np   atos consolida su papel como integrador de referencia en data ia en un mercado que avanza hacia la inteligencia artificial a escala

Se cumplen dos meses del inicio de la guerra en Oriente Próximo y no parece haber una solución cercana. El acuerdo de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán sigue siendo tan vigente como frágil, ya que ambos bandos no parecen ser capaces de alcanzar un punto de entendimiento que permita el desbloqueo de la situación. El foco permanece puesto en el estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural ha dejado de circular, que permanece cerrada y la presión que ejerce sobre la economía global se intensifica con el paso de las horas.

Las advertencias son múltiples. La propia Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha reiterado en diversas ocasiones que nos encontramos ante "la mayor crisis energética de la historia". El director del organismo, Faith Birol, reconocía recientemente que, debido a que durante el mes de abril no han llegado cargamentos de crudo de la región, la situación tiene todos los visos para empeorar en el futuro cercano. "Pronto veremos que convergerán, lo que, por supuesto, es una cuestión extremadamente delicada para la economía mundial", indicó en una entrevista concedida a 'CNBC'.

Los economistas no están haciendo oídos sordos a estas advertencias. Numerosos países y organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), han recortado sustancialmente sus previsiones de crecimiento para los próximos años debido a este conflicto. Los analistas de Goldman Sachs hablan de que los riesgos económicos actuales "son mayores de lo que sugiere nuestro escenario base" para el petróleo, que lo ven a finales de 2026 en casi 30 dólares por encima de su previsión anterior al estallido del conflicto.

Estos efectos se notarán en los países occidentales, pero también en las pujantes economías del golfo Pérsico. Países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Catar o Kuwait son algunos de los principales perjudicados económicamente en este conflicto, tanto por su dependencia de las exportaciones de petróleo, como del freno que ha supuesto esta guerra para algunos de sus negocios más importantes, como las aerolíneas, el turismo… o la inteligencia artificial (IA).

Adrian Cox, director gerente y estratega temático de Deutsche Bank Research, cree que el papel protagonista de los países de la región en el mercado global de la IA debería ser un motivo de preocupación mucho mayor para el mercado tecnológico de lo que lo está siendo en estos momentos.

IMPACTO MUTUO

Y es que la IA ha sido un motor de crecimiento en el golfo Pérsico a medida que la región trata de diversificar sus negocios de los ingresos del petróleo y el gas. No es para menos: los ingresos de estos combustibles fósiles suponen el 25% del PIB de Arabia Saudí, una de las 20 mayores economías del mundo. En el caso de los EAU y Baréin, este porcentaje se sitúa justo por debajo del 20%, mientras que en Catar, Irán y Kuwait supone casi un 30%, y en Irak alcanza casi la mitad de los ingresos del país, concretamente el 43%.

Por ello, este grupo de países ha tratado de alejarse del petróleo y el gas ante la inevitabilidad de que sus yacimientos acaben secos tarde o temprano. En este sentido, la IA ha aparecido como una de las principales inversiones para estos países, cuya facilidad para explotar esta tecnología ha sido sorprendente.

Esto se debe a tres motivos: los bajos precios de la energía en la región, la abundante y concentrada riqueza soberana —un 38% de la riqueza mundial de los fondos soberanos se concentra en esta región— y el elevadísimo uso y confianza de los ciudadanos en estos sistemas. De hecho, según datos de Deustche, alrededor del 50% de los ciudadanos de Arabia Saudí usan regularmente y confían en la IA, un porcentaje que es todavía mayor en los EAU.

Como consecuencia, Arabia Saudí y EAU se sitúan, junto a los estados de Virginia y Texas, entre las cuatro principales ubicaciones para construir centros de datos debido a su entorno regulatorio y energético favorable. Asimismo, Dubái, Riad y ahora Catar lideran el impulso de la IA tanto a nivel nacional como internacional, con importantes inversiones tanto en compañías que desarrollan la IA como en otras de la cadena de suministro, como los fabricantes de semiconductores.

Todo ello, apunta Cox, ha provocado un aumento en la creación de nuevas empresas relacionadas con la IA en la región; ha favorecido que la renta variable de Arabia Saudí, Catar y EAU supere al S&P 500 en los últimos cinco años; y ha permitido que Emiratos se sitúe como el octavo país en el mundo con mayor dinamismo de este sector, justo por detrás de España y por delante de Japón, según datos del Global AI Vibrancy Tool de la prestigiosa Universidad de Stanford. Por su parte, Arabia Saudí ocupa el puesto 19 en este ranking.

¿Por qué todo esto es importante para el resto del mundo? Porque la inversión de las monarquías del golfo Pérsico no solo ha sido en su propio territorio, sino que sus tentáculos se extienden hasta la mayoría de las compañías tecnológicas que conocemos. De hecho, según datos públicos, los fondos soberanos de la región gestionan alrededor de 5 billones de dólares e invirtieron 119.000 millones de dólares en 2025, un 43% más. "La región se encuentra en una encrucijada no solo para la energía, sino también para la demanda de IA, las cadenas de suministro y los datos", señala Cox.

La inversión, además, va en ambas direcciones: los países del Golfo y EEUU se centran en capital, capacidad de cómputo y modelos y colaboran mutuamente. Por ejemplo, Amazon Web Services acordó en 2022 una inversión de 5.000 millones de dólares para construir infraestructura de nube en EAU, mientras que el Qatar Investment Authority (QIA) participó en la ronda de inversión de 13.000 millones de dólares de Anthropic en septiembre. Sus inversiones también se extienden a China: por ejemplo, G42, una 'startup' emiratí de IA, anunció en 2023 la compra de una participación valorada en más de 100 millones de dólares en ByteDance, la matriz de TikTok. A su vez, Prosperity7 Ventures, un fondo de capital de riesgo lanzado por la petrolera estatal saudí Aramco, ha invertido en numerosas compañías chinas, como Zhipu AI.

Pero también son actores claves desde el punto de vista de la infraestructura. Catar produce aproximadamente un tercio del helio mundial, clave para enfriar imanes superconductores y fabricar chips. Por su parte, Taiwán, que produce casi todos los chips más avanzados, depende del gas natural licuado (GNL) para alrededor del 43% de su electricidad, y un tercio de este recurso suele provenir de Catar. Además, alrededor del 30% de todo el tráfico de internet intercontinental pasa por unos 17 cables de datos submarinos en el Golfo.

Con este paisaje, Cox trata de poner de manifiesto cómo la extensión del conflicto en la región puede afectar más a los Microsoft, Google o Amazon de lo que los mercados parecen estar descontando en estos momentos. No obstante, por muchas dificultades que se puedan atravesar en el corto plazo, este experto cree que el caso de inversión y las oportunidades en el largo plazo no hacen sino aumentar. Según Cox, las inversiones en IA de la región se beneficiarán enormemente de tres tendencias que irán al alza en el futuro: la ciberseguridad, especialmente en la detección y respuesta a amenazas a infraestructuras críticas; las cadenas de suministro, mediante la regionalización de la fabricación; y la infraestructura soberana de IA y datos.

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