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Según Peter Oppenheimer, estratega jefe de renta variable global de Goldman Sachs Research, es probable que los inversores deban mirar más allá del grupo concentrado de acciones (las grandes tecnológicas) que impulsaron el mercado al alza en los últimos años, a medida que los rendimientos de referencia se vuelven más modestos y surgen oportunidades de selección de acciones en un conjunto más diverso de regiones, sectores y estilos.

En su opinión, los mercados de renta variable enfrentan obstáculos distintos a los de anteriores ciclos alcistas: valoraciones altas, inflación y tipos de interés elevados, menor expansión del comercio, bajo crecimiento económico y mayor gasto público.

Estos factores sugieren que los rendimientos absolutos serán más modestos que en el pasado. Aunque los mercados alcistas suelen iniciarse con valoraciones bajas, hoy tanto crédito como renta variable, sobre todo en EEUU, muestran precios elevados, reflejo de fundamentos sólidos más que de una burbuja.

APUESTA POR LA DIVERSIFICACIÓN

“La cuestión para los inversores es si EEUU puede mantener su ROE (Return On Equity) premium en comparación con otros mercados”, escribe Oppenheimer en un informe.

Al mismo tiempo, el mercado bursátil, especialmente en Wall Street, se ha concentrado inusualmente en torno a un puñado de grandes empresas tecnológicas. Esto “puede deberse al éxito de unas pocas grandes empresas que logran dominar sectores específicos, como hemos visto en los últimos años en la industria tecnológica estadounidense”, escribe Oppenheimer. Aun así, una mayor concentración puede suponer un riesgo para los inversores.

“Ante la escasez de oportunidades para diversificar mediante la exposición a bonos, creemos que los inversores en renta variable deberían centrarse en la diversificación, tanto dentro del sector tecnológico como entre industrias”.

A diferencia de anteriores mercados alcistas, en este ciclo los rendimientos de los bonos a largo plazo aumentan, ya que la renta fija pierde valor en un entorno de mayor inflación. Además, el crecimiento de la deuda pública eleva las exigencias de rentabilidad de los inversores para financiar los déficits estatales.

“Incluso en Japón, los rendimientos están aumentando tras décadas de presiones deflacionarias, mientras que el cambio en el gasto fiscal también está provocando un aumento de los tipos de interés en Alemania”, escribe Oppenheimer.

La caída de los rendimientos de los bonos ha contribuido a impulsar otros mercados alcistas importantes, lo que sugiere una vez más una menor rentabilidad de la renta variable en el futuro en un contexto de tipos de interés elevados.

El comercio mundial atraviesa una etapa de presión tras décadas de auge de la globalización. La menor integración económica y el aumento de aranceles limitan su crecimiento.

En este contexto, la especialización gana relevancia: aunque las barreras comerciales reduzcan demanda, China mantiene su fortaleza competitiva gracias a economías de escala y bajos costos, lo que complica a los países emergentes muy dependientes de exportaciones y a varias economías europeas.

“Los inversores deberían centrarse en países y empresas que puedan especializarse y dominar sus mercados de exportación, especialmente en el sector de servicios, para compensar el impacto de una mayor competencia en la manufactura china de alta gama”, escribe Oppenheimer.

También señala que el aumento de los aranceles y la debilidad del dólar, junto con un mayor apoyo fiscal y la localización, apuntan a oportunidades de inversión en empresas nacionales que ostentan una posición dominante en sus respectivos mercados.

EL PAPEL DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Goldman Sachs prevé que la rápida adopción de la inteligencia artificial (IA) transformará el mercado laboral e internet, desafiando modelos de negocio actuales, pero también aumentando la productividad y generando nuevos productos y servicios.

La IA podría impulsar la productividad en empresas SaaS y facilitar la entrada de nuevos competidores, aunque también canibalizar modelos de negocio y reducir rentabilidades.

Además, el aumento de la inversión tecnológica podría beneficiar especialmente a Europa, que lleva una década rezagada frente a EEUU, reforzando la necesidad de invertir en automatización para compensar la escasez de mano de obra.

“Es probable que el éxito del sector tecnológico como motor de rentabilidad positiva para los inversores continúe, aunque con una ampliación de las oportunidades de inversión”, escribe Oppenheimer.

“Con un nuevo enfoque en la industria estratégica y la autosuficiencia, deberíamos ver un aumento de la inversión que, en áreas específicas, podría impulsar los márgenes y la rentabilidad desde una base baja”, añade. Así, los activos físicos y la infraestructura son cada vez más importantes.

En los últimos 20 años, las tecnológicas y las intensivas en intangibles superaron a las de capital físico. Aunque la inversión en tecnología seguirá ofreciendo oportunidades, ahora se suma el atractivo de sectores que apoyan ese crecimiento.

En este contexto, Goldman Sachs ve potencial en empresas ligadas a la IA y centros de datos, mientras Oppenheimer destaca que este entorno favorece estrategias diversificadas tipo 'barbell' (balanza), combinando firmas tecnológicas de rápido crecimiento con aquellas que proporcionan la infraestructura necesaria para sostenerlas.

"Para que la IA alcance su potencial, necesitamos una actualización rápida y significativa de la infraestructura física. Junto con una tendencia de aumento del gasto en defensa, descarbonización y electrificación, estamos presenciando un nuevo superciclo de gasto de capital", concluye Oppenheimer.

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