
La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de nominar a Kevin Warsh como futuro presidente de la Reserva Federal (Fed) fue interpretada por una parte del mercado como un intento por reducir los tipos de interés lo máximo posible, aunque ahora los analistas dudan que vaya a suponer una revolución en la hoja de ruta del organismo y creen que seguirá una estrategia de recortes graduales.
Los analistas de Rabobank aseguran que "aunque Warsh no podría haber ganado la nominación a la presidencia de la Reserva Federal sin convencer al presidente Trump de que recortará los tipos de interés, probablemente fue el candidato menos 'dovish' de la lista, considerando su anterior gestión de la inflación".
"Por lo tanto, seguimos confiando en nuestra previsión de tres recortes de tipos de 25 puntos básicos en 2026, que es solo uno más de lo que los mercados prevén. La decisión política correcta suele ser cuestión de perspectiva. Creemos que, en caso de duda, Warsh impulsará un recorte de tipos", explican.
Sobre la posible influencia que pueda tener el presidente del país en las decisiones de la Fed, estos expertos recuerdan que "una vez confirmado por el Senado, Warsh no tiene que acatar las órdenes de Trump, por lo que, en teoría, podría trazar el rumbo que quisiera".
Sin embargo, creen que el trato de Trump al actual presidente Powell y su intento de destituir a la gobernadora Cook son "una advertencia" de que no recortar las tasas podría tener un "coste personal considerable para Warsh".
"Así pues, aunque definitivamente no fue la opción más moderada que Trump pudo haber elegido -de hecho, Warsh fue probablemente el menos 'dovish' de la lista final de cuatro candidatos-, seguimos creyendo que el nuevo presidente de la Fed implementará recortes de tipos", anticipan.
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De hecho, aseguran que "con un candidato probablemente más obediente como Hassett", podrían haber empezado a "pensar en un cuarto recorte en 2026".
También consideran que Warsh "podría intentar convencer a otros participantes del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) para que reduzcan su pronóstico del tipo neutral, basándose en el argumento de la IA", lo que respaldaría la opinión de Rabobank de que "el FOMC podría situarse ligeramente por debajo de lo que ahora se considera el tipo neutral".
No obstante, el poder de Warsh no será ilimitado, ya que "solo tendrá un voto en el FOMC de 12 miembros (7 gobernadores, el presidente de la Reserva Federal de Nueva York y 4 presidentes regionales rotativos), aunque "Waller y Bowman son otros dos leales a Trump en la Junta de Gobernadores que pueden ayudarlo a promover sus planes para la Reserva Federal".
"Y si Powell decide dimitir de la Junta tras el fin de su mandato como presidente el 15 de mayo, podríamos ver a otro gobernador nominado por Trump. Esto podría significar el regreso de Miran, quien ha estado ocupando el puesto en la Junta que le corresponde a Warsh. Por lo tanto, Warsh no estará solo, lo que significa que debemos analizar detenidamente sus planes", comentan.
UNA NUEVA ESTRATEGIA DE COMUNICACIÓN
Por otro lado, explican que "Warsh no solo presenta argumentos específicos sobre la necesidad de recortar las tasas de interés y reducir el balance, sino que también tiene ideas sobre cómo la Fed comunica la política monetaria".
"En concreto, no ve ninguna utilidad para los cambios frecuentes en las métricas de la Fed, la dependencia de los datos, las previsiones a corto plazo ni la orientación a futuro. Estas características de la era Bernanke-Yellen-Powell no le sientan bien a Warsh, quien parece preferir volver al estilo de comunicación de Greenspan", prevén.
Según las propias palabras del próximo presidente de la Fed, tiene la intención de eliminar la "comida rápida" de los bancos centrales, y su primera queja es sobre lo que él llama los "cambios frecuentes en las métricas de la Fed".
"Si bien la Fed anunció formalmente su objetivo de inflación del 2,0% en 2012 en términos del deflactor del PCE y nunca lo modificó, al interpretar los datos de inflación, los participantes del FOMC suelen cambiar la medida de inflación que consideran más relevante para la política monetaria en un momento determinado, dejando de lado los componentes irrelevantes (¿o debería decir inconvenientes?) de la canasta básica", aseguran en Rabobank.
En 2020, el FOMC cambió su estrategia a un objetivo de inflación promedio flexible, no modificando el objetivo en sí, sino su criterio para alcanzarlo. Warsh argumenta que este tipo de comportamiento perjudica la credibilidad de la Fed y está "por debajo de la alta reputación del banco central".
Otra de las quejas de Warsh sobre la comunicación actual de la política monetaria es la previsión a corto plazo. En particular, le preocupa que una vez que los participantes del FOMC hagan sus previsiones personales sobre la economía pública "se convierten en prisioneros de sus propias palabras", incapaces de reaccionar sin sesgos ante los últimos datos publicados.

