inteligencia artificial nueva
Recurso de inteligencia artificial (IA).vecstock/Freepik

Enero de 2025. El ChatGPT de OpenAI y los chips de Nvidia lideran una ola de inversión en inteligencia artificial (IA) imposible de prever hace años, arrastrando con ellos a gigantes tecnológicos como Microsoft, Meta o Google. Es entonces cuando DeepSeek, una desconocida empresa china, provoca un 'shock' que pone en cuestión todo lo que el mercado creía conocer sobre esta tecnología.

Y es que DeepSeek revolucionó el sector gracias a su código abierto y a su mayor eficiencia, ofreciendo una IA generativa tan potente como ChatGPT con mucho menos. Según distintas fuentes, la compañía china no solo construyó su modelo de lenguaje extenso (LLM, por sus siglas en inglés) en mucho menos tiempo, sino que "solo" necesitó unos pocos miles de millones de dólares para adquirir los chips necesarios para su entrenamiento.

Esta IA china utiliza chips A800 y H800 de Nvidia, versiones limitadas de los A100 y H100 diseñadas específicamente para cumplir con las restricciones. Según los expertos, DeepSeek necesitó alrededor de 2.000 unidades de procesamiento gráfico (GPU) de Nvidia, mientras que los modelos occidentales requieren entre cinco y diez veces chips más potentes y mucho más caros.

A los expertos también les gustó la alta transparencia de DeepSeek, que muestra sus razonamientos paso a paso, así como a su modelo racional, que descompone la respuesta siguiendo una cadena de pensamiento que recuerda al razonamiento humano. También empujó a los inversores a fijarse más en herramientas con aplicaciones concretas y no solo en nuevos modelos de IA, al igual que a grandes compañías, como Baidu o Tencent, a redoblar sus esfuerzos para hacer más eficientes sus modelos de IA.

Todo esto tuvo una interpretación clara por parte del mercado: DeepSeek es una prueba inequívoca de la resiliencia tecnológica de China, que demostró ser capaz de desarrollar una tecnología de última generación incluso con unas más que evidentes limitaciones de hardware. Con todo, la apuesta del gigante asiático no es nueva.

UN GIGANTE DORMIDO

En 2017, el Gobierno chino definió su estrategia a largo plazo para la inteligencia artificial: convertirse en un líder global en IA para potenciar su progreso tecnológico y económico. Respaldado por abundantes fondos públicos, el plan de Pekín alineó los intereses corporativos con las prioridades nacionales. Ocho años después, la IA está en el centro de las prioridades empresariales, el comportamiento del consumidor y el crecimiento económico en China.

Así lo afirma Morgan Stanley Research, que en uno de sus últimos informes proyecta que la industria de IA en China alcanzará un valor de 140.000 millones de dólares en 2030. Esa cifra se eleva a 1,4 billones si se incluyen sectores relacionados como infraestructura y proveedores de componentes.

"China ha estado ejecutando metódicamente una estrategia a largo plazo para establecer sus capacidades nacionales en IA", señala Shawn Kim, jefe de investigación tecnológica de Morgan Stanley en Asia. "Sus sólidas bases académicas, metodologías innovadoras, datos, talento y creciente inversión extranjera están empujando al país hacia un liderazgo en IA. Un gigante dormido ha despertado", agrega.

Y este liderazgo, como les hemos contado, tiene mucho que ver con su forma de entender y desarrollar la IA. En los próximos cinco años, apunta Kim, China pretende lograr la independencia total en el desarrollo de IA. Ante las restricciones estadounidenses, el país está priorizando tecnologías de IA más eficientes y menos costosas. "A China no le preocupa tanto construir la IA más poderosa, sino llevar la IA al mercado. China ha adoptado la IA de código abierto, mientras que EEUU parece moverse hacia sistemas cerrados y estrictamente controlados", destaca.

Según este experto, el liderazgo de China dependerá de cuatro factores. En primer lugar, los datos, fáciles de obtener gracias a sus más de 1.100 millones de usuarios de aplicaciones móviles, comercio electrónico y redes sociales. En segundo lugar, del suministro energético, que se verá apuntalado por la apuesta nuclear china, que en estos momentos está construyendo más centrales que el resto del mundo junto. Finalmente, la computación, especialmente en un contexto de endurecimiento de sanciones por parte de EEUU, y el talento –cuenta con el 47 % de los mejores investigadores en IA del mundo– serán las otras piezas clave en este puzle.

CRECIMIENTO ECONÓMICO E INVERSIÓN

Por otro lado, el enfoque chino basado en eficiencia y bajo coste crea una trayectoria distinta de retorno de inversión. En este sentido, Morgan Stanley Research estima que las inversiones chinas en IA podrían alcanzar el punto de equilibrio en 2028 y un retorno del 52% sobre el capital invertido para 2030.

"Los próximos seis a doce meses serán un periodo crítico para las empresas chinas de IA, ya que se multiplicarán las implementaciones empresariales que intentan resolver problemas reales y demostrarán mejoras en productividad", afirma Kim.

Por otro lado, las inversiones chinas en IA podrían potenciar su crecimiento del PIB a largo plazo y compensar factores como el envejecimiento de la población activa y la desaceleración de la productividad.

Morgan Stanley Research estima que, en un máximo de tres años, la IA podría añadir entre 0,2 y 0,3 puntos porcentuales al crecimiento anual del gigante asiático, además de crear 6,7 billones de yuanes (930.000 millones de dólares) en valor laboral equivalente, lo que representa el 4,7 % del PIB de 2024.

"A largo plazo, la revolución de la IA se traducirá en un aumento de la productividad al mejorar la eficiencia, optimizar los procesos de producción y desbloquear nuevos productos, servicios y empleos", asegura Robin Xing, economista jefe de Morgan Stanley para China.

Noticias relacionadas

contador