
La inteligencia artificial ya no es solo una promesa: es una batalla abierta… y con cifras que empiezan a incomodar. OpenAI y Anthropic se preparan para salir a bolsa, pero el mercado no solo mira cuánto crecen, sino cómo lo cuentan.
Porque aquí está el dilema clave: cuando las valoraciones rozan cifras históricas, cualquier duda sobre los números puede pesar más que el propio crecimiento.
UNA CARRERA HACIA LA OPV… Y HACIA EL LÍMITE CONTABLE
El contexto es explosivo. OpenAI y Anthropic ultiman sus salidas a bolsa en lo que promete ser uno de los mayores eventos del mercado tecnológico en años. La primera está valorada en torno a 852.000 millones de dólares, mientras que la segunda ronda los 380.000 millones. Y ambas aspiran a más.
Sin embargo, el foco no está solo en el tamaño, sino en la credibilidad. Según recoge Morningstar, las dos compañías están “empujando los límites” a la hora de medir sus métricas financieras, especialmente el ingreso recurrente anual (ARR), una de las claves para justificar sus valoraciones.
La tensión ha escalado hasta el punto de convertirse en una guerra abierta de cifras.
EL ARR, EL NUEVO CAMPO DE BATALLA
OpenAI ha acusado directamente a Anthropic de inflar sus ingresos. En un memorando interno, su directora de ingresos, Denise Dresser, cuestiona el tratamiento contable de sus acuerdos con Amazon y Google, al entender que sobredimensionan los ingresos reportados.
La clave está en los matices. En compañías privadas, el ARR no siempre sigue estándares homogéneos, lo que abre la puerta a interpretaciones… y a comparaciones difíciles.
“Ambas compañías están en una carrera armamentística contable en torno al ARR antes de sus salidas a bolsa”, explica Harrison Rolfes, analista senior de PitchBook. Y añade un matiz demoledor: ninguna aplica un nivel de transparencia que superaría una auditoría de una ‘Big Four'”.
Traducido: crecen rápido, sí, pero el mercado aún no sabe exactamente cuánto valen.
CRECIMIENTO EXPLOSIVO… Y CAMBIO DE NARRATIVA
Las cifras, eso sí, impresionan. Hace apenas un año, Anthropic tenía unos 1.000 millones de dólares en ARR frente a los 6.000 millones de OpenAI. Hoy, la situación ha cambiado radicalmente: Anthropic ha alcanzado los 8.000 millones y ha ganado terreno en percepción de negocio, especialmente en el segmento empresarial.
Aquí está uno de los giros más relevantes para el inversor. Mientras OpenAI dominó inicialmente el mercado con productos orientados al consumidor, ahora está dando marcha atrás en proyectos secundarios, como aplicaciones de imagen y vídeo, para centrarse en el negocio corporativo.
“El movimiento de ventas empresariales de OpenAI tiene un problema llamado Anthropic”, señala Rolfes, apuntando a que el cambio estratégico es también una reacción competitiva.
QUÉ DEBEN MIRAR LOS INVERSORES
Para el mercado, el mensaje es claro: el crecimiento ya no basta. Ahora importa la calidad de ese crecimiento.
Las futuras salidas a bolsa de OpenAI y Anthropic podrían redefinir el sector, pero también pondrán bajo lupa cada cifra. La opacidad en métricas clave como el ARR introduce un riesgo evidente: pagar múltiplos elevados por ingresos que no son plenamente comparables.
Y en un entorno donde las valoraciones se disparan, ese matiz puede marcar la diferencia entre una oportunidad histórica… o una trampa de mercado.
MUCHO CRECIMIENTO, PERO MÁS PREGUNTAS
La inteligencia artificial ha entrado en su fase industrial, pero también en su fase de escrutinio. OpenAI y Anthropic no solo compiten por liderar el sector, sino por convencer al mercado de que sus números son sólidos.
Porque al final, la pregunta no es quién crece más rápido, sino quién puede demostrarlo sin maquillaje. Y en bolsa, esa diferencia se paga o se castiga con precisión quirúrgica.

