que depende el crecimiento futuro de los gigantes tecnológicos dominantes”, escribe Oppenheimer. Además, este gasto elevado ha "llevado a los inversores a cuestionar su capacidad colectiva para generar retornos adecuados sobre la inversión".
Esa reevaluación de las perspectivas sobre compañías como Google o Meta ha provocado que el crecimiento se desacelere y que aumente la dispersión de resultados dentro del sector tecnológico. En concreto, las ganancias de los llamados '7 Magníficos' aumentaron un 75% en 2023 antes de moderarse a alrededor del 50% en 2024 y a menos del 25% en 2025. Desde entonces, las acciones individuales del grupo se han vuelto menos correlacionadas entre sí.
Por el contrario, las dudas en torno a esta tecnología están reactivando la rentabilidad de muchas inversiones en activos físicos que durante mucho tiempo habían quedado rezagadas. Sirva de ejemplo la elevada rentabilidad del sector defensa, en medio de numerosos planes estatales para aumentar el gasto en equipamiento militar y ciberseguridad. Por si fuera poco, otras clases de activos, como el oro y los metales industriales, se están beneficiando de este replanteamiento general.
Esta recalibración de las tasas de crecimiento futuras ha despertado el interés por partes del mercado consideradas anteriormente como "trampas de valor", es decir, acciones que parecen baratas según métricas tradicionales pero que resultan ser malas inversiones porque su precio nunca repunta. Algunas de estas empresas están atrayendo atención al generar mayores flujos de caja y devolver más capital a los accionistas mediante dividendos y recompras de acciones.
Oppenheimer afirma que el mayor crecimiento de beneficios este año es una señal positiva: una empresa mediana del S&P 500 está aumentando sus ganancias a un ritmo anual del 9%, y las estimaciones de consenso para 2026 ya están aumentando. La tendencia es aún más destacada en los mercados emergentes.
"Creemos que las acciones seguirán siendo la clase de activo con mejor rendimiento, pero los motores y las oportunidades de rentabilidad se están ampliando fundamentalmente. Aunque es probable que los retornos agregados de los índices se desaceleren, creemos que existen mayores oportunidades para diversificar, generando mejores perspectivas de rentabilidad ajustada al riesgo", concluye.
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