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La volatilidad y la incertidumbre se han vuelto casi las únicas constantes en las bolsas en este 2026. Y es que los mercados siguen bailando al son que les marca el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ya sea con amenazas de anexión de Groenlandia o iniciando una guerra con Irán que tensione los precios energéticos a nivel mundial. Pese a todo ello, lo cierto es que las acciones estadounidenses no lo están haciendo mal, y Goldman Sachs espera que cierren el año de forma positiva.
En concreto, la firma norteamericana espera que el S&P 500 despida 2026 en los 7.600 puntos, una previsión que se basa en un crecimiento estimado del beneficio por acción (BPA) del 12% este año y del 10% en 2027. "El índice cotiza con una relación precio-beneficio (PER) de aproximadamente 21 veces, ligeramente por debajo de las 22 veces alcanzadas en enero de 2026 y cerca de su media de los últimos cinco años", escribe Ben Snider, estratega jefe de renta variable estadounidense en Goldman Sachs Research.
Si bien este experto cree que las valoraciones son algo elevadas en términos históricos (solo un 13% de los años han estado más caras las acciones), también cree que son niveles "razonables" o, como poco, "cercanos al valor justo" ya que las empresas están generando beneficios "cercanos a máximos históricos" y los tipos de interés son "relativamente bajos", algo que podría acentuarse con Kevin Warsh en la presidencia de la Reserva Federal (Fed). "De cara al futuro, se espera que el crecimiento de las ganancias impulse al alza las acciones estadounidenses", explica Snider.
A muy corto plazo, las perspectivas distan de ser negativas. Y es que el S&P 500 se ha revalorizado alrededor de un 10% desde finales de marzo, registrando en este período su mayor repunte desde abril de 2020. Según el experto de Goldman Sachs, este patrón es "coherente" con otras recuperaciones históricas, ya que los mercados bursátiles "miran hacia adelante" y tienden a recuperarse ante señales de mejora y antes de que las condiciones "se estabilicen por completo".
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El sentimiento de los inversores, agrega Snider, ha seguido un patrón similar. El indicador de sentimiento estadounidense de Goldman Sachs Research tocó fondo en 0,9 puntos negativos a finales de marzo y desde entonces se ha recuperado hasta alrededor del +0,8, cerca de donde estaba a mediados de enero. No obstante, este nivel sigue muy por debajo de los picos observados durante anteriores repuntes.
Con todo, Snider espera que la progresiva vuelta de los inversores minoristas se vea reforzada por la eliminación de la regla Pattern Day Trader, que ha flexibilizado los requisitos mínimos de capital en algunas cuentas de margen (que permiten a los inversores pedir dinero prestado a sus brókeres). Además, este experto señala que la confianza empresarial parece sólida: en lo que va de año, las autorizaciones de recompra de acciones han alcanzado un récord de cerca de 500.000 millones de dólares, y el volumen anunciado de fusiones y adquisiciones estratégicas se ha más que duplicado en comparación con hace un año.
EL GRAN CATALIZADOR… Y RIESGO
Según Goldman Sachs, esta mejora del apetito por el riesgo y de las previsiones de aumento del BPA ha aumentado de forma constante en las últimas semanas por dos factores. En primer lugar, la "limitada" sensibilidad a los precios del petróleo. Y en segundo lugar, pero no por ello menos importante, el "extraordinario" impulso a las ganancias derivado de la inteligencia artificial (IA).
Snider estima que la inversión relacionada con esta tecnología impulsará aproximadamente el 40% del crecimiento del BPA del S&P 500 este año. Además, solo un pequeño número de grandes empresas tecnológicas ha sido responsable de la mayoría de las recientes revisiones al alza de las estimaciones de beneficio a nivel del índice, afirma la entidad estadounidense.
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Según este experto, este aumento de las expectativas de beneficio va de la mano del incremento en los planes de gasto de capital de las compañías. El trimestre pasado, las estimaciones consensuadas de 'capex' para las mayores empresas de infraestructura en la nube aumentaron en 130.000 millones de dólares, alcanzando los 670.000 millones para 2026. Esto, detalla Goldman Sachs, equivale a más del 90% de sus flujos de caja previstos para este año.
"Impulsada por ese gasto, una cesta de acciones de Goldman Sachs Research vinculadas a la construcción de centros de datos de IA ha subido casi un 60% en lo que va de año", explica Snider. Por su parte, Peter Oppenheimer, estratega global jefe de renta variable de Goldman Sachs, señala que el mercado está apostando claramente por este sector como uno de los principales ganadores en la revolución de la IA. Relacionado con esto, Oppenheimer también destaca el valor de las compañías energéticas capaces de dar suministro a estas gigantescas infraestructuras.
Sin embargo, advierte Snider, el auge de la IA tiene un doble filo. Aunque impulsa las ganancias, la incertidumbre que genera ha comprimido las valoraciones en gran parte del mercado. Esto, apunta el experto de Goldman Sachs Research, no solo afecta a las industrias en riesgo de disrupción, sino incluso a las grandes tecnológicas en el centro de este desarrollo. "Hasta que estas grandes empresas puedan demostrar un aumento acelerado de ingresos junto con una desaceleración del gasto de capital, la oportunidad de inversión más clara sigue estando en las empresas que suministran la infraestructura de IA", afirma.
Asimismo, hay otros motivos para la cautela. Por ejemplo, la amplitud del mercado (proporción de acciones que participan en la subida) ha caído a uno de sus niveles más estrechos desde la era de las puntocom. Además, los acontecimientos en la guerra en Irán y sus consecuencias, así como el desarrollo de la IA, emergen como los "riesgos más claros para el mercado de renta variable en las próximas semanas".
Por ello, Snider sugiere que los inversores deberían centrarse en empresas que se beneficien de tendencias estructurales a largo plazo (empresas de crecimiento secular) y de ventajas únicas en beneficios, especialmente aquellas vinculadas a la inversión en infraestructuras energéticas. Sobre las primeras, destaca que solían ser más caras en comparación con las acciones de valor de crecimiento más lento, pero recientemente esa diferencia de valoración se ha reducido. "Esto significa que las acciones de crecimiento ya no están tan sobrevaloradas en relación con las acciones de valor como antes", sentencia.
