
La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de nombrar a Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed) puso punto y final a muchos meses de incertidumbre sobre el futuro del banco central, aunque dio paso a otro periodo de dudas sobre cuáles serán las consecuencias para el mercado de su esperada política de bajadas de tipos de interés y reducción del balance del organismo.
Atakan Bakiskan, economista de Berenberg, asegura que el nuevo responsable del banco central asumirá su cargo con "incentivos y ambiciones para revolucionar la Fed".
"Como todos los demás candidatos a la presidencia de la Reserva Federal, está a favor de tasas más bajas (lo cual no sorprende mucho). Lo que lo distingue es su firme deseo de un balance general más ágil para la Reserva Federal. Warsh quiere que la Reserva Federal desempeñe un papel reducido en los mercados financieros y no mantenga una economía 'rica en activos y pobre en ingresos' que alimentaría la desigualdad", detalla.
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El estratega de Berenberg sostiene que "el abultado balance general de la Reserva Federal contribuyó a contener los riesgos financieros y a ayudar a Wall Street a prosperar mientras el mercado de valores seguía en apuros", por lo que se pregunta si una reducción "abrupta" puede tener consecuencias negativas para los mercados.
En este sentido, apunta que "la estructura de la Fed y las regulaciones de liquidez son demasiado complejas (y se han vuelto aún más complejas desde que la Fed cambió de un marco de reservas escasas a uno de reservas abundantes en 2019) como para que la Fed reduzca su balance abruptamente sin reescribir las regulaciones y modificar el marco".
"Hacerlo podría fácilmente causar una crisis en los mercados de financiación a corto plazo, especialmente cuando las facilidades de repo inverso a un día de la Fed están cerca de cero y las reservas bancarias ya están en terapia intensiva gracias a las compras de gestión de reservas de la Fed. En resumen, sin reescribir el manual, la Fed no puede reducir su balance repentinamente sin 'romper nada'", explica.
Ante esta situación, cree que los mercados "probablemente detectarían cualquier intento torpe y lo penalizarían alejándose de los activos estadounidenses, lo que resultaría en un dólar más débil", y anticipa que "el riesgo de una reacción tan adversa del mercado podría frenar tales intentos".
¿TIENE ALTERNATIVAS?
Bakiskan cree que una de las maneras más directas que tiene Warsh de cumplir su objetivo sobre el balance es "que la Fed simplemente reduzca su cartera de valores", aunque ve otras posibilidades que pueden minimizar el impacto sobre los mercados.
"Una alternativa más fácil y menos dolorosa sería cambiar la composición de activos de la Fed y dejar que consista simplemente en letras del Tesoro. En ese caso, la expansión del balance de la Fed se sumaría a las reservas bancarias con una huella mínima. Es más probable que la Fed, bajo el liderazgo de Warsh, adopte este enfoque primero antes de pasar a la desregulación (¿una revisión del Ratio de Apalancamiento Suplementario o una recalibración del Ratio de Cobertura de Liquidez?) y la contracción del balance", prevé.
Teniendo esto en cuenta, asegura que "el resultado más probable es que una Fed con Warsh cambie la composición de sus activos principalmente a letras del Tesoro (con el único propósito de gestionar las reservas) y se aleje gradualmente de otras clases de activos".
"Suponiendo que, posteriormente, la reducción del balance se realice gradualmente, con la reescritura de las regulaciones y el ajuste del marco regulatorio, y que la Fed implemente un recorte final de 25 puntos básicos en junio bajo un nuevo liderazgo, como prevemos, la curva de rendimiento debería empinarse. La incertidumbre derivada de los intentos de un cambio de régimen en la Fed debería resultar en un dólar más débil", agrega.
IA Y PRODUCTIVIDAD
Por otro lado, el economista de Berenberg apunta que "como muchos otros, Warsh cree en un auge de la productividad impulsado por la inteligencia artificial (IA)", lo que, "sumado a cierta desregulación, debería generar suficiente desinflación y, por lo tanto, permitir a la Fed reducir aún más los tipos de interés".
"No es una postura demasiado controvertida, pero las futuras ganancias de productividad derivadas de la adopción de la inteligencia artificial son más una esperanza que una predicción, ya que simplemente no hay mucha evidencia que la respalde. Este enfoque de esperar aumentos de productividad es similar a la estrategia de desinflación oportunista que la Fed adoptó bajo la presidencia de Alan Greenspan a mediados de la década de 1990", recuerda.
En aquel entonces, continúa, los responsables políticos "no buscaban suprimir activamente la demanda para reducir la inflación, sino que esperaban una expansión de la oferta económica".
"Si bien esta vez se puede hacer lo mismo, Warsh debe convencer al resto del comité de que se avecina un auge de la productividad. Si bien las recientes ganancias de productividad provienen de las industrias que más adoptaron la inteligencia artificial en sus operaciones (es decir, las de la información, las finanzas y los servicios profesionales y empresariales), es difícil determinar si la relación es causal", manifiesta.
A modo de conclusión, este analista cree que "aún no hay mucha evidencia para convencer al resto del comité del FOMC de que confíe en que la productividad impulsada por la IA contrarrestará cualquier posible repunte de las presiones inflacionarias".

