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A veces, la euforia en Wall Street se parece a una fiesta en la que nadie quiere apagar la música. Desde abril, los grandes índices estadounidenses -Dow Jones, S&P 500 y Nasdaq- han protagonizado un 'rally' vertiginoso: subidas del 22%, 33% y 46%, respectivamente.

Pero bajo el estruendo de las celebraciones, un viejo indicador lanza una señal que resuena como campana de alarma: el ratio Shiller P/E está a punto de cruzar el umbral de 40, una cota que la historia solo ha registrado dos veces en siglo y medio.

“La última vez que vimos estos niveles, el mercado perdió casi la mitad de su valor”, recuerda Sean Williams, analista de The Motley Fool.

LA HISTORIA SE REPITE, PERO NUNCA IGUAL

El Shiller P/E -o CAPE, como lo llaman los académicos- mide el precio de las acciones en relación con los beneficios ajustados por inflación de la última década. No es un termómetro perfecto, pero sí un espejo con memoria larga. Según los datos, la media histórica de este múltiplo es de 17,28. Hoy ronda los 39,78.

“Estamos hablando de una prima del 130% sobre lo normal. Es como pagar dos coches por el precio de uno, confiando en que nunca se estropearán”, apunta Williams.

Solo en dos ocasiones el CAPE superó el nivel 40: en diciembre de 1999, justo antes del estallido de la burbuja ‘puntocom’, y en enero de 2022, preludio de un mercado bajista que borró un cuarto del valor del S&P 500. Ahora, con un día de subidas bastaría para rebasar ese umbral por tercera vez desde 1871.

LA EUFORIA TIENE SU PRECIO

El problema no es tanto la subida en sí, sino el desajuste entre cotizaciones y beneficios empresariales. El mercado sube como un globo hinchado a helio, pero las cuentas corporativas no crecen al mismo ritmo. Y la historia sugiere que cuando ese desfase se prolonga, el pinchazo acaba llegando.

“Cada vez que el CAPE se ha mantenido por encima de 30 durante más de dos meses, lo que vino después fue una corrección superior al 20%”, advierte el citado experto.

Los inversores veteranos saben que no se trata de adivinar el día exacto del ajuste, sino de aceptar que las valoraciones extremas rara vez se sostienen.

EL LADO LUMINOSO: LA PACIENCIA COMO ESCUDO

Pero no todo son nubarrones. Si el corto plazo parece inquietante, el largo plazo sigue siendo un refugio. Datos recopilados por Crestmont Research muestran que, en los últimos 120 años, todas y cada una de las series móviles de 20 años en el S&P 500 ofrecieron retornos positivos.

“La historia es un péndulo, y siempre acaba favoreciendo a quienes tienen visión a largo plazo”, insiste Williams. En otras palabras: quien invirtió y esperó dos décadas, jamás salió perdiendo.

Los números hablan por sí solos: la mitad de esos periodos de 20 años arrojó rentabilidades anuales del 9,3% al 17,1%. Incluso el decil más flojo ofreció un digno 5,1%.

QUÉ HACER AHORA: ENTRE LA TENTACIÓN Y LA PRUDENCIA

Con los selectivos estadounidenses en máximos históricos, muchos se preguntan si es momento de vender y correr. La respuesta no es tan simple. Las valoraciones son elevadas, sí, pero también lo eran en 1998 o 2019, y aún hubo repuntes posteriores antes del ajuste.

Los gestores recomiendan cautela, diversificación y, sobre todo, disciplina. Evitar caer en la tentación de perseguir la euforia del mercado es tan importante como no dejarse paralizar por el miedo.

“Las correcciones son inevitables, pero no letales para quien invierte con horizonte amplio”, añade Williams.

CONCLUSIÓN: EL RELOJ MARCA, EL MERCADO DECIDE

Wall Street se encuentra ante un espejo histórico que refleja tanto la grandeza de sus subidas como la fragilidad de sus excesos. Puede que estemos a las puertas de otra corrección severa, o quizá el mercado aún estire la fiesta unos meses más.

Lo único seguro es que el reloj de la historia sigue marcando, y que quienes sepan leerlo con calma y paciencia acabarán escuchando la música por más tiempo que quienes solo bailan con el ritmo frenético del presente.

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