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La tecnología avanza a un ritmo que muchas veces como usuarios no podemos seguir. Antes de que nos hayamos podido adaptar al último ‘gadget’ que las grandes marcas han puesto en el mercado, ya están publicitando el siguiente. Cada día más y más utensilios de nuestros quehaceres diarios son ‘inteligentes’. De este mundo rodeado de avances a uno en el que estemos dentro de esa tecnología, como el metaverso, no hay tanto camino por recorrer como se puede pensar de primeras.

La Web 1.0, el internet original, era un depósito de información en el que los internautas podían añadir, buscar y navegar, además de consumir los datos acudiendo a diferentes servidores y páginas web.

Con la Web 2.0 se añadieron las transacciones y la creación de información y contenidos que se usan en diferentes ámbitos, como el publicitario y los medios sociales. Los usuarios también podían comprar y vender artículos en webs gestionadas por plataformas centralizadas. Este, es el modo de internet que más podemos conocer hasta el momento y el que el común de usuarios utilice en el día a día.

La Web 3.0 añade a lo anterior un modelo descentralizado, de igual a igual, que incorpora seguridad, transacciones, pagos y administración. “Lo más importante es que los usuarios que crean datos son sus dueños, lo que cambia fundamentalmente el modo en que se utilizan los datos”, señalan desde MFS Investment en su último informe al respecto.

Estos expertos ponen de relieve que el 75% de las empresas de la Web 2.0 no existían en la 1.0, por lo que la escala de oportunidades y riesgos en la transición al siguiente modelo puede ser similar a estas cifras, abriendo un potencial que seguramente sea difícil de estimar.

“Esto es coherente con los cambios de la curva S que se observaron durante el siglo pasado en los coches, la electricidad, las radios, los ordenadores y los vehículos eléctricos; internet tiene múltiples curvas S a medida que se transforma”, indican estos expertos. Ponen de manifiesto una serie de perturbaciones negativas en esta evolución, como pueden ser las redes sociales y las búsquedas. En este sentido, ambas están construidas sobre plataformas centralizadas y monetizadas en base a los datos de los usuarios y el terreno se está moviendo bajo ellas, tal y como indican. “Esto podría ser una oportunidad dependiendo de cómo respondan”, matizan.

Sin embargo, también hay una serie de alteraciones positivas que destacan en el escrito. Por un lado, las empresas de servicios informáticos tendrán una mayor demanda, además de que habrá mayores modelos de hardware y software. También puede darse un punto en el que se produzca la desintermediación a manos de las plataformas financieras distribuidas. Asimismo, aparecerá la distribución de medios de comunicación con servicios alternativos que permiten a los creadores de contenido tener mayores remuneraciones económicas. Sobre este último punto, la Web 3.0 también permite pagos integrados.

Dentro de todo esto, el metaverso no es más que una aplicación de esta Web 3.0. “Un mundo compartido y virtual que es independiente del usuario, por lo que existe y sigue reproduciéndose como una película entre bastidores cuando los usuarios se desconectan”, explican desde MFS Investment. En sí, es como un punto de encuentro al que acudes a través de tu avatar y con el que hacer una vida muy similar a la real en el mundo virtual. “Es inmersivo, por lo que los auriculares de realidad virtual o aumentada para interactuar con él”, destacan.

De hecho, en el informe ponen de manifiesto que ya existen las compras, la educación, el entretenimiento y los bienes inmuebles virtuales, y que los jóvenes ya pasan mucho de su tiempo en esta otra realidad.

GANADORES Y PERDEDORES

Bajo este entorno, hay una serie de sectores que se pueden beneficiar de la evolución del metaverso, como los semiconductores, ya que se necesitan más servidores y más almacenamiento; los deportes electrónicos, ya que originó en ellos y es donde está más arraigado; y los servicios informáticos, ya que habrá más cosas que arreglar, migrar y fabricar.

Entre los perdedores, MFS Investment destaca al comercio minorista, ya que la disrupción de los negocios de ladrillo y cemento será sustituido por un comercio electrónico que tendrá tiendas virtuales en el metaverso, donde la gente puede probarse ropa, por ejemplo; y las redes sociales y búsquedas, ya que verán cambios en la forma de monetizar los usuarios.

La transición del mundo actual a uno en el que la Web 3.0 y el metaverso sean plenamente operativos llevará varios años, quizá más. El viaje de aquí a allá estará plagado de riesgos, pero habrá importantes oportunidades en el camino. Muchas empresas con una importante capitalización bursátil se adelantan a este tema, y los inversores deben entender por qué lo hacen”, señalan estos expertos. Añaden además que estas inversiones y los movimientos que están haciendo los inversores tendrán un efecto significativo en los fundamentos de estas empresas. “Puede que se tarde 10 años, pero los cambios y las implicaciones impulsan los precios de las acciones hoy en día, por lo que es importante mantenerse activo en el espacio y entenderlo antes de la realización real de estos temas”, indican.

“Lo que no ha cambiado es que la inversión sigue siendo un mecanismo de descuento de flujos de caja futuros, como siempre ha sido. Aunque la ciencia cambie las cosas, en última instancia se trata de averiguar qué empresas tienen la aplicación comercial y la capacidad de monetizar la ciencia y cuáles no”, concluyen.

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