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El criptoespacio ha vivido un momento histórico este 15 de septiembre, cuando se ha completado con éxito la migración de Ethereum al modelo de consenso de prueba de participación (proof-of-stake -PoS-). Los expertos han corrido a calificar de “hazaña sorprendente” la actualización de la cadena de bloques de los contratos inteligentes sin fallos ni sobresaltos, pero la acción del precio del token ha dado un frío recibimiento al nuevo sistema de validación de transacciones. Sin embargo, no pocas voces aseguran que la cautela inicial dará paso a un apetito comprador en cuanto los inversores empiecen a considerar los elevados rendimientos que aportará el nuevo modelo.

El abandono del sistema de prueba de trabajo -y por tanto del proceso de minado para la obtención de nuevos ethers- tiene al menos tres implicaciones clave para los inversores institucionales, que acabarán seducidos por Ethereum, según expertos consultados: el uso de energía, la seguridad de la red y el retorno generado por participar en la cadena de bloques.

En primer lugar, el nuevo modelo de consenso reduce el impacto medioambiental de la cadena de bloques en un 99%, lo que mejora su reputación y salva el obstáculo de los criterios de responsabilidad social para muchos inversores de bancos y gestoras. "Con la crisis climática en lo más alto de la agenda mundial, el hecho de que una de las mayores cadenas de bloques sea más respetuosa con el medio ambiente podría dar lugar a un aumento de las tasas de adopción", afirman desde Foerex Suggest.

“Además, si el sistema de prueba de participación resulta ser una alternativa más ecológica, los reguladores podrían obligar cada vez más a las criptomonedas de prueba de trabajo a reducir el uso de energía”, añaden los expertos de Deutsche Bank. El protocolo de validación de transacciones de cadenas de bloques como la del bitcoin se basa en la recompensa de los mineros por su esfuerzo computacional. En otras palabras, obtienen bitcoins a través de conectar potentes ordenadores para mantener la blockchain, que consumen tanta energía, comparativamente, como Finlandia, según citan algunos estudios.

Por otra parte, afirman desde el banco de inversión germano que Ethereum prevé que el coste de los ataques a la red se duplicará con el nuevo mecanismo, lo que debería reforzar la seguridad de la cadena de bloques.

El modelo PoS también eleva el status del token en las casas de inversión y “es probable que los operadores institucionales que participen en el mantenimiento de la red -como resultado de la fusión de Ethereum- vean la criptodivisa como un bono o una materia prima alternativa, debido a sus atractivos rendimientos”, afirman desde Deutsche Bank.

Esto se deriva del funcionamiento del modelo de prueba de participación. Un sistema PoS verifica las transacciones seleccionando a los validadores en proporción a sus participaciones. Es decir, los validadores deben bloquear un capital en forma de ethers que actúa esencialmente como garantía. Si un validador está ausente o no actúa cuando es necesario, puede perder parte de su participación. Y si actúa de forma deshonesta o sus acciones son malintencionadas, su capital corre el riesgo de ser destruido y pueden ser eliminados de la red. Esto se conoce como ‘slashing’.

A medida que los inversores colocan una participación financiera en ethers, sus comisiones por transacción se distribuyen a los validadores. “Los 'stakers', como se les llama, pueden esperar rendimientos del 10-15% anual”, afirman desde Deutsche Bank, “sin tener en cuenta las posibles ganancias de capital derivadas de los movimientos positivos del precio del token”.

"Estos suculentos rendimientos podrían posicionar al ether a ojos de los participantes institucionales”, insisten. El dominio institucional de Ethereum ya le ha ayudado a destacar entre las manos fuertes del mercado. Aproximadamente el 40% de las transacciones de esta criptomoneda se dan entre participantes institucionales, en comparación con el 30% del bitcoin. Por todo lo anterior, “el cambio a PoS puede impulsar aún más esta tendencia”, sentencian desde Deutsche Bank.

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