
Los mercados bursátiles mundiales se encuentran en máximos históricos, respaldados por el crecimiento económico, la fortaleza del mercado laboral, los resultados empresariales récord y la innovación. Sin embargo, bajo la superficie existen riesgos importantes, especialmente derivados del conflicto en Oriente Medio, que los inversores no deben pasar por alto.
De hecho, Frank Thormann, gestor de renta variable global y norteamericana de Schroders, pone el foco en cinco factores clave.
1. Crisis energética. Y es que, tal y como señala el experto, un déficit global de petróleo de aproximadamente el 15% debido al conflicto ha provocado una rápida reducción de reservas y un inminente racionamiento del petróleo y el gas natural.
2. Consecuencias económicas. La escasez de energía afectará a sectores clave como la agricultura, en particular los fertilizantes nitrogenados, lo que "provocará cosechas más débiles y posibles problemas de suministro alimentario a nivel mundial".
3. Amenaza de estanflación. La combinación de subidas en los precios de la energía y derivados, junto con una desaceleración económica, podrían dar lugar a un periodo de estanflación. "Históricamente, este ha sido el peor entorno para los activos de riesgo", afirma Thormann.
4. Complacencia del inversor. "Los mercados parecen estar ignorando estos riesgos, en parte porque crisis anteriores, como el Covid-19 o las guerras comerciales, terminaron convirtiéndose en oportunidades de compra, lo que ha fomentado una mentalidad de 'esta vez no me la pierdo'".
5. Desaceleración. Es más, en Schroders aseguran que ya se observan señales de debilitamiento económico en algunos países africanos y del sudeste asiático, con implantación del teletrabajo por parte de muchas empresas para evitar desplazamientos y favorecer el racionamiento de gasolina.
EL CONTRAPESO DE LA RENTABILIDAD CORPORATIVA
Con todo, y a pesar de las incertidumbres globales, la rentabilidad corporativa muestra un momentum asombrosamente fuerte, e incluso se ha acelerado, como se ha podido comprobar en las últimas temporadas de presentación de resultados.
"Las empresas están registrando ratios históricas de rentabilidad (rentabilidad sobre ventas, sobre capital y sobre la inversión). Esto se ha convertido en el mayor 'factor sorpresa positivo' y uno de los principales motores de la trayectoria alcista del mercado bursátil", indica Thormann.
EL PAPEL CLAVE DE LA IA
Pero si hay un motor clave para las bolsas, ese es, sin duda, la inteligencia artificial (IA). Es más, las empresas vinculadas a esta tecnología han impulsado el 40% del crecimiento de los ingresos y el 77% del crecimiento de beneficios (aunque representan menos del 20% de los ingresos del mercado bursátil estadounidense), y prácticamente en ella se basa el 100% de las sorpresas positivas de resultados empresariales.
No obstante, el elevado gasto en capital que se está invirtiendo en el desarrollo de la IA está siendo objeto de escrutinio y el mercado se pregunta si se está fraguando una burbuja.
"No podemos obviar que un gasto de esta escala, potencialmente insostenible, supone riesgos sistémicos para la economía si se desacelera. Sin embargo, existen visiones contrapuestas sobre la rentabilidad de la IA. Por un lado, la tesis alcista se apoya en la rápida adopción por parte de los usuarios y el crecimiento récord de ingresos. Por ejemplo, OpenAI o Anthropic, con unos 30.000 millones de dólares anualizados, demuestran una fuerte demanda por parte de clientes y potencial de crecimiento sostenido", subraya Thormann.
Por otro lado, los escépticos alegan que el gasto de capital actual, de billones, supera con creces los ingresos actuales, de miles de millones, lo que sugiere una rentabilidad negativa sobre la inversión.
Esto ha creado un mercado de claros ganadores y perdedores de la IA. Así, para Schroders, los ganadores son las empresas que suministran equipos, tecnología y electricidad a la cadena de gasto de la IA, las cuales están siendo claramente premiadas en bolsa.
En cambio, las compañías basadas en la propiedad intelectual y en la creatividad humana son los grandes perdedores, "ya que están siendo penalizadas por los inversores, que anticipan que los modelos de IA mejorarán esas labores en breve, provocando caídas bursátiles incluso antes de que se resientan los beneficios empresariales", concluye Thormann.

