
¿Hay burbuja en las tecnológicas, relacionada con la Inteligencia Artificial (IA) o no? Últimamente solo se habla de ello, y la preocupación es tal que el mercado se ha resentido, con las bolsas registrando fuertes caídas, sobre todo ante la magnitud del aumento de las inversiones de capital y la concentración de la capitalización bursátil en las principales empresas tecnológicas estadounidenses. "Muchos inversores temen que esto sea un síntoma de burbuja. Hemos argumentado que no lo es, al menos por ahora", afirman los expertos de Goldman Sachs.
En un reciente informe, los estrategas del banco estadounidense explican que no hay que temer una burbuja, aunque reconocen también que "existen señales preocupantes", como la creciente circularidad de los ingresos y la financiación de proveedores que está surgiendo entre los actores dominantes, que según dicen "es una característica que ya hemos observado en anteriores periodos de burbuja".
Además, señalan, "el aumento del gasto de capital también ha suscitado dudas sobre la rentabilidad de esta inversión". Todas ellas son "preocupaciones legítimas", según los analistas de Goldman, pero "no constituyen una burbuja".
Y es que, dicen, hay que recordar que la valoración de las principales empresas tecnológicas "ha aumentado y refleja un creciente optimismo sobre el crecimiento futuro, pero no ha alcanzado los niveles vertiginosos que vimos en las empresas en el epicentro de la burbuja tecnológica de finales de la década de 1990, ni en Japón durante las burbujas bancaria e inmobiliaria de finales de la década de 1980".
En segundo lugar, comentan estos estrategas que hasta ahora "ha habido pocas OPV en el sector y, si bien la financiación mediante deuda ha comenzado a aumentar, sigue siendo mucho más moderada que la experimentada, por ejemplo, por muchas empresas de telecomunicaciones durante la burbuja de Internet". De hecho, explican que los saldos de efectivo de las empresas hiperescalables de IA han "disminuido drásticamente, pero se mantienen por encima del promedio de las acciones del S&P 500", y la mayoría de estas acciones no presentan apalancamiento neto.
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Como tercera razón, comentan que la rentabilidad de las empresas líderes en el despliegue de infraestructura "sigue siendo muy alta", y ponen como ejemplo a Nvidia. No obstante, también dejan claro que estas diferencias "no protegen a las empresas dominantes del impacto de la nueva competencia ni de una posible disminución de la rentabilidad de la inversión".
De hecho, afirman que "cualquier debilidad en los ingresos o los márgenes probablemente genere un revés en este sector", aunque en la etapa actual las consecuencias "serían más similares a la corrección que vimos en el primer trimestre (donde el S&P 500, con gran peso tecnológico, se vio más afectado que otros mercados) que a un desencadenante de un mercado bajista generalizado de acciones".
POR QUÉ NO PREOCUPA UNA BURBUJA
Así las cosas, en Goldman Sachs son claros: "La razón por la que nos preocupa menos una burbuja en esta etapa es que los mercados fuera de EEUU y los sectores fuera del sector tecnológico presentan una valoración mucho menos elevada".
Tal y como remarcan los analistas del banco estadounidense, "a pesar del enfoque constante en la IA, este año se ha caracterizado por una diversificación significativa de la rentabilidad". En concreto, destacan que la diversificación dentro de los mercados de renta variable "ha dado sus frutos", y apuntan que "la mayoría de los mercados de renta variable han superado el rendimiento de EEUU, especialmente en dólares estadounidenses".
"Lo interesante de la tendencia de este año es que la rentabilidad ha sido generalizada, en lugar de sectorial. Por ejemplo, el Ibex, el MIB y el FTSE 100 han superado el rendimiento del S&P 500 a pesar de no incluir ninguna empresa tecnológica en el índice", comentan estos estrategas.
En este sentido, comentan que la diversificación "está generando valor en distintas regiones geográficas, pero también, por primera vez en mucho tiempo, entre mercados desarrollados y emergentes". "Si bien los mercados emergentes han tenido un rendimiento significativamente inferior en los últimos años, la combinación de tipos de interés estadounidenses más bajos, la continua expansión económica y la perspectiva de una mayor depreciación del dólar ha contribuido a revitalizar el interés en estos mercados".
También comentan que la diversificación por factores "está comenzando a emerger", y ahora la inversión en valor "está experimentando un repunte selectivo, especialmente en algunas regiones". Si bien el crecimiento y la tecnología siguen dominando la rentabilidad en EEUU, explican, también es cierto que "la inversión en valor ha superado consistentemente a la competencia en Europa y Japón".
Y observan, asimismo, una "diversificación significativa del rendimiento sectorial". A nivel mundial los servicios de tecnologías de la información (TI) y comunicaciones "han liderado la clasificación de rentabilidad total", pero los sectores financiero e industrial "no se quedan atrás".
"En todos los casos, los beneficios han sido el principal motor de la rentabilidad", lo que en opinión de los analistas de Goldman refleja una "recuperación en algunas áreas de inversión en valor", pero, al mismo tiempo, también "el impacto de la diversificación del gasto en tecnología, ya que el aumento de las inversiones de capital impulsa los ingresos de otros sectores".
Según exponen, por primera vez desde la burbuja de Internet, "la suerte del sector tecnológico está intrínsecamente ligada a la infraestructura física que lo sustenta". Ya sea en centros de datos, suministros de tierras raras o en la generación y distribución de energía, "los mundos virtual y físico se están alineando", lo que creen que "debería ser positivo para empresas con un crecimiento selectivo, así como para algunas empresas de valor más consolidadas en los mercados".
En el otro extremo, los sectores más rezagados han sido aquellos sensibles a los tipos de interés, como el sector inmobiliario o el de industrias defensivas como la atención médica y los bienes de consumo básicos.
LA RENTA VARIABLE AÚN ES ATRACTIVA, AUNQUE HAY RIESGOS
Por todo esto, en Goldman Sachs creen que aún hay potencial de crecimiento futuro en la renta variable. Su previsión, de hecho, es de una rentabilidad global de las acciones del 7,7% anual. "Si bien es inferior a la media de los últimos años, sigue siendo atractiva, con rentabilidades respaldadas por factores estructurales como el crecimiento nominal, la rentabilidad y la distribución de dividendos a los accionistas", apuntan los expertos del banco.
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"Esto justifica mantener la inversión, sobre todo teniendo en cuenta que no creemos que estemos ante una burbuja", añaden. Y hay que tener en cuenta también que las diferencias de valoración "son significativas" entre sectores. "El sector tecnológico sigue siendo el de mayor valoración y el financiero el de menor", comentan, pero "todos los sectores presentan valoraciones superiores a la media a largo plazo".
En cualquier caso, en Goldman defienden la "necesidad de una diversificación amplia". "No consideramos que la tecnología sea una burbuja, pero creemos que las limitaciones al crecimiento futuro derivadas de la infraestructura física y la energía también hacen que la inversión selectiva en valor sea más convincente", remarcan estos expertos.
Aunque ven tres riesgos para la renta variable: primero, en la economía, y es que la falta de datos de EEUU por el cierre del Gobierno ha dificultado el análisis de la situación del país. "Dadas las altas valoraciones en los mercados de renta variable, cualquier decepción en el crecimiento económico probablemente provoque una venta masiva, especialmente dado que estas expectativas de crecimiento (reflejadas en el mejor desempeño de los sectores cíclicos en comparación con los defensivos) se han acelerado", comentan.
En cualquier caso, indican que una caída "impulsada por el crecimiento sería relativamente limitada, dado el margen de maniobra de la Reserva Federal y otros bancos centrales para realizar recortes más profundos y un contexto de balances del sector privado relativamente sólidos".
El segundo riesgo que perciben reside en las grandes tecnológicas. "Cualquier indicio de debilidad en los ingresos o de disminución de la rentabilidad debido a un mayor gasto de capital probablemente provocaría una corrección", afirman estos expertos, que destacan que estas empresas también serían vulnerables, como se evidenció a principios de año, ante una mayor competencia.
"Consideramos que este riesgo probablemente resultaría en una corrección en el sector tecnológico y un rendimiento inferior del mercado de valores estadounidense, pero con efectos de contagio limitados en los mercados de valores en general", apuntan al respecto.
Por último, el tercer riesgo podría venir de los mercados de crédito y los balances gubernamentales. Tal y como dicen, "cualquier señal de una creciente debilidad en el mercado de crédito privado o en la financiación de los gobiernos podría desencadenar una nueva venta masiva de rendimientos y diferenciales de deuda soberana". Y esto, a su vez, exponen, "podría afectar a todas las clases de activos simultáneamente, dificultando la cobertura".
Su estrategia sigue siendo "mantener la inversión total y continuar diversificando ampliamente en el mercado de renta variable para mejorar la rentabilidad ajustada al riesgo".

