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La amenaza de recesión ha sobrevolado las principales economías mundiales en los últimos meses, un periodo en que la mayoría de bancos centrales han adoptado políticas monetarias más restrictivas con el objetivo de frenar la inflación, y a pesar de las consecuencias que pueda tener sobre el crecimiento económico. Más allá del alto coste social que estas medidas pueden tener, los analistas de Schroders recuerdan que "las recesiones en las economías desarrolladas son necesarias para frenar la inflación".

"Las empresas, los consumidores y los mercados de las economías desarrolladas parecen haberse adaptado a la idea de que se avecina una recesión. El presidente de la Reserva Federal estadounidense (Fed), por su parte, ha dejado de hablar de aterrizajes económicos suaves. Y los responsables políticos están contribuyendo a crear una sensación de realismo", destaca Keith Wade, economista jefe de Schroders.

Según su criterio, por muy sombrías que puedan parecer las perspectivas actuales, la aceptación de la realidad ayudará a crear las mejores condiciones posibles para tomar medidas que alivien las presiones inflacionistas. Estas presiones no remitirán inmediatamente, aunque considera que a finales de 2023 podrían darse las condiciones para empezar a vislumbrar una bajada de los tipos de interés.

"La aceptación de la próxima recesión parece clave en este momento, aunque las consecuencias de la recesión aún no se hayan dejado sentir. Los cerca de 85.000 despidos en empresas tecnológicas estadounidenses (según el sitio web Crunchbase) nos dan una idea del sufrimiento que se avecina. El precio de controlar la inflación será una ralentización del crecimiento económico y un aumento del desempleo", agrega.

Wade considera que será necesaria una "fuerte contracción" de la economía estadounidense para crear la holgura, o capacidad sobrante, necesaria para controlar los salarios, los precios y la inflación. Su previsión es que la tasa de desempleo alcanzará el 7% a finales del próximo año, aproximadamente el doble de la tasa actual.

Su análisis, realizado en base a la evolución de los ciclos económicos desde 1960, muestra que cuando la inflación estadounidense se ha situado en el pasado en los niveles actuales siempre ha sido necesaria una caída del PIB de hasta el 4% para restablecer la estabilidad de los precios.

"No hay dos ciclos iguales, pero incluso con mejoras en la formulación de políticas y mercados laborales más flexibles, esto podría suponer una pérdida del 2% del PIB. Por tanto, tendrá que producirse un reajuste en 2023, cuando esperamos que el PIB estadounidense caiga un 1%. Esta previsión nos aleja del consenso generalizado entre todos los analistas, según el cual la economía crecerá un 0,2%", afirma.

Uno de los retos de este ciclo económico es que la pandemia ha afectado a la oferta de mano de obra, ya que en el Reino Unido, por ejemplo, casi 600.000 personas han abandonado el mercado laboral, cifra que se acerca a los 2 millones en EEUU. Por lo tanto, a pesar de la ralentización ya observada en las economías desarrolladas, los mercados laborales se mantienen tensos y los trabajadores escasean.

"Creemos que las empresas se han mostrado reacias a deshacerse de mano de obra, preocupadas por la dificultad de contratar cuando se reactive el crecimiento. Hasta ahora han podido repercutir los mayores costes (energía, materiales y mano de obra) en unos precios más altos, agravando las presiones inflacionistas", añade la economista jefe de Schroders.

¿CUÁNDO LLEGARÁ LA BAJADA DE TIPOS?

Wade espera que el tipo de interés de los fondos federales estadounidenses alcance su nivel máximo en el rango objetivo del 4,5-4,75% en el primer trimestre de 2023, puesto que considera que el impacto acumulado de una política más restrictiva será suficiente para desencadenar el cambio necesario en el comportamiento de las empresas. Bajo esta hipótesis, las empresas verán reducidos sus márgenes, aumentarán los despidos y se enfriará el mercado laboral.

Esta contracción del empleo podría ser el preludio de un recorte de los tipos de interés a lo largo del año, a medida que se agrave la recesión. Esto en lo que respecta a Estados Unidos, ya que su pronóstico no incluye a ningún otro banco central decantándose por la bajada de tipos a lo largo de 2023.

"Los inversores, podríamos asistir a la vuelta a un terreno más familiar en el que la renta variable ofrece oportunidades atractivas en momentos de recesión. Prevemos que un descenso del 1% del PIB estadounidense se traducirá en una caída del 14% de los beneficios empresariales el próximo año. Se trata de un panorama desalentador, sin embargo, las valoraciones empiezan a recuperarse debido a los recortes de los tipos de interés por parte de los bancos centrales", destaca.

Fuera de la economía estadounidense, la analista ve que las perspectivas de crecimiento "se deteriorarán rápidamente, ya que el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Inglaterra seguirán subiendo los tipos hasta principios de 2023, y posteriormente los mantendrán sin cambios durante el resto de 2023".

Asimismo, señala que los bancos centrales han acumulado grandes cantidades de deuda pública a través de los sucesivos programas de flexibilización cuantitativa durante la última década y media para inyectar dinero en el sistema financiero y apoyar las economías, y en la actualidad, estos títulos se están volviendo a vender gradualmente en el mercado en un proceso de "endurecimiento cuantitativo".

"Esto aumentará aún más los costes de los préstamos para los hogares y las empresas, así como para los países que han recurrido a la flexibilización cuantitativa para ayudar a financiar sus déficits. Estos países dependen ahora de los inversores extranjeros en bonos para cubrir las lagunas de financiación dejadas por la flexibilización cuantitativa", concluye.

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