
¿Y si el mayor riesgo del mercado no fuera una burbuja inminente, sino confundir prudencia con miedo? Mientras los fantasmas del año 2000 vuelven a sobrevolar cada vez que se pronuncia la palabra inteligencia artificial (IA), Julian Emanuel, estratega jefe de Evercore ISI, lanza un mensaje tan incómodo como tranquilizador: el 'rally' aún no ha cruzado la línea roja.
Eso sí, el camino de 2026 podría ser más accidentado de lo que muchos inversores esperan.
EL MERCADO SIGUE CREYENDO EN LA IA
La tesis central de Evercore ISI es clara: la inteligencia artificial sigue siendo el principal motor de las bolsas, y lo será también este año. Emanuel mantiene un objetivo para el S&P 500 en 7.750 puntos a finales del ejercicio, lo que implica un potencial cercano al 12% desde los niveles actuales.
“La narrativa de la IA no se ha roto”, subraya el estratega, que apoya su visión en tres pilares: crecimiento de beneficios empresariales, estímulo fiscal en EEUU y una adopción real, no solo teórica, de la IA en los modelos de negocio. En otras palabras, el mercado no vive solo de promesas: empieza a ver resultados.
CUANDO EL OPTIMISMO NO ES EUFORIA
Eso no significa barra libre. Emanuel reconoce que el sector tecnológico ha sufrido cierto desgaste en los últimos meses por el debate sobre el exceso de inversión y los riesgos sistémicos asociados a la IA. Sin embargo, su diagnóstico es rotundo: “A día de hoy, los riesgos estructurales siguen siendo bajos”.
Evercore pone el foco en un concepto clave: la “economía circular de la IA”, es decir, el entramado de participaciones cruzadas entre grandes tecnológicas y 'startups' punteras como OpenAI o Anthropic.
El paralelismo histórico es inquietante -los keiretsu japoneses de los 80 o la financiación circular de la burbuja puntocom-, pero Emanuel insiste en que aún no estamos ahí.
“La señal de alarma sería que estas participaciones alcanzaran en torno al 10% del capital total del mercado”, advierte. Por ahora, ese umbral está lejos.
LAS SEÑALES QUE HAY QUE VIGILAR
Donde Evercore sí pide atención es en los indicadores financieros de los gigantes tecnológicos y de la infraestructura de IA. Emanuel enumera varias líneas rojas:
- Balances de los 'hyperscalers': hoy dominan la caja neta. Un giro hacia una deuda neta equivalente al 10% de la capitalización sería una señal amarilla.
- Flujo de caja libre (FCF): las revisiones a la baja ya incomodan; entrar en negativo sería una señal clara de estrés. El mercado lo ha vivido recientemente con Oracle, castigada por el temor a un FCF negativo.
- Cobertura de intereses: actualmente muy holgada (44 veces). Caer hacia el promedio del S&P 500 (10 veces) indicaría presión financiera.
- Mercado de crédito: un repunte en los CDS de grado de inversión y alto rendimiento sería una advertencia temprana.
“Mientras ninguna de estas banderas esté ondeando”, resume Emanuel, “no hablamos de burbuja”.
DÓNDE ESTÁN LAS APUESTAS DE EVERCORE
En términos de posicionamiento, Evercore mantiene una visión clara: 'sobreponderar' sectores directamente expuestos al crecimiento de la IA. En concreto, tecnología, servicios de comunicación y consumo discrecional, donde el impacto de la automatización y el análisis de datos puede traducirse en márgenes más altos.
No es una recomendación de valores concretos, pero el mensaje es inequívoco: la IA sigue justificando primas, siempre que vayan acompañadas de balances sólidos y generación de caja real.
¿Y SI EL MERCADO SE PASA DE ROSCA?
El matiz más llamativo del informe llega al final. Evercore no descarta que, si el entusiasmo se desborda, pueda formarse una burbuja adicional de hasta el 30%. No es una previsión base, sino un escenario extremo.
Pero sirve como recordatorio: el riesgo no es que la música pare, sino no saber cuándo bajar el volumen.
SABER EN QUÉ VAGÓN SE VIAJA
Evercore ISI no compra el relato del fin de fiesta. Tampoco el de la euforia ciega. Su mensaje es más incómodo -y más útil- para el inversor: el mercado aún tiene recorrido, pero exige más vigilancia, más análisis y menos automatismo.
En el ciclo de la IA, la clave ya no es subirse al tren, sino saber en qué vagón viajas… y cuándo conviene mirar los frenos.

