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Mucho ha cambiado la situación de España en apenas siete años. Y no solo por la recuperación económica. El país, que en 2012 estaba al borde del rescate, con la rentabilidad de los bonos por encima del 7% y con la prima de riesgo disparada por encima de los 600 puntos básicos, vive ahora un momento muy diferente. El rendimiento del bono a 10 años ha caído casi un 100% en el año y roza el 0%.

Eso significa que, actualmente, España se financia casi gratis. Y es que la rentabilidad del bono español ha consolidado los mínimos históricos alcanzados esta semana y se sitúa ya a un paso de los tipos negativos. Mientras que, por su parte, la prima de riesgo se sitúa en el entorno de los 70-80 puntos básicos.

El comportamiento de la deuda española se debe a la incertidumbre que ha llegado a los mercados de la mano de varias cuestiones: guerra comercial (con tregua incluida entre EEUU y China que apenas ha durado unos días), crisis de gobierno en Italia, aumento de la posibilidad de un Brexit duro, miedo a la vuelta del peronismo en Argentina tras la derrota de Mauricio Macri en las primarias... Los inversores han decidido apostar por valores refugio, que suponen apuestas menos arriesgadas que la renta variable en momentos tan convulsos como el actual, y por eso se han lanzado a por el oro, que ha tocado máximos de seis años, y a por los bonos, cuyos precios están disparados, con su rentabilidad en mínimos históricos. Incluidos los españoles.

De hecho, el bono español a 10 años ha marcado nuevos mínimos cuando hace solo unos meses, en octubre, la rentabilidad se situaba en el 1,73%, y pensar en la posibilidad de que explorase el terreno negativo era algo casi imposible. Pues bien, con la volatilidad que están viviendo las bolsas en este mes de agosto, el interés de la deuda, que se mueve de forma inversa a su precio, sigue profundizando a la baja por el gran apetito de los inversores.

Un apetito que ha provocado, además, que el bono alemán agudice su descenso en terreno negativo hasta tocar el -0,716%, un nuevo mínimo histórico. Y sí, los inversores siguen apostando por el Bund incluso aunque eso suponga perder más de un 0,7% anual en una década, quizá porque guardan la esperanza de que en el futuro alguien compre más caro, y porque, en cualquier caso, creen que es mejor asegurarse el retorno de parte de la inversión que jugársela con las caídas de la bolsa ante las recientes alarmas de recesión.

INVERSIÓN DE LA CURVA DE TIPOS EN EEUU

Unas alarmas que, además, se han disparado tras producirse la inversión de la curva de tipos en EEUU, al darse la circunstancia de que el miércoles el país pagaba más por financiarse a 2 años que a 10 (un 1,63% frente a un 1,62%). Esta anomalía, que el mercado considera como señal de recesión inminente (de hecho, así ha ocurrido en siete ocasiones), acabó por disiparse, pero lo cierto es que en cualquier momento puede volver a girarse porque el panorama sigue siendo incierto, y los inversores están abandonando en masa activos más inciertos para apostar por otros más seguros.

Como dato, recordar que antes de esta semana, la última vez que la curva de tipos se había invertido fue en 2005, y solo dos años después estalló la crisis financiera global. Según las predicciones, pasan 22 meses desde que se invierte la curva y llega la recesión.

La situación es tal que el jueves la rentabilidad de los bonos estadounidenses a 30 años cayó a mínimos históricos, por debajo de la cota del 2%, mientras que la rentabilidad de los bonos de referencia a 10 años tocó un mínimo de tres años. Según recoge Bloomberg, el importe de deuda global con rendimiento negativo ha superado esta semana los 22.000 millones de dólares por primera vez en la historia, algo que contrasta con los 8.000 millones de finales de 2018.

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