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El principio de acuerdo entre Londres y Bruselas sobre el Brexit es ahora como el gato de Schrödinger: está vivo y muerto al mismo tiempo, según a quién se le pregunte. La disparidad de opiniones es inmensa y los expertos sólo parecen ponerse de acuerdo en que todo puede ocurrir en medio del caos que se ha desatado en el Número 10 de Downing Street y entre los 'tories', tras las dimisiones y con una casi segura moción de censura a la primera ministra Theresa May.

El texto de 600 páginas pactado entre Londres y Bruselas, y que aún debe ser ratificado por la Cámara de los Comunes, recibió un respaldo inicial de la mayoría de los ministros del Gobierno británico. Pero la ausencia de la palabra "unánime" en el discurso de May del miércoles por la noche presagiaba lo peor. Poco después, se inició una desbandada de siete miembros del Ejecutivo, con las dimisiones más sonadas del ministro del Brexit, Dominic Raab y de la ministra de Trabajo, Esther McVey.

Pero hasta 10 altos cargos se mostraron contrarios a los términos del documento, especialmente en lo que se refiere a la frontera con Irlanda del Norte, ya que da un status diferente a esta provincia del resto de Reino Unido. Además de lo que se ha calificado de amenaza a la integridad del país, la factura de 39.000 millones de libras también ha levantado ampollas, porque se ha contemplado como "un pago a cambio de nada", en palabras de McVey. Las discrepancias se han vuelto a hacer evidentes cuando el ministro de Medio Ambiente, Michael Gove, ha rechazado la cartera de ministro del Brexit -que ha ido a parar al exbanquero Steve Barclay- por lo que algunos analistas temen que aún haya más fugas ministeriales.

Pero la cabeza que pende de un hilo, según Stephen Innes, analista de Oanda, es la de la propia May. Los expertos la califican de cadáver político y prevén que tarde o temprano acabe dejando el liderazgo del país y del partido conservador. Pero ella sigue haciendo gala de la determinación que la caracteriza y que ha sido una constante durante las largas negociaciones con la Unión Europea (UE) y asegura a la opinión pública que Reino Unido mantendrá su "plena integridad" cuando empiece en marzo el proceso de disociación del bloque europeo.

Según el texto que pone fin a cuatro décadas de matrimonio de Reino Unido con sus socios comunitarios, desde abril de 2019 al final de 2020 se abre un período de transición durante el que la UE y Reino Unido negociarán su futura relación a partir de 2021. Pero el camino hasta el 31 de marzo está lleno de 'what ifs'. Analizamos los más relevantes.

La cabeza que pende de un hilo, según analistas, es la de la propia May

1. El preacuerdo pasa el control del Parlamento.

La cita con la Cámara de los Comunes será alrededor del 10 de diciembre. Los analistas de Danske Bank se inclinan a favor de que May logre los respaldos necesarios y el proceso de salida se desarrolle tal como está acordado con Europa. Desde Nomura, el estratega Andy Chaytor también cree que el Brexit avanzará a través del Parlamento en su forma actual, puesto que si no hay acuerdo, consideran que "el Brexit volvería a la gente de una u otra manera y sospechan que la mayoría de los diputados conservadores respaldarían un segundo referéndum antes que unas elecciones generales o un 'Brexit duro'".

En la Cámara de los Comunes, May necesita 320 votos para la mayoría, de un total de 650 del Parlamento, pero de los que solo 639 votan (el resto son el portavoz, sus diputados y siete miembros del Sinn Fein que no votan). Los conservadores podrían darle en torno a 235 votos casi seguros, por lo que requeriría otros 85.

No obstane, el reto es complicado, pero a la vez muy necesario. Según recuerdan en Renta Markets, "el Fondo Monetario Internacional calcula que un Brexit sin acuerdo podría costar a Reino Unido aproximadamente un 8% del PIB".

2. May sale de la ecuación antes del voto en el Parlamento.

La principal amenaza antes de esta votación para los mercados es un desafío al liderazgo de May. La web especializada BrexitCentral, citada a su vez por 'Reuters' y con fuentes de "plena confianza", el partido Conservador ya ha recabado los apoyos de 48 de sus diputados, el mínimo imprescindible, para activar el procedimiento con el que amenazó ayer el diputado Jacob Rees-Mogg, uno de los más acérrimos opositores al acuerdo de May. Fuentes de Sky News también han confirmado que la moción de censura "va a ocurrir con toda probabilidad".

Según el reglamento del partido 'torie', a May le bastaría el respaldo de 158 de sus 317 diputados para ganar la moción de confianza, lo que también la protegería de nuevos desafíos a su liderazgo durante un año. Pero si resulta perdedora, no podría volver a presentarse como candidata en unas primarias. Dean Popplewell, analista de Oanda, no cree que "los diputados se rebelen contra la 'premier'" y, por lo tanto, aventura que saldrá reforzada ante esta eventualidad.

En el caso de que May sea derrotada, al frente del partido se perfila el exministro de Exteriores, y formidable opositor de la 'premier', Boris Johnson. Según varias fuentes, uno de los más acérrimos defensores del Brexit cuenta con el respaldo del diputado Jacob Rees-Mogg, impulsor de la moción.

Pero los expertos consultados dudan de que, sin unas nuevas elecciones de por medio, este hipotético primer ministro tenga posibilidad alguna de lograr que Bruselas se mueva de su actual posición, por lo que la moción de confianza acabará en elecciones, un segundo referéndum o un 'Brexit duro', señalan tanto desde Oxford Economics como de Nomura.

El Fondo Monetario Internacional calcula que un Brexit sin acuerdo podría costar a Reino Unido aproximadamente un 8% del PIB

3. May llega hasta la votación de la Cámara de los Comunes.

"La moción de censura no tiene porque se precisamente negativa para May", apunta Chaytor. Explica este analista que la posición de May podría salir reforzada, pero la aritmética parlamentaria no juega a su favor. Este es el punto que ningún experto se atreve a descartar por completo y casi todos contemplan un futuro en el que el Parlamento británico da su negativa al texto pactado con la UE.

Los analistas de Oxford Economics son de los más pesimistas y inciden en que "la salida ordenada de la UE está lejos de producirse". Los líderes tanto el Partido Laborista como del DUP de Irlanda del Norte ya han insinuado que votarán en contra del Gobierno. Si a estos diputados añadimos varias docenas de rebeldes 'tory', la balanza se inclina hacia el rechazo del preacuerdo, explican estos analistas.

La única baza que le queda a May, entonces, es una "rebelión de parlamentarios laboristas", escriben, (quizás motivada por los temores de que un "no-acuerdo" es peor que lo que perciben como un mal acuerdo). En última instancia, la firma de análisis económico no descarta que el mismo líder progresista, Jeremy Corbyn, dé libertad de voto a sus diputados, pero es una opción poco probable.

4. Nuevo referéndum o elecciones.

Son las dos derivadas del éxito de la moción de censura o del fracaso de May en Westminster. Una segunda votación sobre el divorcio del Reino Unido con el bloque comunitario, es lo que lo analistas llaman un "riesgo menor", pero "es más probable que un 'Brexit duro' o unas elecciones generales", asegura Chaytor. El estratega de Nomura también señala que la propia Theresa May ya ha abierto la puerta a esta opción al aseverar que la oferta sobre la mesa es "este acuerdo, ninguno, o que no haya Brexit". E insiste en que si el Parlamento resulta un callejón sin salida, se tendrá que volver a preguntar a la población.

En lo que parecen coincidir todos los expertos es en que el fracaso en la tramitación de preacuerdo sacará a May de la ecuación. El nuevo inquilino del despacho en Downing Street se verá obligado a obtener legitimidad en las urnas, opina Alastair George, estratega de Edison. "Unas elecciones arriesgan el país a que se instale un Gobierno laborista que se adapte menos al sector corporativo", comenta. Por lo tanto, avanza que "ninguno de estos dos escenarios sean bienvenidos por los mercados financieros".

Sin embargo, apunta que los inversores darían la bienvenida a que el proyecto sufra las mínimas enmiendas como para que reciba el respaldo de los parlamentarios y aún sea digerible para la UE. Con todo, es "un desenlace que tiene pocos números de salir adelante", concluye George.

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