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Archivo - Las crecientes demandas de electricidad de Bitcoin han atraído casi tanta atención como el valor salvajemente fluctuante de la criptomonedaDOMINIO PÚBLICO - Archivo

Desde que El Salvador dio el primer paso hacia lo que en la criptocomunidad se denomina ‘bitcoinización’ de la economía, miles de cejas de expertos e instituciones se han enarcado ante la idoneidad de que la creación de Satoshi Nakamoto se codee de tú a tú con las divisa tradicionales para gestos tan sencillos como comprar una barra de pan o pagar el desayuno. Muchas son las dudas que surgen ante la utilidad del bitcoin en comercios de todo tipo, desde el supermercado a la peluquería, pese a que desde la decisión del Parlamento salvadoreño del 9 de junio están obligados a aceptar la criptodivisa en cualquier tipo de intercambio de bienes y servicios.

Otros han declarado sus intenciones de seguir los pasos del país presidido por Nayib Bukele, pero el más decidido es Tanzania, cuya presidenta, Samia Suluhu Hassan’s, ha instado a su banco central esta misma semana a prepararse para la adopción de la más operada de las criptomonedas. Numerosos observadores han señalado que tal paso a lo loco sería contraproducente para la economía de esta nación, ya que no tiene brokers ni ‘expertise’ en este mercado o en el blockchain. Además, el bitcoin es volátil y extremadamente caro.

El Salvador se ha topado también con un muro de realidad esta misma semana al verse rechazado por el Banco Mundial en su petición de ayuda para implementar la criptodivisa como moneda de curso legal. El organismo citó como razones la preocupación por la transparencia del proceso y el impacto medioambiental del minado.

La cuestión de los usos del bitcoin ha sido largamente abordada. Con la moneda de Nakamoto casi en la adolescencia, hay un consenso más o menos aceptado sobre su utilidad como reserva de valor digital. Una especie de oro 2.0 para la nueva economía. No obstante, a la hora de aceptarla como moneda el rechazo se extiende a lo largo y ancho de los mercados financieros.

Sin ir más lejos, esta misma semana el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, advirtió contra el uso de criptomonedas para los pagos, dando otro golpe a los tokens digitales. "Su valor fluctúa sustancialmente", dijo en una conferencia virtual. "Por eso, en general, no son un buen medio para realizar pagos". "Dada la volatilidad del valor de los activos y el hecho de que no hay un activo real que los respalde, me temo que si quieren comprarlos, por favor, entiendan que pueden perder, podrían perder todo su dinero", declaró.

El bitcoin puede ser muchas cosas (una blockchain, un libro registro, reserva de valor) pero como medio de pago le veo dos handicaps a día de hoy”, señala Enrique Palacios Rojo, COO de Onyze. “Uno es la confirmación de las transacciones, sólo 7 por cada segundo,(Visa soporta 56.000 eur) y otro su volatilidad”, enumera. “Se están desarrollando soluciones de segunda capa que incrementan las transacciones y la volatilidad tiende a ser cada vez menor pero para los pagos del día a día hay otras monedas virtuales con mejores prestaciones como algunas stablecoins”, agrega el experto de la empresa que actúa de custodio de criptodivisas.

En cuanto al uso práctico, se muestra moderadamente optimista, ya que “al igual que se comercializaron hace años las hipotecas multidivisas es posible que se puedan materializar operaciones de esta índole aunque no todo el mundo estaría dispuesto a ello”. Además, “puede dar pie a servicios financieros adicionales de cobertura de riesgo, seguros de cambio, etc”, argumenta Palacios.

En cambio, destaca el experto de Onyze que en los casos e El Salvaor o Tanzania y otros países no bancarizados, “el verdadero valor para la población de ambos países puede estar en recibir remesas a través del bitcoin de una manera directa para luego convertirlas a su moneda local”. En el caso del país centroamericano, el 20% de su riqueza se fundamenta en estos flujos de capitales, por lo que el uso de una moneda de igual a igual a través de los teléfonos inteligentes “ahorraría costes tanto para el que las envía como el que las recibe”, redondea Palacios.

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