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Hay burbujas que se inflan con euforia y estallan con silencio. Otras, en cambio, hacen tanto ruido al subir que el golpe parece casi inevitable. El mercado parece haber entrado en una de esas fases en las que el futuro se descuenta dos veces… o tres.

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La computación cuántica se ha convertido en el último imán para el capital impaciente y, según Trevor Jennewine, analista de The Motley Fool, el ajuste podría llegar antes de lo que muchos esperan.

CUANDO EL RELATO VA MÁS RÁPIDO QUE LA TECNOLOGÍA

Desde enero de 2023, las acciones de Rigetti Computing se han disparado un 3.500% y las de D-Wave Quantum un 1.700%. Subidas de vértigo que colocan a estas compañías entre las estrellas del mercado. El problema es que el relato bursátil ha corrido mucho más rápido que la realidad tecnológica.

“La computación cuántica práctica y útil está probablemente a una década vista, como mínimo”, recuerda Jennewine. Y no es una opinión aislada. Los expertos estiman que para que un ordenador cuántico sea realmente funcional se necesitan entre 10.000 y un millón de qubits corregidos de errores en tiempo real. Hoy, ese horizonte sigue lejos.

EL CONTEXTO IMPORTA (Y MUCHO)

Para poner las cifras en perspectiva: la consultora Grand View Research estima que el mercado de la computación cuántica crecerá un 21% anual hasta alcanzar unos 4.000 millones de dólares en 2030. En paralelo, el gasto en inteligencia artificial podría crecer un 36% anual hasta rozar los 1,8 billones de dólares. “La IA será unas 450 veces más grande que el mercado cuántico en 2030”, subraya Jennewine.

Esta comparación no es casual. “Palantir parece barata al lado de Rigetti o D-Wave”, ironiza el citado experto. Una frase que, en sí misma, ya es una señal de alerta.

RIGETTI: TECNOLOGÍA INTERESANTE, VALORACIÓN INSOSTENIBLE

Rigetti es una compañía verticalmente integrada que fabrica sus propios procesadores cuánticos, desarrolla hardware y software y ofrece servicios en la nube. Además, fue la primera en desarrollar procesadores cuánticos multichip, una arquitectura pensada para reducir errores y facilitar la escalabilidad.

Sobre el papel, la historia es atractiva. En bolsa, menos. “Rigetti cotiza a 1.025 veces ventas, frente a las 120 veces de Palantir, el valor más caro del S&P 500”, señala Jennewine. Dicho sin rodeos: es una valoración difícil de defender incluso en un escenario optimista.

El propio plan estratégico de la compañía no prevé sistemas de 1.000 qubits hasta finales de 2027. Y aun así, su utilidad práctica estaría años después. “Incluso con una caída del 90%, la valoración seguiría siendo difícil de justificar”, advierte el analista.

D-WAVE: PRIMERA EN LLEGAR, NO NECESARIAMENTE EN GANAR

D-Wave fue la primera empresa en comercializar ordenadores cuánticos gracias a su apuesta por los llamados 'annealers', sistemas especializados en problemas de optimización. Esa estrategia le permitió adelantarse a sus rivales y construir máquinas con cerca de 5.000 qubits físicos.

Esa ventaja temprana ha generado relaciones con clientes y cierta tracción comercial. Pero, de nuevo, el mercado parece haber ido demasiado lejos. “D-Wave cotiza a 325 veces ventas, una cifra que sigue siendo absurda para un sector que crecerá solo al 21% anual hasta 2030”, apunta Jennewine.

Además, los 'annealers' tienen un límite estructural: no pueden ejecutar la mayoría de los algoritmos cuánticos generales, lo que reduce su potencial a largo plazo frente a los sistemas 'gate-based'.

CONCLUSIÓN: CUÁNTICA SÍ, PERO NO A CUALQUIER PRECIO

La computación cuántica transformará industrias como la logística, las finanzas o la ciencia de materiales. De eso hay pocas dudas. La pregunta clave para el inversor no es si llegará, sino cuándo… y a qué precio merece la pena pagar hoy por ese futuro.

“Las valoraciones actuales de Rigetti y D-Wave no reflejan el riesgo ni el calendario real de la tecnología”, resume Jennewine. En un mercado que empieza a mirar con lupa los múltiplos y a castigar el exceso de optimismo, estas acciones podrían convertirse en el ejemplo perfecto de cómo una buena historia no siempre es una buena inversión.

A veces, invertir bien consiste en hacer algo muy poco cuántico: esperar a que los números vuelvan a la realidad.

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