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Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE)

'Otro añito en el infierno'. Con aquel célebre eslogan del Atlético de Madrid cuando bajó a Segunda División, podría definirse el sentimiento actual entre los altos ejecutivos de la banca española, después de que el Banco Central Europeo se haya visto obligado a retrasar la primera subida de tipos en la zona euro hasta, al menos, final de 2019. Los intereses no suben en el Viejo Continente desde julio de 2011, y llevan tres años en el 0%, lo que explica el mal comportamiento en bolsa del sector bancario europeo.

Y tras las medidas de Mario Draghi y su recorte de previsiones, la agencia S&P Global Ratings afirma que los bancos se verán obligados a estrujar aún más sus estructuras para conseguir más recortes de costes que les permitan, al menos, mantener su escasa rentabilidad en los niveles actuales.

"Las medidas de estímulo del BCE son netamente negativas para nuestros ratings sobre los bancos europeos" en Europa, afirma sin tapujos S&P, al considerar que "los riesgos han aumentado" para las entidades financieras del Viejo Continente.

"Aunque las medidas por sí mismas no son suficientes para afectar a los ratings, las razones que están tras los movimientos del BCE constatan los crecientes riesgos para los bancos de un ambiente de desaceleración macroeconómica", afirma Bernd Ackermann, analista de crédito de S&P.

"Esto confirma nuestra previsión de un patrón mucho más equilibrado de calificaciones crediticas, que podría estar sesgado a la baja para los bancos europeos", añade este experto. En su opinión, la guía del BCE en la que retrasa la subida de tipos "probablemente obstaculizará más el crecimiento de los ingresos bancarios".

Esto implica que el margen de intereses seguirá reduciéndose por una caída continua del margen entre las tasas de interés que los bancos tienen que pagar sobre los depósitos y las que pueden cobrar sobre los préstamos. "Como resultado, es posible que los bancos tengan que hacer recortes adicionales de costos para alcanzar sus objetivos de beneficios", argumenta Ackermann.

En la práctica, los banqueros españoles tendrán que seguir poniendo el foco en la reducción y simplificación de sus estructuras operativas, lo que anticipa aún más despidos y nuevos cierres de oficinas. Un patrón que lleva vigente ya una década y que, por el momento, regirá el destino de los bancos al menos otro año más, ya que el consenso anticipa la primera subida de tipos no ya a final de año, sino al final del primer trimestre de 2020, dentro de doce meses.

"Más importante que las medidas tomadas por el BCE son las significativamente menores proyecciones sobre el PIB y la inflación", añaden desde S&P, porque "un menor crecimiento puede provocar menor demanda de crédito". Además, consideran que "si los riesgos crecientes a la baja se materializan, podrían resultar en más pérdidas crediticias para la banca".

Y en este escenario, "una continua desaceleración podría provocar aún mayores retrasos en las subidas de los tipos de interés y problemas adicionales para las cuentas de resultados" del sector. Así que a los bancos españoles aún les queda, al menos, 'otro añito en el infierno'.

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